jueves, diciembre 17, 2009

PELÍCULAS RECOMENDADAS PARA ESTAS NAVIDADES'09


Cuando llegan las fiestas, bastantes aficionados me piden les recomiende algunos títulos para ver en familia. Ahí va, pues, una selección de 11 filmes de categoría artística para disfrutar a través del cine


DVD

UP (USA, 2009), de Peter Docter y Bob Peterson. Dibujos animados. Color - 96 minutos.
Obra maestra del cine de animación, procedente de la fábrica Pixar/Walt Disney, que encantará a grandes y chicos. Posee enorme belleza formal y un sólido guión lleno valores humanos. Puede ser un buen regalo para esta Navidad o los Reyes Magos.

KATYN (Polonia, 2007), de Andrzej Wajda, con Artur Zmijewski y Maja Ostaszewska. Histórica. Color - 118 minutos.
La última película histórica del maestro Wajda, que relata la matanza de 22.000 oficiales polacos por los soviéticos durante la II Guerra Mundial. Está basada en las memorias del hijo de uno de los protagonistas.

AMAZING GRACE (Gran Bretaña, 2008), de Michael Apted, con Ioan Gruffud y Romala Garai. Histórica. Color - 120 minutos.
Narra la abolición de la esclavitud en Inglaterra. Ambientada a finales del siglo XVIII, se centra en la biografía del parlamentario británico William Wilderforce (1759-1933). Es una obra sobria pero emocionante.

VACACIONES DE FERRAGOSTO (Italia, 2009), de Gianni di Gregorio, con Gianni di Gregorio y Valeria de Franciscis. Comedia. Color -75 minutos.
Espléndida película italiana, realizada por el veterano actor y ahora director Di Gregorio, en la línea del histórico Neorrealismo. Trata del cuidado de cuatro ancianas en plena canícula romana. Es la ganadora del Premio FAMILIA 2009.

HARRY POTTER Y EL MISTERIO DEL PRÍNCIPE (GB-USA, 2009), de David Yates, con Daniel Ratcliffe y Emma Watson. Fantástica. Color - 153 minutos.
Para los amantes de los best-sellers de Rowling, esta nueva entrega de la saga de Harry Potter y sus amigos –todos magos ya creciditos– es la más divertida de la serie. Magnífica ambientación.


PELÍCULAS DE ESTRENO

CUENTO DE NAVIDAD (USA, 2009), de Robert Zemeckis, con Jim Carrey y Gary Oldman. Dramática. Color - 96 minutos.
Brillante adaptación de la obra de Charles Dickens a cargo del especialista Zemeckis. Con secuencias espectaculares en formato 3D, pese al histrionismo de Jim Carrey, gustará por su fidelidad al cuento original.

AVATAR (USA, 2009), de James Cameron, con Sam Worthington y Sigourney Weaver. Ciencia-ficción. Color -165 minutos
Se trata del filme más caro de la Historia del Cine (500 millones de dólares) y la más ambiciosa producción del autor de Titanic. Con efectos especiales y digitales en 3D, gustará más a los aficionados de este popular género.

PLANET 51 (España, 2009), de Jorge Blanco, Javier Abad y Marcos Martínez. Dibujos animados. Color - 95 minutos.
Importante película de animación (la más cara del cine español: 60 millones de euros), que ha contado con un excelente guión del norteamericano Joe Stillman (Shrek). Es candidata a los Oscar de Hollywood.

2012 (USA, 2009), de Roland Emmerich, con John Cusack y Amanda Peet. Ciencia-ficción. Color - 158 minutos.
El autor de Independence Day vuelve con otra película catastrófica. Espectacular y divertida, siendo increíble el relato, se sigue con interés. Los efectos especiales son también de primer orden.

MI VECINO TOTORO (Japón, 2009), de Hayad Miyazaki. Dibujos animados. Color - 86 minutos.
Magistral película de animación, ambientada en los años 50. Trata de la amistad y presenta valores familiares. Es una de las últimas muestras del manta japonés, que gustará asimismo a los mayores.

VICKY EL VIKINGO (Alemania, 2009), de M. Herbig, con Jonas Hämmerle y Nic Romm. Aventuras. Color - 85 minutos.
Original película alemana, especialmente dirigida al público menor, que narra las aventuras de un muchacho vikingo muy distinto a sus padres. También destaca por los valores familiares y su atrayente realización.


¡Feliz Navidad y Nuevo Año 2010, con Mejor Cine!

viernes, diciembre 11, 2009

"GARBO. EL ESPÍA", EXCELENTE DOCUMENTAL DE EDMON ROCH


Acaba de estrenarse un importante thriller documental, que evidencia con creces que el cine de no ficción también contribuye al progreso de la ciencia histórica. He aquí, pues, mi reseña


Juan Pujol, hijo de un empresario textil de Olot (Girona) y de una granadina, fue un sagaz espía doble durante la II Guerra Mundial: engañó a los nazis –haciéndoles creer que el desembarco aliado sería por el Paso de Calais–, de quienes recibió la Cruz de Hierro y era conocido como “Alaric”; y trabajó para el Servicio de Inteligencia inglés, con el nombre de “Garbo”, y le fue otorgada la Orden del Imperio Británico. Tras la conflagración, se hizo pasar por muerto en Angola, pero en realidad se había establecido en Venezuela, regresando a España en 1984 para reconciliarse con sus hijos. Murió en 1988, después de visitar las célebres playas donde tuvo lugar el desembarco de Normandía.
Toda esta apasionante historia –¡y mucho más!, que dejamos expresamente velada para el disfrute del espectador– nos la cuenta pormenorizadamente el debutante Edmon Roch (Girona, 1970). Este joven cineasta catalán ya había destacado antes como guionista, con Rosa Vergés (Tic Tac, 1997) y Gustavo Ron (Mía Sarah, 2006), y como productor ejecutivo, asociado o director de producción en filmes de Whit Stillman (Barcelona, 1994; The Last Days of Disco, 1998), Fernando Colomo (El efecto mariposa, 1995) o Jean-Jacques Annaud (Siete años en el Tibet, 1997), sin olvidar su colaboración con Peter Greenaway (Las maletas de Tulse Luper, 2002-2004) y Tom Tykwer (El perfume, 2006). Estamos, por tanto, ante un profesional de categoría, que acaba de producir y escribir otros dos filmes importantes: Bruc, sobre la Guerra la Independencia; y Lope, acerca de las desventuras del “Fénix de los Ingenios”.
Conocí a Edmon Roch hace casi dos décadas. Comenzaba entonces a estudiar Historia del Arte en mi Facultad de la Universitat de Barcelona, y enseguida se integró en el Centre d’Investigacions Film-Història que dirijo en la UB. Fue uno de sus miembros más destacados, al tiempo que ejercía la crítica de cine en el Diari de Girona. Además, sería mi “brazo derecho” en el Congreso Internacional sobre Guerra, Cine y Sociedad, que organizamos en la misma Universidad (1992). Allí pronunció una valiosa ponencia, que constituyó el germen de su reciente libro Películas clave del cine bélico (Barcelona: Ma Non Troppo, 2008). Después de licenciarse con Premio Extraordinario fin de carrera, marchó becado por “la Caixa” a Gran Bretaña, donde se graduó en la International London Film School. Volvió de Inglaterra ya hecho un cineasta. Y, sin abandonar nunca la crítica (Guía del Ocio, especialmente), se lanzó al plató cinematográfico con una vocación a prueba de bomba: como François Truffaut, Edmon Roch parece tener celuloide en la sangre.
Y ahora lo ha demostrado con Garbo: The Spy, su ópera prima como director. Con un guión propio, en colaboración del también gerundense Isaki Lacuesta y María Hervera, es un documental de excelente calidad artística, donde su condición de cinéfilo está muy patente a lo largo del condensado metraje. Pero dejemos que el propio Roch nos hable de su voluntad creadora: “Garbo. El espía es un thriller documental sobre héroes y espías, secretos y mentiras, memoria y olvido, hecho con fragmentos de películas de Hollywood, material de archivo y efectos digitales, con una estructura que nos fuerza a elegir nuestra particular interpretación de la verdad. Juan Pujol era hijo de una familia de la burguesía catalana del Eixample, católica y apolítica, gente de orden y de paz. Su padre, que había vivido la Semana Trágica, inculcó a los hijos la defensa de la democracia por encima de todo extremismo. Para explicar la historia del agente doble más importante del siglo XX, nada mejor que el cine”.
De ahí, pues, la original utilización de fragmentos de largometrajes famosos, como Nuestro hombre en La Habana, Mr. Moto’s Last Warning, El extraño, Pimpirnel Smith, El agente invisible, The Secret Code, British Intelligence, El día más largo, Patton o Mata Hari, para ensamblar el apasionante relato con entrevistas a Nigel West, experto en Inteligencia y novelista, Mark Seaman, oficial del M15, Aline Griffith, condesa de Romanones y espía durante la Segunda Guerra Mundial, o el periodista Xavier Vinader, coautor de sus memorias; así como la inclusión de noticiarios, cartoons, anuncios y películas de propaganda, junto a fotografías y filmes familiares.
Tras cinco años de investigación, 600 horas de entrevistas grabadas, exteriores en Londres, Berlín, Caracas y Lisboa, la labor de montaje es francamente notable, ya que mantiene en todo momento el interés del espectador, al tiempo que le lleva al análisis y a la mejor comprensión de la insólita personalidad de Juan Pujol y de la época en que le tocó sobrevivir.
Por eso, Garbo. El espía ganó el premio a la Mejor película documental en el Festival de Cine Europeo de Sevilla (2009), el segundo premio del prestigioso Festival de Cine Documental de Ámsterdam, a la vez que fue seleccionada en el certamen especializado de Roma de este mismo año.
Por último –y para que no se diga que la amistad me ciega en la presente valoración del filme–, veamos lo que ha escrito el nuevo crítico de La Vanguardia, Salvador Llopart, centrándose también en la figura de este singular espía catalán: “Mentir, engañar, aparentar, falsear era lo suyo. Su historia, bien conocida, a la que se han dedicado varios libros, es de película. Y por eso el hábil Roch, el cinéfilo Roch –productor y crítico en ejercicio– ha hecho lo mejor que podía hacer si no dispones de una potente maquinaria para convertir una historia así en ficción. Roch apuesta por el documental donde se cuentan los hechos. Pero la cosa no se queda ahí. Porque los hechos se subrayan, se contrastan y se matizan con fragmentos de películas –¡qué bien elegidas!, ¡qué bien montadas!–, con material de archivo, efectos digitales y una banda sonora que subraya el conjunto. Hay mucho cine dentro de Garbo, cine del bueno, ese que sabe que una historia se administra en dosis para conseguir un efecto multiplicado. Garbo es, en buena medida, la historia de un gran vacío, el que deja el propio Pujol. Una incógnita por resolver hasta el final. ¡Ese tipo, Cruz de Hierro nazi, condecorado por la reina británica, pudo hacer todo eso?”. (Salvador Llopart, “¿Qué hiciste en la guerra, papi?”, en La Vanguardia, 4-XII-2009, p. 43).
Ha sido una gran satisfacción para mí –permítaseme esta referencia personal– el brillante debut como realizador de Edmon Roch, un antiguo y generoso colaborador, verdadero amigo y excelente persona, que trabaja con un optimismo y entusiasmo contagiosos –asimismo lo demostró durante sus años de Jefe de Prensa en el Festival de Sitges–, quien ha revalorizado con este filme la importancia del documental como fuente histórica y testimonio de la Historia. Una película de no ficción, que recupera del pasado una figura mítica en la historia de la II Guerra Mundial, precisamente a través de ese Séptimo Arte que él ama no sólo con rigor, sino también con auténtica pasión.

(Reproducido en www.cinemanet.info, el 17-XII-2009).

lunes, diciembre 07, 2009

CÓMO DAR CUENTA DEL MAL DESDE LA CRÍTICA


Durante los días 3 al 5 de diciembre de 2009 se celebró en la Facultad de Comunicación Social Institucional de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, en Roma, un Seminario internacional sobre "Repensar la ficción. El mal moral en las pantallas".
Invitado por el Dr. Enrique Fuster, profesor de Teoria e Storia del Cinema, ésta fue mi ponencia especializada.


Comenzaré mi intervención respondiendo abiertamente a la cuestión que se nos plantea: el mal debe tratarse como lo que es: como mal y además ese mal debe tratarse bien.
Ciertamente, parece una tautología o un juego de palabras. Pero espero saber explicarme lo suficiente y evidenciar los matices de tal afirmación.
Sabemos todos, estoy seguro, que el mal absoluto, el mal en sí, no existe, que el mal no tiene entidad propia y que lo que llamamos mal, en realidad, es sólo la carencia de un bien debido (el agujero del queso, como diría Santo Tomás). Es más, lo que existen son cosas malas en mayor o menor grado, pero en cuanto son realidades, entes, se puede decir que son buenas.
Así pues, con este breve preámbulo, mi relación para la presente mesa redonda ya podría transformarse en algo más tratable, menos beligerante, algo así: cómo dar cuenta de la ausencia de bien en el cine actual. Esto hace que lo enfrentemos con serenidad y no desde la tensión de un maniqueísmo irreal.
Otra obviedad que cabe decir, antes de enfrentarnos al meollo de la cuestión, es que el denominado mal no se da en forma nítida y separada, sino que se manifiesta convenientemente mezclado con dosis de bien en los diferentes aspectos que componen la obra artística, fundamentalmente el noético, ético y estético.
A continuación, urge decir que no todos los errores tienen el mismo peso, un deficiente sonido, aunque molesto, no es comparable con un guión que justifique el aborto, por poner un ejemplo diáfano.
Además, muy frecuentemente, se alaba una película en atención a sus cualidades o valores fílmico-artísticos, pero nada más. Y esto es un juicio incompleto o, si prefieren, parcial. Una película inmoral, de una ideología errónea, puede con todo ser una destacada obra de arte. Pondré unos ejemplos extremos: El triunfo de la voluntad (Leni Riefenstahl, 1935) es una obra maestra del cine de propaganda nazi que, como las filmaciones de la época de Goebbels, promulga y mitifica una ideología perversa, pero está reconocida como una pieza artística muy lograda. Hay otras películas estéticamente notables, como Kill Bill I y II (Quentin Tarantino, 2003-2004) o Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), que buscan la violencia y el sexo en aras de la “ideología” comercial, además –en estos casos– de desmitificar a sus respectivos géneros (fantástico-terror y western).
Partir de una jerarquización de los valores es imprescindible para poder juzgar las complejas relaciones entre Arte y Moral. Ya lo manifestó en su día –aludiendo a razones políticas– el prestigioso catedrático de Estética de la Universidad de Barcelona, José María Valverde: Nulla aesthetica sine aethica. Pues, aunque el Arte es un ámbito autónomo de la moral –autónomo, pero no independiente; como afirma el especialista Sánchez de Alba, “tiene una realidad propia, autónoma, pero no puede independizarse de esa realidad espiritual que lo constituye.” (György Luckács: Estética. Madrid, 1975, p. 194)–, el ámbito de la Moral es superior; ya que las leyes morales rigen toda la actividad humana, incluida la artística. Además –como decía el filósofo Jacques Maritain (cfr. La poesía y el arte. Buenos Aires, 1955)– el artista no puede dejar de ser hombre o mujer para ser sólo artista. Estas son verdades lo suficientemente claras como para que no requieran demostración.
Aun así, cabe señalar que el espectador percibe la obra como un todo, sin pararse a diseccionar, como haría un experto en su análisis formal, los valores éticos de los meramente estéticos. Sin embargo, debo decir que lo malo o inmoral no deja de serlo por estar insertado en una obra de arte. Es más, su peligrosidad aumenta cuando el mal está bien hecho.
En este sentido, es preciso tener el criterio claro. Además, es bueno recordar el axioma de que el fin no justifica los medios.
Por tanto, si una película está perfectamente realizada seduce y, bajo el envoltorio de arte, puede presentarnos contenidos ideológicos rechazables o imágenes obscenas. De ahí el fraude, el engaño, que puede llevar en sí una obra artística, la cual –insisto– tendrá mayor repercusión o efectividad en la medida que tenga más calidad fílmica. Dos ejemplos recientes: Ágora, de Alejandro Amenábar, y Si la cosa funciona, de Woody Allen. El polémico film de Amenábar es un alegato irreligioso, que enfrenta Fe y Razón, Religión y Ciencia, al tiempo que posee notable calidad formal; mientras que la última comedia de Allen arremete, como hiciera el cómico norteamericano en sus primeros tiempos, contra lo divino y lo humano, con un tono intelectual muy próximo al cinismo, aunque con la genialidad artística que le caracteriza como autor (ver sendas reseñas más abajo). De ahí que, muchas veces seguramente, los aspectos que pueden parecer estéticos, reflejo de belleza, son sólo técnicos, hábil manipulación.
Entro ahora en la cuestión planteada en esta mesa redonda desde mi experiencia como veterano crítico e historiador del cine.
Dije al principio que al mal debe tratarse como lo que es, como un mal. Pero como un mal relativo, no absoluto; como una criatura imperfecta en alguno de los múltiples aspectos que la conforman.
El pensar que detrás de cada creación hay personas, ayuda sobremanera a acometer la crítica; porque teniendo en cuenta el principio de “combatir las ideas y no a las personas”, descartamos la tentación, tan frecuente, de las enmiendas a la totalidad, o de las descalificaciones personales que inducen, inevitablemente, a posiciones irreconciliables, que desencadenan enemistades o generan "enemigos" permanentes.
Debe tenerse muy en cuenta que, actualmente, un director de cine está sometido a infinidad de presiones y que su obra suele estar mediatizada por causas extrínsecas a su primigenia idea. Exceptuando a algunos creadores como el referido Woody Allen, que pueden hacer lo que quieran, la mayoría debe buscar financiación y ceder a los chantajes que imponen los productores (ideología de género, lobby gay, sexo explícito para que su película sea más comercial…), o de lo contrario no logrará realizar el film y en el supuesto que lo consiga dificultará su distribución. Hoy el cine se ha convertido, salvo excepciones, además de negocio, en herramienta para difundir los paradigmas de un determinado modelo de sociedad relativista, laicista y radicalmente individualista.
Pero me queda por enunciar otro elemento indispensable para acometer cualquier crítica: la verdad. La verdad inmuniza contra el sectarismo. Llamar a las cosas por su nombre significa alabar lo bueno y desenmascarar lo menos bueno, provenga de donde provenga.
Una verdad que necesariamente será subjetiva, no la verdad absoluta; pues nuestras opiniones ni son dogmas y menos aún están revestidas de infalibilidad. Así, el crítico tendrá que escribir siempre honestamente sin traicionar sus principios personales.
Extendiéndolo a la cultura en general, el antropólogo Ricardo Yepes afirmó: “Es importante notar que la cultura no es sólo expresión de una subjetividad, sino expresión de la verdad vista por una subjetividad”. (Fundamentos de Antropología. Un ideal de la excelencia humana. Pamplona, 1996, p. 331). Y lo mismo puede decirse de la crítica.
Lo contrario, situarse en el prejuicio, entraña numerosos riesgos para el crítico, o el historiador del cine, que nos dificultarán sobremanera para ejercer con justicia la crítica o la misma historia. Cuando todo lo que hacen “los míos” es bueno por definición, y malo lo que hacen “los otros”, se está al margen de la verdad y alejado de la razón. Buscar la verdad desde mis valores personales es hacer “mi crítica”, dejar la huella personal con toda su carga emocional, cultural, científica, filosófica, estética y ética que conlleva…, asumiendo con responsabilidad sus consecuencias.
Por tanto, evidenciar lo bueno, lo verdadero y lo bello que una película expresa debe ser primordial para ayudar al público a disfrutar más plenamente del Séptimo Arte y descubrir aquello que le enriquece, le eleva, le dignifica y lo unifica.
Y así hemos llegado a los trascendentales del ser: Bueno, Verdadero y Bello, que se identifican con lo Uno, dando esa inefable unidad a la obra de arte auténtica.
Evidentemente, el crítico deberá desenmascarar los vericuetos y rendijas por donde se filtra el mal. Es una obligación irrenunciable a la que no puede sustraerse, denunciando con claridad y caridad los errores percibidos, las manipulaciones, las demagogias, los fáciles chantajes afectivos y tantas medias verdades que, a modo de cóctel, configuran una película. Por eso –como comentó el Gran Canciller de esta Universidad– “si un crítico de cine dice de una película que presenta inconvenientes, que estéticamente está bien y nada más, hace mal. Hay que decir la verdad: si aquello es estéticamente correcto pero va contra la dignidad de la persona, hay que decirlo porque es algo indigno, que no va”. Y esto cabe extenderlo también al espectador corriente.
Como crítico, deberé enaltecer el bien y desenmascarar el mal. Y si me obligaran a elegir, optar por lo bueno en vez de lo malo. Urge que el bien, expresado en todas sus múltiples formas, en todos los soportes imaginables, recupere la dignidad perdida. Alabar el bien siempre es bueno, no ofende a nadie, y es difusivo por naturaleza. No en vano, "ahogar el mal en abundancia de bien" es un aforismo permanente.
Un arte, un cine, un film, que no sirva a la persona, a la sociedad, es por lo menos incompleto, y merecería alguna descalificación. Este arte, este cine, esta película, no cumple su función encaminada a perfeccionar al hombre y la mujer, para quienes, a fin de cuentas, se hizo. En definitiva, no es esencialmente humano, ni social: es imperfecto.
Como afirma Juan José Muñoz, profesor de Antropología del Cine y Ética de la Imagen, “la ética es un arte porque cada individuo debe crear las respuestas más valiosas para cada situación concreta. Pero hay conductas que, en lugar de ser creativas, son destructivas para la dignidad de la persona. Además, en el arte, como en la propia vida, siempre se debe buscar la belleza, y ésta siempre hace referencia a la verdad y al bien”. (Cfr. De “Casablanca” a “Solas”. La creatividad ética en cine y televisión. Madrid, 2005).
No quisiera concluir sin resaltar el encuentro que tuvo Benedicto XVI con 260 artistas en la Capilla Sixtina el pasado 21 de noviembre, donde, ante representantes del mundo del cine como Nanni Moretti y Ennio Morricone, manifestó: “Demasiado a menudo, la belleza que se nos presenta es ilusoria y falaz, superficial y deslumbrante hasta el aturdimiento, y, en vez de hacer salir a los hombres de sí mismos y abrirles a horizontes de verdadera libertad atrayéndoles a lo más alto, los aprisiona en sí mismos y los hace aún más esclavos, faltos de esperanza y de alegría”. Según el Papa, hay que estar alerta frente a una belleza que es “seductora pero hipócrita, que aviva el ansia, la voluntad de poder, de posesión, de abuso sobre el otro y que se transforma, en seguida, en su opuesto, asumiendo la expresión de la obscenidad, de la transgresión o de la provocación”. Abundó el Pontífice en que la belleza auténtica es aquella que abre los corazones al conocimiento y al amor al prójimo.
Y como comentaría el corresponsal de La Vanguardia en El Vaticano, Eusebio Val, Joseph Ratzinger instó a los artistas a estar agradecidos por sus talentos y ser conscientes de su gran responsabilidad de comunicar “con belleza y a través de la belleza”. Así actuarán como “testigos de la esperanza para la humanidad”. También les animó –concluye su crónica este periodista catalán– a no esconder su fe, porque no les roba genialidad sino, al contrario, “la exalta y la nutre”. (“El mundo del arte en la Capilla Sixtina”, en La Vanguardia, 22-XI-2009, Suplemento Vivir, pp. 10-11).
Urge, pues, que desde la escuela a la Universidad, el alumno –futuro espectador– aprenda a comprender el lenguaje fílmico, y adquiera el necesario sentido crítico para enfrentarse al constante bombardeo de imágenes al que diariamente se le somete.
Por último, la función del crítico de cine es muy relevante; pues, como decía Ortega y Gasset, "el crítico debe ser un puente entre la obra artística y el espectador": estar, coherentemente, al servicio del público. Es un reto, un desafío, que nos emplaza a todos. Y una muestra de tan imperiosa necesidad es este Seminario internacional sobre “Repensar la ficción”.
(Reproducido en www.cinemanet.info, el 15-XII-2009).

jueves, noviembre 26, 2009

"CELDA 211", UNA PELÍCULA ESPAÑOLA DE CALIDAD



He aquí la reseña de un film que está batiendo récords de taquilla, superando el primer fin de semana a la comentada Ágora. Se trata de una pieza artística que puede llevarse los principales premios de la Academia Española.
Estamos ante una de las películas más sólidas del último cine español. Drama carcelario, narrado a modo de thriller hollywoodiense y con una alta dosis de suspense y violencia, Celda 211 es la adaptación de una novela de Francisco Pérez Gandull.
Daniel Monzón (El corazón del guerrero, 2000; El robo más grande jamás contado, 2002; La caja Kovak, 2006) la ha puesto en imágenes con enorme precisión. Fascinado por este relato, el propio director y coguionista manifestó:

"Cuando Celda 211 cayó en mis manos, me la leí de un tirón y supe que quería llevarla a la pantalla. La novela tenía un contundente punto de partida, un universo poderoso, reconocible y humano y estaba construida sobre una tensión asfixiante con algunos giros memorables. Como película constituía un reto narrativo de primer orden, dejaba poco margen a otra cosa que no fuera despojar la puesta en escena de artificio y poner la cámara al servicio de los personajes. Había por tanto que conseguir un reparto a prueba de bombas. A película terminada, me es difícil imaginar actores más sólidos y adecuados. Empezando por el dúo protagonista, la banda de presos, el grupo de funcionarios y cada uno de los figurantes entregados en cuerpo y alma a esta aventura".
Ciertamente, tiene razón. El realizador y su equipo técnico-artístico han lindado la obra maestra. Con un ritmo trepidante, deja casi sin respiro al espectador; un público aficionado a este género, que vivirá el apasionante relato y prácticamente sufrirá el drama del joven protagonista. Pues el debutante Alberto Ammann borda su papel de “Calzones”, al igual que el veterano Luis Tosar como el duro “Malamadre”.
Resulta interesante la relación entre ambos personajes –que, en la Mostra de Venecia’2009, algunos críticos quisieron ver insólitamente una atracción homosexual–, así como la evolución psicológico-existencial de éstos, que comienza en enfrentamiento y también humillación, se transforma luego en amistad y respeto, y concluye en admiración y cierta solidaridad.
El mismo Daniel Monzón (Palma de Mallorca, 1968) declararía a la prensa la importancia de esta metamorfosis: "El viaje del espectador es con Calzones, y que su circunstancia y sus decisiones fueran creíbles eran el eje de la película. Jorge (Guerricaechevarría, coguionista) y yo le teníamos mucho respeto a ese personaje y medimos su progresiva transformación, desde ese idealista que quiere resolver el motín y salir con vida, pero al que, a la vez, le ocurre en 30 horas todo lo malo que a uno le puede ocurrir en una vida, lo llevamos muy lejos, de modo que su viaje de algún modo es el inverso a Malamadre". (La Vanguardia, 6 de noviembre de 2009).

En efecto, Juan Oliver, alias “Calzones” –nombre que le pone su antagonista– evoluciona de funcionario a crítico con el sistema penitenciario español; sobre todo, tras el asesinato de su esposa por Utrilla (brillante también Antonio Resines). Y finalmente se enfrentará a sus jefes.
Por otra parte, los políticos no quedan demasiado bienparados –especialmente por su interés de no entrar en conflicto con los presos de ETA, que están un tanto mimados en la prisión–, ni tampoco las fuerzas de seguridad del Estado, con métodos “persuasivos” utilizados en la Dictadura franquista. Al mismo tiempo, se pone en evidencia el juego sucio de los responsables de la prisión en torno a los pactos y sus confidentes (el “Apache”, por ejemplo), que cuanto menos pone en cuestión la política penitenciaria del país: la escasa calidad de vida de los presos y la inmoralidad de los métodos empleados por las autoridades cuando deciden que el fin justifica los medios. Ahí está, pues, la valentía de los autores del film. Porque si bien nunca citan país alguno ni a un gobierno determinado (aunque fue rodado en la famosa prisión de Zamora), vemos en Celda 211 un retrato no sólo de la España contemporánea, sino de tantas cárceles de allende las fronteras, donde los reclusos están hacinados y acaso salen peor que entraron.
Es obvio que únicamente se trata de una película del género carcelario, y que esta fatalista historia puede ocurrir en cualquier parte; resulta bastante universal. Por eso, Luis Tosar definiría así a su personaje: “Yo veo a Malamadre como un león viejo, cansado y harto de todo, que encuentra una esperanza en medio de la basura”. Y añadió:

"Preparando esta película, he constatado que, en el caso de muchos presos, su desgracia empezó con una tontería y fue luego, en la cárcel, cuando se les complicó la vida realmente. La historia de Malamadre también es así: entró para cumplir una condena mínima, pero como era un tipo bravo se perdió definitivamente entre rejas". (Cfr. Alfonso Asúa, “Entrevista con Luis Tosar”, en Cinerama, núm. 177, noviembre 2009, pp. 40-43).

Tanto este excelente actor –que posiblemente ganará el “Goya” a la Mejor interpretación, al igual que Alberto Ammann será candidato al Mejor actor revelación– como Daniel Monzón y Jorge Guerricaechevaría estuvieron visitando prisiones, hablando con numerosos reclusos y algunos parientes, funcionarios y educadores... a fin de ofrecer mayor rigor y realismo a la dura acción. Una acción que no escatima violencia extrema y excesiva crudeza en el lenguaje, pero que brinda un estudio de mentalidades que sin duda hará reflexionar al espectador.


martes, octubre 20, 2009

"ÁGORA", EL NUEVO FILM 'HISTÓRICO' DE ALEJANDRO AMENÁBAR



Con una gran expectación y enorme publicidad –a su estreno asistiría casi en pleno el Gobierno socialista– se ha presentado la película más cara del cine español realizada hasta hoy (50 millones de euros). Meses antes se exhibió en el Festival de Cannes, fuera de concurso, y fue recibida con cierta frialdad y polémica en Francia, lo que obligó a su director a cambiar su montaje.


El madrileño Alejandro Amenábar (aunque nacido en Santiago de Chile en 1972) es su joven autor. Ganador del Oscar de Hollywood a la Mejor película de habla no inglesa por Mar adentro (2004) –un polémico alegato sobre la eutanasia– hoy es, junto a Pedro Almodóvar, uno de los cineastas españoles más famosos en el extranjero. Debutó en 1996, con la también galardonada Tesis, a la que siguieron Abre los ojos (1998) –que tuvo un remake en Estados Unidos– y Los Otros (2000), ya rodada en inglés, con Nicole Kidman como protagonista.

SINOPSIS ARGUMENTAL.- Alejandría, siglos IV-V d. C. Narra la tragedia de Hipatia, hija de Teón –el director de la célebre Biblioteca de esta ciudad–, una reconocida matemática y astrónoma, que dedicó su existencia a la Filosofía. Entregada por entero a la ciencia –había renunciado a casarse– vivió en una época convulsa, cuando el Imperio Romano anunciaba su estertor y la religión pagana daba signos de decadencia. El Cristianismo ya no sufría la persecución de antaño, pero en su pujanza se enfrentaba con la religión judía, con los paganos y las primeras herejías. En ese ambiente conflictivo, la escuela de Hipatia de Alejandría tenía estudiantes cristianos y no cristianos, que después formarían buena parte de la elite de esa esplendorosa ciudad del Antiguo Egipto. Pero en marzo del año 415, un grupo de fanáticos conocido como los parabolanos –que antes había destruido la Biblioteca de Alejandría y echado a los judíos de la ciudad, con la venia del Emperador romano– asesinó a la filósofa pagana.

VALORACIÓN CRÍTICA.- Pienso que el máximo error de Amenábar como realizador y coguionista es no haber ido a las fuentes originales, pese a los asesores históricos con que contó (entre ellos, Carlos García Gual, catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid). La crítica ha afirmado que “el argumento está basado en uno de los peores materiales sobre Hipatia, el del divulgador de la ciencia Carl Sagan”. Además, la filósofa no murió a los 38 años –como aparece en el film–, sino a los 61, cuando en plena Cuaresma un grupo liderado por un tal Pedro saqueó su carruaje y la arrastró hasta el templo del Caesarium, donde mataron a Hipatia con fragmentos de cerámica y después quemaron sus restos en las afueras de la ciudad. En la película, es su antiguo esclavo, Davo –un personaje inventado, enamorado de ella–, quien la asfixia, para evitarle el sufrimiento, y la entrega desnuda al vulgo. Con todo –y eso no se cita en el relato–, los antiguos autores cristianos condenaron el asesinato de los parabolanos (Vid. Sócrates de Constantinopla, Historia eclesiástica, VII, 15).
Además, Carl Sagan presenta a Hipatia enfrentada al Cristianismo. En realidad, ella no era cristiana, pero como neoplatónica y pitagórica fue partidaria de la convivencia entre religiones y las culturas propias del mundo bizantino. Lo que se sabe de Hipatia –pues no se conserva su obra– es por los escritos de sus discípulos, sobre todo por el epistolario de Sinesio de Cirene, que fue obispo de Ptolemaida c. 409-410 y murió dos años antes que su maestra. Además, el prefecto de la ciudad, Orestes –quien también la había pretendido–, representante de la autoridad imperial y que le dio soporte, estaba enfrentado con el obispo de Alejandría, Cirilo (después santo y doctor de la Iglesia, como rezan los letreros finales del film, e impulsor del Concilio de Éfeso, en 431), en unos tiempos en que aún no había la separación entre Iglesia y Estado; y las relaciones entre Ciencia y Religión estaban no sólo en conflicto, sino llenas de prejuicios por ambos lados.
De ahí que se eche de menos una contextualización histórica más rigurosa, al tiempo que se evidencia la influencia del laicismo contemporáneo; ya que la película incurre en tópicos maniqueos –los paganos aparecen de blanco, iluminados; mientras los cristianos de negro, como energúmenos– y abunda en una lectura crítica demasiado actual: el mismo Amenábar declararía en la rueda de prensa en Cannes’09 que Ágora no es una película anticristiana, que su “condena es de todos los fundamentalismos”. Y ante la prensa especializada española, manifestó poco después: “Ningún católico de hoy debería sentirse ofendido; sólo deberían sentirse apelados los fundamentalistas que han estado poniendo bombas este verano (2009). Sirve para un terrorista islámico, para un terrorista de ETA, para cualquiera que lo practique. Ágora es, en muchos sentidos, una historia del pasado sobre lo que está pasando ahora, un espejo para que el público mire y observe desde la distancia del tiempo y del espacio, y descubra, sorprendentemente, que el mundo no ha cambiado tanto”. Y en una entrevista publicada en el diario Avui, se excusó también así: “No he hecho ningún alegato contra el cristianismo, sino contra el fundamentalismo Evidentemente no todos piensan como yo. El problema es que haya alguien que esté dispuesto a matar por sus ideas, eso es fundamentalismo, que es lo que denuncia la película. Pero no es anticristiana, muchos grupos religiosos diferentes han utilizado la violencia para imponer sus ideas.” (Cfr. Bernat Salvà, en Avui, 5-X-2009, p. 42; la traducción del catalán es mía).
Sin embargo, no todos han visto igual su voluntad de expresión. El crítico José María Aresté ofrece el siguiente juicio: “El director, dentro de su opción de cine comercial con contenido, sigue su línea de cuestionamiento del cristianismo, iniciado en Los Otros con suavidad, y continuada de modo más agresivo en Mar adentro. Aquí recupera las formas suaves, su forma de tratar la compleja situación del cristianismo del siglo IV en Alejandría podría describirse como “mano de hierro con guante de terciopelo”. De modo que alude a lo que puede resultar atractivo en la fe –Cristo y sus bienaventuranzas, la caridad con los necesitados, el perdón...–, pero poniendo el foco sobre todo en lo que puede generar fanatismo violento y lucha por el poder. En tal sentido queda especialmente mal parado el santo Cirilo de Alejandría. Pero también son cuestionables Orestes, con su cristianismo pragmático y cínico, y el obispo Sinesio, que invita a Hipatia a bautizarse porque ella ya en el fondo era cristiana, aunque no crea. Por contraste, la inmaculada ciencia parece la solución a todos los problemas, la única capaz de dar acceso a la verdad. En tal sentido, se obvian las manipulaciones que pueden hacerse en nombre de ella”. (Cfr. “Hipatia, atea y mártir”, en http://www.decine21.com/).
Además, la Biblioteca de Alejandría no fue demolida por los cristianos; antes sufrió un desastroso incendio y, en el siglo III, el emperador Diocleciano ordenó la destrucción de todos los libros relacionados con la alquimia. Sólo más tarde, en el año 391, Teófilo, entonces Patriarca de Alejandría, atacó lo que quedaba de la Biblioteca al frente de una muchedumbre de parabolanos. Pero tras la muerte de Hipatria, Teodosio les puso freno.
Por su parte, el teólogo Peio Sánchez iría incluso más lejos: “Ágora es una crítica directa al cristianismo pero en el fondo a toda experiencia religiosa. La tesis, a la que de forma didáctica sirve la película, es que la experiencia religiosa sea politeísta, judía o cristiana siempre desemboca en el derramamiento de sangre. Que la creencia en Dios o dioses termina aniquilando a los seres humanos que acaban matando en su nombre. Y así lo que podía, y debía en rigor histórico, haberse convertido en una crítica necesaria del fundamentalismo termina en un cuestionamiento último de lo religioso como dimensión del ser humano que se encuentra con Dios. Para el director a lo más nos queda un cielo estrellado al que miramos con perplejidad construyendo formas elípticas al viento. Lo que ya es algo, por lo menos Misterio (…) La imprescindible y urgente crítica del fanatismo, en este caso religioso, se inclina hacia una exaltación de lo laico que parte de un reduccionismo antropológico que cercena la dimensión espiritual del ser humano. El director ha querido presentarnos a esta nueva Antígona como heroína y modelo contemporáneo que encarna la búsqueda de la verdad, el sentido de la democracia pluralista, la integridad y la tolerancia hasta el perdón.” (“Ágora, ideología que denuncia el fanatismo para recaer en él”, en http://www.universitaties.net/).
Ahí está, pues, el verdadero meollo de la cinta: el viejo conflicto entre Fe y Razón, actualmente desmontado por los filósofos y teólogos más rigurosos, y que Amenábar parece invocar apelando a tópicos hoy superados, pero de fácil efecto en el gran público. En este sentido, observé cómo en la noche de estreno un sector de espectadores aplaudía al término de la proyección, acaso identificados con el laicismo explícito del director.
Lo que no se puede negar al film es su calidad formal: Alejandro Amenábar sabe hacer cine de veras. Rodada en la isla de Malta, su brillante diseño de producción, la dirección artística –apenas se notan los efectos digitales; parecen decorados reales–, las tomas cenitales, una conseguida dirección de la 2ª unidad a cargo del coguionista Mateo Gil, las perspectivas planetarias, la banda sonora, el vestuario, esas lecciones cosmológicas que avanzaron a Kepler, la espléndida interpretación de Rachel Weisz y el resto del reparto... Todo resulta excelente. Estamos ante un realizador que puede competir en los Oscar de Hollywood con este ambicioso y espectacular peplum en inglés.
No obstante, el relato resulta un tanto frío, los personajes son bastante planos –pues presentan una psicología no del todo bien desarrollada–, el metraje algo excesivo, se echa en falta más espectacularidad en las escenas…, así como unos edificios de arquitectura griega, cuando no eran ésos –como me comentaría José Remesal, catedrático de Mundo Antiguo y Arqueología de la Universidad de Barcelona– los que había en la Alejandría de aquella época. Además, derriba la estatua del dios griego Serapis -declarado patrón de Egipto y de la ciudad- como si fuera la de Saddam Hussein. Por último, Cirilo de Alejandría, Padre de la Iglesia, está retratado como un fanático y el impulsor del asesinato de Hipatia, cuando nunca se pudo establecer su complicidad, difundida un siglo después por Damascio –el último escolarca de la escuela de Atenas– y reproducida por Suidas.
Ahora bien, Amenábar está teniendo muchos problemas para distribuir su film en Estados Unidos, precisamente por el carácter anticristiano atribuido. Sólo Sony se ha planteado comprar la cinta para el mercado de habla inglesa. Así, el influyente semanario Variety escribió con motivo de su presentación en el Festival de Cannes (mayo de 2009): “Esta elaborada producción española en lengua inglesa es consistentemente espectacular y posee el suficiente conflicto y acción para hacerla remarcable, pero una cierta carencia de peso de estilo y de pulso emocional podría traerle problemas para su aceptación entre una audiencia masiva en Estados Unidos”.
Veremos si, finalmente, Ágora logra amortizar su coste, y cuál es la respuesta del público aquí y allende las fronteras, o la acogida de la Academia de la vieja Meca del Cine. Pero los premios “Goya” de la Academia Española los tiene asegurados.

(Publicado en http://www.temesdavui.org/, el 24-X-2009, y algo más breve, en http://www.culturahistorica.com/ , el 11-X-2009).


sábado, octubre 10, 2009

"SI LA COSA FUNCIONA", LA NUEVA COMEDIA DE WOODY ALLEN


La última realización de Woody Allen, únicamente detrás de la cámara, me ha defraudado. He visto al maestro estadounidense un tanto trasnochado. Es cómo si volviera a sus orígenes de cómico de sala de fiestas, incidiendo en los gags verbales que le hicieron famoso pero que casi acaban con su hoy popular figura.

REGRESO A NUEVA YORK.– Con todo, lo más importante de este filme es su regreso a la Gran Manzana, a ese entrañable Manhattan y al mundo intelectual judío que tan bien ha sabido retratar. De ahí que antaño lo calificara de historiador de la Nueva York del último tercio de siglo. Y así lo aprobara el departamento de Historia Contemporánea donde soy profesor de cine y después ratificara la propia Facultad de la Universidad de Barcelona, proponiéndolo como Doctor honoris causa, nombramiento que finalmente rechazó el Consejo Social –por considerarlo un mero comediante– y recogiera cuatro años más tarde la Universitat Pompeu Fabra con motivo del rodaje en España de su criticada película Vicky Cristina Barcelona (2008).
No voy a comparar una y otra obra, sino manifestar que Si la cosa funciona (2009) es un viejo guión que Woody Allen ha sacado del cajón de sus recuerdos, desempolvándolo hasta adaptarlo a la coyuntura actual (cita incluso a un presidente negro en Estados Unidos).
He visto, por tanto, en esta película al Allen de ayer, que quiere estar al día y frivoliza con el ambiente de relativismo moral que respiramos en la sociedad occidental. Me explicaré brevemente.

CONSTANTES.– Este siempre discutido maestro del Séptimo Arte arremete, como hiciera en sus primeros tiempos, con lo divino y lo humano. Familia, religión, relaciones de pareja –matrimonio, ménage à trois, homosexualidad–, política, intelectuales... En su farsa, no deja títere con cabeza; todo pasa desordenadamente por la criba crítica y amarga de Woody Allen, a través de chistes personales que oscilan entre la genialidad y el tópico, la exageración y el mal gusto. Además, el protagonista –sin duda, su alter ego– habla a la cámara, al espectador, con un tono intelectual muy próximo al cinismo.
Sin embargo, junto a esa ligera voluntad de expresión, en Si la cosa funciona aparecen las constantes de sus filmes más serios: amor-sexo, soledad, muerte-Más allá y existencia de Dios. Temáticas preocupantes en este cineasta, como ya comenté en otro lugar. (Cfr. mi libro Woody Allen, barcelonés accidental. Solo detrás de la cámara. Madrid: Encuentro, 2007).
Si en su celebrada “trilogía” londinense (la comentada Match Point, Scoop, Cassandra’s Dream), el cineasta neoyorquino profundizaba en esos temas existenciales; ahora se queda en el puro apunte cáustico, en el gag más verbal que visual, sin traspasar aquella triste frivolidad que antaño le caracterizaba como autor.

EL AZAR, OTRA VEZ.– No obstante, en su última película, vuelve a insistir en una nueva constante aparecida en su más reciente filmografía: el azar, la casualidad. No hay nada escrito, no hay libertad, todo es producto de la suerte. Y burla burlando, Allen se dirige al público, acaso escondido en su alter ego (espléndida la interpretación del cómico Larry David, tan mayor como el propio autor), para que se desengañe de los valores que nos han transmitido hasta hoy. Y si para ello hay que concebir personajes limitados –ingenuos o “cortos” como la joven protagonista (muy inspirada Evan Rachel Wood) e hipócritas y “liberados” como los padres de ésta (bien encarnados por los veteranos Patricia Clarkson y Ed Begley, Jr.), para más inri católicos de la América profunda, mejor que mejor. Ahí está, pues, el sabio misántropo –Boris/Allen– para decirnos que él es un genio, que sabe ver la realidad.
Pero como ya escribió uno de sus muchos biógráfos, Sam B. Girgus, “ahora Woody Allen se ha sumergido en las aguas de un relativismo ético posmoderno y un realismo sensual que difiere considerablemente de la sensibilidad moral de sus primeros filmes”. (Vid. El cine de Woody Allen. Madrid: Akal, 2005, pág. 24).
Finalmente, toca con demasiada ligereza uno de los problemas filosóficos más serios –en palabras del existencialista Albert Camus– de la sociedad contemporánea: el suicidio.
Por tanto, espero que mi admirado Allen siga profundizando en su búsqueda de la verdad y nos ofrezca alguna respuesta más original al de “todo vale… si la cosa funciona” y no el suicidio como única salida a las disfunciones de los sentimientos.

¿AUTOBIOGRAFÍA?– No me acabo de creer que Whatever Works (título en inglés) sea una autobiografía del actual pensamiento de este genial artista, porque considero a Woody Allen una persona inteligente. Si fuera así, habría retrocedido como autor o está “chocheando” a los 73 años.
Ante tal acusación, se manifestaría en estos términos: “Yo escribí el guión, así que obviamente es la forma en que veo la vida. Pero Boris es un personaje creado por mí. No expresa mis ideas totalmente. En realidad, es una exageración extrema de mis sentimientos”.
Por su parte, el mismo Larry David –que asimismo actúa como cómico en salas de fiestas y en programas televisivos– afirma sobre su personaje: “Para él, la mayoría de la gente es imbécil. Para mí también, excepto, claro, cualquiera que me aprecie. Él disfruta de algunas cosas. Disfruta insultando a la gente. Le encanta la música clásica, las películas antiguas... Pero lo que más le produce placer en la vida es poder expresarse: a él le encanta alardear y demostrar lo brillante que es”.
Una figura, el “sabio” Boris (candidato frustrado al Premio Nobel de Física), que Allen definiría así: “Quería crear un personaje con un carácter tan neurótico y desagradable que resultara divertido”.
Quiero confiar en que una mente tan lúcida como la de Woody Allen encontrará, a medida que ve acercarse la inevitable muerte, respuestas que iluminen su vida y den sentido a su insaciable búsqueda de valores permanentes, ya que esto era –es– lo que sustenta su obra.

sábado, octubre 03, 2009

PELÍCULAS RECOMENDADAS (13)

Nueva relación de filmes, que recomiendo para un público amplio. Como en las listas anteriores, señalo con un asterisco (*) las películas más dirigidas a mayores o que pueden gustar especialmente a espectadores de Tercera edad. También indico los títulos idóneos para cinéfilos y menores.


Últimos estrenos:

- AMAZING GRACE
- DISTRICT 9
- FROZEN RIVER (cinéfilos)
- KATYN
- UP (menores)
- VACACIONES DE FERRAGOSTO*


DVD:

- Appaloosa*
- Bella*
- Bienvenidos al Norte (cinéfilos)
- El caballero oscuro
- La clase
- El desafío. Frost contra Nixon*
- Gran Torino*
- El intercambio*
- El niño con el pijama a rayas*
- Slumdog Millionaire (cinéfilos)
- Valkiria*
- The Visitor (cinéfilos)
- Wall-E (menores)

miércoles, septiembre 16, 2009

"HISTORIA DEL CINE MUNDIAL"

Caparrós Lera publica la Historia del cine mundial

Por PATRÍCIA LAINZ



El director del Centre d’Investigacions Film-Història del Parc Científic de Barcelona, José María Caparrós Lera, acaba de publicar Historia del cine mundial (Ed. Rialp), un estudi actualitzat i complet, de gran utilitat per a l’alumnat d’Història, de Belles Arts, de Filosofia i d’Humanitats, entre altres disciplines.

L’autor divideix la història del cinema en tres grans períodes: mut (1895-1930), sonor (1931-1958) i contemporani (1959-2008), seguint una estructura tradicional contrastada amb la seva dilatada experiència. Completen l’estudi diverses cronologies, índexs i bibliografies comentades, així com una valuosa col·lecció d’il·lustracions que faciliten i enriqueixen la consulta.

Caparrós Lera, que des del 1991 edita la revista Film-Historia. ha publicat 40 llibres de cinema i ha estat professor de Cinema Modern a la Universitat de Navarra i d’Història de la Cinematografia Clàssica a la UB, on ara imparteix Història Contemporània i Cinema com a Professor Titular. L’any 2008 va ser distingit amb la Medalla a la Millor Labor Literària i Periodística pel Cercle d’Escriptors Cinematogràfics (CEC). És membre associat de l’Acadèmia del Cinema Català, a més de cofundador de l’Associació Espanyola d’Historiadors de Cinema (AEHC) i de l’Associació Catalana de Crítics i Escriptors Cinematogràfics.


(Publicado en la web de la Universitat de Barcelona, www.ub.edu/noticies, 16-IX-2009)


sábado, agosto 01, 2009

FILMOGRAFÍA BÁSICA SOBRE LA II GUERRA MUNDIAL



El día 1 de septiembre se cumplen 70 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial. Muchas personas amantes de la historia, y en particular de conocer lo sucedido en este gran conflicto, siguen con interés las películas relacionadas con él. También son muchos los aficionados al cine bélico
El período de vacaciones puede ser una oportunidad para dedicar más tiempo a ver películas. Por ello el director de CinemaNet, el periodista e historiador Daniel Arasa, ha solicitado al vicepresidente de la entidad, profesor de Historia Contemporánea y Cine de la Universidad de Barcelona y director del Centre d’Investigacions Film-Història, Josep Maria Caparrós, que preparara un listado de películas de calidad sobre la Segunda Guerra Mundial o ambientadas en ella.

Se da a continuación. Es un servicio más, teniendo en cuenta que CinemaNet da listados generales de películas recientes sobre todos los temas que destaquen por sus valores, lo cual se hizo recientemente.


- Acción en el Atlántico Norte (Action in the North Atlantic), de Lloyd Bacon (USA, 1943).

- Air Force (Air Force), de Howard Hawks (USA, 1943).

- Almas en la hoguera (Twelve O’Clock High), de Henry King (USA, 1950).

- ¿Arde París? (Paris, brule’t-il?), de René Clément (Francia, 1966).

- Arenas sangrientas (Sands of Iwo Jima), d’Allan Dwan (USA, 1949).

- Balada de Berlín, La (Berliner Ballade), de Robert Stemmle (Alemania, 1948).

- Banderas de nuestros padres (Flags of our Fathers), de Clint Eastwood (USA, 2006)

- Bataan (Bataan), de Tay Garnet (USA, 1943).

- Batalla de Inglaterra, La (The Battle of Britain), de Guy Hamilton (GB, 1969).

- Batalla de las Ardenas, La (Battle of the Bulge), de Ken Annakin (USA, 1965).

- Batalla de Midway, La (Midway), de Jack Smight (USA, 1976).

- Batalla del Río de la Plata, La (The Battle of the River Plate), de Michael Powell i Emeric Pressburger (GB, 1956).

- Cañones de Navarone, Los (The Guns of Navarone), de J. Lee Thompson (USA, 1961).

- Cartas desde Iwo Jima (Letters from Iwo Jima), de Clint Eastwood (USA, 2006)

- Comandante Prien, U-47 (U-47, Kapitanleutenant Prien), de Harald Reini (Alemania, 1958).

- Comando en el desierto (Raid on Rommel), de Henry Hathaway (USA, 1971).

- Coronel von Ryan, El (Von Ryan’s Express), de Mark Robson (USA, 1965).

- Delgada línea roja, La (The Thin Red Line), de Terrence Malick (USA, 1998).

- Desafío de las águilas, El (Where Eagles Dare), de Brian B. Hutton (USA, 1969).

- Destino Tokio (Destination Tokyo), de Delmer Daves (USA, 1943).

- Día más largo, El (The Longest Day), de Ken Annakin, Andrew Marton, Gert Oswald y Bernhard Wicki (USA, 1962).

- Doce del patíbulo (The Dirty Dozen), de Robert Aldrich (USA, 1967).

- Duelo en el Atlántico (The Enemy Below), de Dick Powell (USA, 1957).

- Escala en Hawai (Mister Roberts), de John Ford & Mervyn LeRoy (USA, 1955).

- Esta tierra es mía (This Land is Mine), de Jean Renoir (USA, 1943).

- Estrella del Norte (The North Star), de Lewis Milestone (USA, 1943).

- Flota silenciosa, La (Operation Pacific), de George Waggner (USA, 1951).

- Fuego en la nieve (Battleground), de William A. Wellman (USA, 1949).

- General de la Rovere, El (Il generale della Rovere), de Roberto Rossellini (Italia-Francia, 1959).

- Gran dictador, El (The Great Dictator), de Charles Chaplin (USA, 1940).

- Gran evasión, La (The Great Escape), de John Sturges (USA, 1963).

- Guadalcanal (Guadalcanal Diary), de Lewis Seiler (USA, 1943).

- Guerra de Murphy, La (The Murphy’s War), de Peter Yates (GB, 1971).

- Ha llegado el Águila (The Eagle Has Landed), de John Sturges (GB, 1976).

- Hombre atrapado, El (Man Hunt), de Fritz Lang (USA, 1941).

- Hora 25, La (The 25th Hour), de Henri Verneuil (USA, 1967).

- Héroes de Telemark, Los (The Heroes of Telemark), d’Anthony Mann (GB, 1965).

- Hundid el Bismark (Sink the Bismark), de Lewis Gilbert (GB, 1960).

- Infierno bajo las aguas (Up Periscope), de Gordon Douglas (USA, 1969).

- Infierno en el Pacífico (Hell in the Pacific), de John Boorman (USA, 1968).

- Invasión en Birmania (Merrill’s Marauders), de Samuel Fuller (USA, 1962).

- Invasores, Los (49th Parallel), de Michael Powell (GB, 1941).

- Kanal (Kanal), de Andrzej Wajda (Polonia, 1957).

- Mac Arthur, el general rebelde (Mac Arthur), de Josep Sargent (USA, 1977).

- Mejores años de nuestra vida, Los (The Best Years of Our Lives), de William Wyler (USA, 1946).

- Náufragos (Lifeboat), de Alfred Hithcock (USA, 1944).

- Objetivo Birmania (Objective Burma), de Raoul Walsh (USA, 1945)

- Ogro, El (The Ogre), de Volker Schlöndorff (Alemania-Francia-GB, 1996).

- Pasaje para Marsella (Passagge to Marsella), de Michael Curtiz (USA, 1944).

- Patrulla del coronel Jackson, La (Back to Bataan), de Edward Dmytryk (USA, 1945).

- Patton (Patton), de Franklin J. Schaffner (USA, 1970).

- Pianista, El (The Pianist), de Roman Polanski (GB-Francia-Polonia, 2005).

- Por el valle de las sombras (The Story of Dr. Wassell), de Cecil B. De Mille (USA, 1944).

- El proceso de Verona (Il processo di Verona), de Carlo Lizzani (Italia, 1962).

- Puente, El (Die Brucke), de Bernhard Wicki (Alemania, 1959).

- Puente de Remagen, El (The Bridge of Remagen), de John Guillermin (USA, 1969).

- Puente lejano, Un (A Bridge Too Far), de Richard Attenborough (GB, 1977).

- Puente sobre el río Kwai, El (The Bridge on the River Kwai), de David Lean (USA, 1957).

- Regreso del infierno (To Hell and Back), de Jesse Hibbs (USA, 1955).

- Roma, ciudad abierta (Roma, cittá aperta), de Roberto Rossellini (Italia, 1945).

- Rommel, el zorro del desierto (The Desert Fox), de Henry Hathaway (USA, 1951).

- Sahara (Sahara), de Zoltan Korda (USA, 1943).

- Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan), de Steven Spielberg (USA, 1998).

- Sangre en Filipinas (So Proudly We Hail), de Mark Sandrick (USA, 1943).

- Sangre, sudor y lágrimas (In Which We Serve), de Noël Coward & David Lean (GB, 1942),

- Sargento inmortal, El (Immortal Sargeant), de John Stahl (USA, 1943).

- También somos seres humanos (The Story of G. I. Joe), de William A. Wellman (USA, 1945).

- Taxi para Tobruk, Un, de Denys de la Patellière (España-Francia, 1961).

- Tiempo de amar, tiempo de morir (A Time to Love and A Time to Die), de Douglas Sirk (USA, 1958).

- Tora! Tora! Tora!, de Richard Fleischer, Toshio Masuka, Kenji Fukasaky & Akira Kurosawa (Japón-USA, 1970).

- Traidor en el infierno (Stalag 17), de Billy Wilder (USA, 1953).

- Treinta segundos sobre Tokio (Thirty Secons Over Tokyo), de Edward Dmytryk (USA, 1944).

- Tren, El (The Train), de John Frankenheimer (USA, 1965).

- Último torpedo, El (Torpedo Run), de Joseph Pevney (USA, 1948).

- Uno Rojo: División de choque (The Big Red One), de Samuel Fuller (USA, 1980).

- Verdugos también mueren, Los (Hangmen Also Die), de Fritz Lang (USA, 1943).

- Vencedores o vencidos (Judgment at Nuremberg), de Stanley Kramer (USA, 1961).

- Vida es bella, La (La vita è bella), de Roberto Benigni (Italia, 1998).

- Vigilancia en el Rhin (Watch on the Rhine), de Herman Shumlin (USA, 1943).

(Publicado en http://www.cinemanet.info/. También entrevistado, precisamente el día que estalló la II Guerra Mundial, en un programa especial de COM Ràdio, de Barcelona)

jueves, julio 23, 2009

DOS IMPORTANTES PELÍCULAS CATALANAS, EN CARTEL


Estos días se han estrenado sendas películas catalanas que han centrado la atención de la crítica y los espectadores del país. He aquí las dos reseñas que he redactado

“TRES DÍAS CON LA FAMÍLIA”, DE MAR COLL

Léa es una joven catalana que estudia Ingeniería y vive con un chico, en Toulouse. Viaja súbitamente a Girona, donde su abuelo acaba de morir. Allí se reúne tres días toda la familia, para asistir al velatorio, a la misa-funeral y al entierro del patriarca de los Vich i Carbó. Y pese a las apariencias, pronto se evidencian los problemas íntimos de cada cual.
Se trata de la ópera prima de una nueva cineasta de la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya). Tras los ayer debutantes Juan Antonio Bayona (El Orfanato) y Roser Aguilar (Lo mejor de mí), ha llegado la barcelonesa Mar Coll (1981) a la dirección de su primer largometraje, precisamente para la productora de este centro educativo: Escándalo Films.
A tal propósito, esta joven firma brinda a los graduados de la Escuela de Cine de Tarrassa –hoy dependiente de la Universidad de Barcelona– la posibilidad de lanzarse a la profesión. Así, la directora de fotografía Neus Ollé, la montadora Elena Ruiz, el músico Jens Neumaier –del estudio MaikMaier– o el responsable del sonido Jordi Ribas, entre otros técnicos, junto a la directora y algunos actores, son antiguos alumnos de ese reconocido centro especializado que dirige Josep Maixenchs
En Tres días con la familia, Mar Coll ha demostrado su valía y madurez como cineasta. Así lo ha reconocido la mayoría de la crítica española, que ha saludado favorablemente este nuevo filme catalán. Con cierto cariz autobiográfico –muy habitual en las primeras obras–, la debutante realizadora ofrece un acertado análisis de la alta burguesía catalana. Oigamos, con todo, sus declaraciones: “Cualquier familia merece una película. Y ni siquiera hace falta que esconda secretos truculentos. Basta con asomarse al complicado amasijo de sentimientos contradictorios que provocan los lazos familiares: odiamos y amamos a nuestra familia, la rechazamos y la necesitamos, pretendemos distinguirnos de ella y, en el fondo, heredamos gran parte de sus logros y de sus miedos. En el caso de la familia Vich, lo que debería ser un marco de gran intimidad y confianza formado por el grupo de gente que te ha visto nacer y crecer, se presenta como un espacio gobernado por las formas y los ritos, que da cabida a los juicios y a los prejuicios, y dificulta considerablemente la comunicación sincera. Eso es lo que me interesaba explorar a través de los ojos de Léa, que, después de alejarse temporalmente de su familia, regresa para dar de pleno con la imposible situación en la que tanto los fracasos de su vida privada, como los de sus padres, como los de cualquier miembro de su familia, son evidentes pero nunca explícitos. Léa no desea mostrar sus flaquezas a la vez que se siente incómoda con las flaquezas de los demás. Y sin embargo, tampoco puede convivir con la falsedad de algunas situaciones. ¿Cuál es entonces el nivel de intimidad adecuado? La película no quiere ser una respuesta sino más bien es una foto de familia de las que están en los álbumes y que, cuando las ves, si te fijas bien, puedes en ellas entrever todo lo que esconden detrás de cada gesto o actitud. Una foto de una familia burguesa y catalana".
Efectivamente, Mar Coll no ha hecho una película de denuncia; más bien ha realizado un filme testimonial sobre una clase e idiosincrasia determinadas, a modo de mera crítica sociopsicológica y estudio de mentalidades tradicionales. Y esa crítica social y existencial resulta bastante positiva, pues se aprecia cierta voluntad de comprensión, una búsqueda de sinceridad; un rechazo de la hipocresía, en una palabra.
Gran parte del mérito de la puesta en escena cabe atribuirlo al notable plantel de intérpretes, que encabeza la premiada actriz Nausicaa Bonnín, hija de Hermann Bonnín, que tantos años fue director del Institut del Teatre. Pero le siguen con acierto nombres asimismo reconocidos: el también galardonado Eduard Fernández, como su padre; la francesa Philippine Leroy-Beaulieu, como su madre; y los veteranos Ramon Fontserè y Francesc Orella, como sus tíos; aparte de los ex alumnos de la ESCAC.
Con todo, Tres días con la familia no es una obra redonda. Veamos lo que escribió el profesor de cine de la Universitat Pompeu Fabra y asimismo crítico del diario Avui, Carlos Losilla (la traducción del catalán es mía): “La familia parece que es uno de los temas obsesivos del cine contemporáneo (...) Ahora es el turno de Tres dies amb la família, el debut de Mar Coll y también la más controlada de todas estas propuestas, la que navega por aguas más seguras, la que mejor sabe aquello que quiere conseguir y lo que persigue desde el primer fotograma. En el terreno del cine, sin embargo, este dominio de los elementos no siempre es beneficioso, y una planificación excesiva puede dar resultados contradictorios. Esto es lo que pasa con Tres dies amb la família, una película que llega sin problemas a su objetivo de hacer un tipo de cine de calidad y a la vez accesible en el panorama del país, pero que también sufre la consecuencia de tenerlo todo tan pensado: una cierta dinámica acaso demasiado previsible y artificial. (...) Faltan, no obstante, los matices, las rendijas por donde se cuela la historia de verdad, la capacidad de hacer presentes los fantasmas... Es el precio que paga Coll por un acabado impecable, que deja entrever un gran cuidado a la hora de acercarse al tema y una pericia técnica de primer orden. La cineasta barcelonesa domina el medio. Y este crítico no duda que en breve también logrará emocionarlo con sus imágenes". (“Una promesa”, Avui, 29-VI-2009).
En efecto, la frialdad y el apunte sólo sugerido o apenas desarrollado son las características de esta nueva directora. Con un final es abierto –da libertad al espectador– y aparentemente triste, logra un tono bastante esperanzador. Pero notemos que está empezando –es “una promesa”, dice el colega Losilla–, y ha comenzado con buen pie. Ganó el premio a la Mejor dirección en el Festival de Cine Español de Málaga. Apuntemos, pues, su nombre: Mar Coll.

“V. O. S.”, DE CESC GAY

Cuenta el juego de dos parejas, que mezclan sus avatares sentimentales con el rodaje de una película. Se trata de una historia de amor y amistad, que se plantea en versión original subtitulada –como indica ese V.O.S.– y combina ficción y realidad, al tiempo que evidencia la leve frontera que separa a ambas en la vida cotidiana.
Ciertamente, en esta nueva película de Cesc Gay (Barcelona, 1967), se confunde lo que es cine –pues el relato transcurre prácticamente en un plató– y lo que es la vida ordinaria de los cuatro protagonistas. Y cómo ésta influye en la propia creación cinematográfica. Apenas sabemos si estamos contemplando una relación y es sólo el juego de la puesta en escena. No obstante, esa confusión narrativa da cierta originalidad a un filme que el espectador sigue complacido y contempla con sumo interés.
El director de Krámpack (2000), En la ciudad (2003) y Ficción (2006) nos ha vuelto a sorprender con una obra madura, basada una pieza escénica de Carol López, que en el año 2005 interpretó su mujer –la actriz Àgata Roca– en el Teatre Lliure de Barcelona, junto a los otros tres compañeros de reparto.
Si la obra teatral se anunciaba con una célebre frase de Woody Allen –“La pareja es cuestión de suerte. Pienso que es algo totalmente fuera de nuestro control. Sólo un feliz accidente puede conseguir que dos personas que se quieran lleguen a encajar perfectamente las piezas para así poder disfrutar de toda una vida”–, la película convierte a los cuatro personajes en actores, lo que no sucedía en el escenario, y ambienta la historia en un rodaje, con furtivas salidas a la Ciudad Condal. De ahí que algún crítico haya titulado su reseña –parangonando a la frívola comedia de Allen– como “Vicky Clara Barcelona”.
Pero Cesc Gay va mucho más lejos que el genial cómico estadounidense. Dejemos que hable de su puesta en escena y voluntad de expresión: “Es la historia de dos parejas que no son dos parejas. La trama es amorosa, pero con muchas capas. En un juego de cuatro personajes atrapados en una película, entre la realidad y la ficción de sus vidas. La base de los diálogos se mantiene, porque los actores fueron partícipes de ellos y yo me aprovecho de esto. El dónde y el cómo suceden las cosas es lo que he cambiado. Normalmente, como ya hice con Krámpack, las adaptaciones de textos teatrales y literarios intentan, como el término indica, adaptarse al medio al que van destinados. En este caso se trataba de adaptar y transformar también la puesta en escena de la obra, sus juegos y recursos narrativos propiamente teatrales en los adecuados para un largometraje cinematográfico. Se entiende que esto es lo correcto, lo que hay que hacer, lo razonablemente sensato, lo que nadie pone en duda e incluso lo que el espectador quiere. Sentí, desde aquel primer momento, que tenía que hacer lo contrario. Una adaptación al uso habría situado en espacios reales las diferentes escenas de la obra. Pisos, calles, coches, bares. El cine parte casi siempre de la realidad de las situaciones. Se busca la credibilidad. Un guionista obediente se hubiera concentrado en las tramas de la obra para desarrollarlas de forma realista en un marco urbano y posiblemente hubiera tenido que eliminar aquellos momentos que no hubiera sido capaz de hacer creíbles; aquellos que a mí me sedujeron”.
En efecto, V.O.S. es un filme que ofrece una aguda reflexión crítica sobre las relaciones entre el arte cinematográfico y la existencia cotidiana, sobre la verdad y el engaño; o acerca de las relaciones humanas, en una palabra. Acaso ahí está su máximo valor, a la vez que manifiesta el carácter cinéfilo de su autor. Por tanto, el realizador catalán continuaría manifestándose en estos términos: “Reflexioné sobre el valor de la cuarta pared en el teatro y la dificultad de conseguir esa sensación desde la pantalla de una sala de cine. Empecé a pensar en películas. Me venían a la memoria las imágenes del océano de Y la nave va de Fellini y algunas muchas otras historias. Luego recordé los últimos filmes de Lars von Trier. La utilización que hizo del plató en Dogville como lugar que engloba los espacios apenas apuntados. Tratamientos formales aparentemente más cercanos al escenario teatral. Así decidí situar la historia, casi por completo, en un plató. Transformarla en un rodaje. Convertí al escritor en guionista. Como espectadores asistimos al rodaje de lo que está escribiendo cual ficción en directo. Quiero darle a los personajes el valor, no de actores de algo que vemos que se está filmando como muchas veces hemos visto en el cine, sino de actores de nuestra propia película. El equipo de rodaje, los decorados, el dentro y el fuera, la ficción y la realidad se entrecruzan, se confunden y se convierten en una misma cosa descubriendo todos sus trucos y toda su carpintería propiamente cinematográfica. El mundo imaginario del teatro no está en el cine, que ha evolucionado hacia una búsqueda de realismo. Yo aquí no busco reflejar la realidad”.
Versión Original Subtitulada es una obra ácida y divertida a la vez, inteligente y romántica, tierna e irónica, que también habla de la falta de libertad y puede resultar un acicate para el pensamiento del público aficionado al que va dirigida, cinéfilo o amante de este tipo de comedias. El mismo director y guionista la definiría así: “Pensé que el cine ha perdido esa libertad y anoté dos frases en un papel: hay que mirar a los ojos del espectador como desde un escenario. Hay que mentirle todo el rato... y hay que decírselo”.
Asimismo, cabe destacar ese reparto coral que llena la pantalla: la mencionada Àgata Roca, como la simpática Clara, su delicada antagonista Vicenta Ndongo, y los “partenaires” vascos Paul Berrondo y Andrés Herrera, que hablan euskera en algunos pasajes del filme.
Obviamente, estamos ante una película importante, que pienso hará historia en el cine español y catalán.

lunes, junio 01, 2009

PELÍCULAS RECOMENDADAS (12) PARA ESTE VERANO'09



APPALOOSA (USA, 2007), de Ed Harris, con Viggo Mortensen, Ed Harris, Jeremy Irons y Renée Zellweger. Color - 114 minutos.
Western clásico, siguiendo el estilo de los maestros del género, que reúne las constantes de las populares cintas del Oeste. Bien interpretada, contiene secuencias que rememoran a grandes películas. Gustará más a los aficionados al cine épico. En la misma línea creadora cabe recomendar también el remake de El tren de las 3:10 (2008), de James Mangold, con Russell Crowe y Christian Bale.

BELLA (México-USA, 2007), de Alejandro Monteverde, con Eduardo Verástegui, Ali Landry y Tammy Blanchard. Color - 91 minutos.
Melodrama romántico, con grandes valores humanos. Se trata de una película independiente y "comprometida", que plantea algunos temas transcendentes con delicadeza y sin caer en el sermón. Recibió el Premio Familia 2008. Vale la pena documentar este film con el libro de Jaume Figa y Tim Drake, Una bella historia (Madrid: Palabra, 2009).

EL CABALLERO OSCURO (USA, 2008), de Christopher Nolan, con Christian Bale, Heath Ledger y Maggie Gyllenhaal. Color - 152 minutos.
Nueva película de la saga del famoso cómic, bien interpretada por Christian Bale como Batman y por el “oscarizado” póstumo Heath Ledger como Joker, que ha batido records de taquilla en todo el mundo. Es un espectáculo muy brillante, no exento de humanidad.

LA CLASE (Francia, 2008), de Laurent Cantet, con François Bégeaudeau, Nassim Amrat y Laura Baquela. Color - 128 minutos.
Ganadora de la Palma de Oro en Cannes’08, esta película cuenta un curso de la vida de una clase de 3º de Secundaria en un instituto de mayoría inmigrada en París. Basada en el libro de un profesor galo, que se interpreta a sí mismo en el film, gustará especialmente a los educadores.

EL DESAFÍO: FROST CONTRA NIXON (USA-GB, 2008), de Ron Howard, con Frank Langella, Michael Sheen y Tobu Jones. Color - 122 minutos.
Narra la génesis y el ambiente de las célebres entrevistas que el dimitido presidente Richard Nixon concedió al periodista inglés David Frost, hasta entonces conductor de programas de variedades. Aunque el film está basado en una obra teatral, resulta una crónica apasionante, bien interpretada, que nos aproxima a la personalidad humana del fallecido político estadounidense.

GRAN TORINO (USA, 2008), de Clint Eastwood, con Clint Eastwood, Christopher Carley y Bee Vang. Color – 116 minutos.
Importante película dramática de este veterano maestro del cine americano, que demuestra en su madurez (79 años) gran genialidad como creador. Con cierta dureza de imagen y situaciones límite (el lenguaje es grosero), trata de la redención con acierto ético y revisa críticamente el personaje de interpretó en los spaghetti-western y en el cine policíaco (la popular serie de Harry).

EL INTERCAMBIO (USA, 2008), de Clint Eastwood, con Angelina Jolie, John Malkovich y Amy Ryan. Color - 141 minutos.
Nueva obra maestra de Clint Eastwood –autor también de la partitura musical–, que relata una historia real (Los Ángeles, 1928-1935). Es un melodrama de suma perfección artística, con crítica sociopolítica y defensa de la dignidad humana. Sin duda, es el mejor clásico de este año. Artísticamente resulta bastante superior a la antes recomendada Gran Torino.

EL NIÑO CON EL PIJAMA A RAYAS (GB-USA, 2008), de Mark Herman, con Asa Butterfield, Vera Farmiga y David Thewlis. Color - 96 minutos.
Puesta en imágenes del también recomendable best-seller de John Boyle. Se trata de una nueva película sobre el Holocausto, llena de humanidad, que gustará a todo tipo de público. Perfectamente ambientada e interpretada. También resulta interesante sobre este tema Good (2009), de Vicente Amorim, con Viggo Mortensen y Jason Isaacs.

SLUMDOG MILLIONAIRE (GB-India, 2008), de Danny Boyle & Lovelee Tandan, con Dev Patel, Freida Pinto y Amil Kapoor. Color - 120 minutos.
Ganadora de los principales Oscars de Hollywood del presente año, está basada en una novela del diplomático indio Wikas Swarup. Como si fuera una relectura de Dickens, el relato –ambientado en el Bombay actual– combina el clasicismo con la modernidad. Resulta divertida y conmovedora, aunque no escatima dureza en algunas escenas realistas. Hay un homenaje final a los “musicales” de Bollywood.

VALKIRIA (USA, 2008), de Bryan Singer, con Tom Cruise, Kenneth Branagh y Tom Wilkinson. Color - 120 minutos.
Crónica pormenorizada del frustrado atentado a Hitler en las postrimerías de la II Guerra Mundial. El galán Tom Cruise encarna al célebre coronel Claus von Stauffenberg. Muy bien ambientada, gustará no sólo a los aficionados a la Historia, sino a todo tipo de público. Aunque es una película comercial, resulta superior a la también recomendable Oh, Jerusalén (2008), de Elie Chouraqui, basada en el best-seller de Lapierre y Collins.

THE VISITOR (USA, 2008), de Thomas McCarthy, con Richard Jenkins, Hiam Abbas y Haaz Sleiman. Color - 104 minutos.
Cuenta la historia de un profesor universitario en crisis, que llega a Nueva York para participar en un congreso y encuentra su apartamento ocupado por una pareja de inmigrantes: un sirio y una chica de Ghana. Cinta sobria, solidaria y plena de humanidad, que gustará especialmente a los cinéfilos.

WALL-E (USA, 2008), de Andrew Stanton. Animación. Color - 98 minutos.
Impresionante película made in Pixar –la actual líder del género–, que divertirá a grandes y chicos. Plena de lirismo y comicidad, toca con acierto el problema ecológico del nuestro mundo. Ganadora del Oscar’2008 al Mejor film de animación, es una obra magistral. Asimismo, cabe recomendar –aunque con personajes reales– Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian (2008), de Andrew Adamson, segunda parte de la saga de C. S. Lewis.
(Publicado en http://www.cinemanet.info/, 5-VI-2009).

martes, mayo 05, 2009

"LOS ABRAZOS ROTOS". ALMODÓVAR LINDANDO EL CULEBRÓN INTELECTUAL


Dos largos años ha tardado Pedro Almodóvar de regresar al plató. Tras el éxito de Volver –su película más taquillera (véase reseña más abajo)–, nos ha sorprendido con un filme más entroncado con su primera época y el cine negro de La mala educación (2003). Una pieza que no acaba de convencer, pero que conserva ese estilo característico, que le ha hecho célebre en todo el mundo como cineasta.

En efecto, Los abrazos rotos (2009) es una obra de autor, donde Almodóvar parece “rizar el rizo” a su filmografía. Incluso cierra el filme con un episodio que rememora Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) sin ningún pudor, y que titula “Chicas y maletas”. Acerca de este auto-homenaje, se defiende así:

"Cuando escribí el guión decidí que Mateo Blanco estuviera rodando una comedia porque es el género opuesto al drama que viven los protagonistas, de este modo sus problemas adquirían mayor relevancia, y los esfuerzos de Lena por conseguir el tono ligero y chispeante que la comedia exige resultaban más notorios y patéticos.
Sólo necesitaba tres o cuatro secuencias de “Chicas y maletas”, que sirvieran de fondo a la historia principal, pensé que lo mejor era adaptar material propio, en que pudiera moverme con total libertad. Por esa razón elegí Mujeres al borde de un ataque de nervios.
En el monólogo de las fantasías eróticas de una concejala de asuntos sociales recupero ese tono libérrimo, lúdico, políticamente muy incorrecto, incontenido y grosero de la Patty Diphusa de principios de los ochenta. Confieso que ha sido una experiencia refrescante y liberadora".

Pero, ante todo, Los abrazos rotos es una historia de “amour fou”, un melodrama que está lindando el culebrón tan querido por este autor. Y, asimismo, un thriller que evoca al cine americano de los años 50. Es obvio que, con los años y las canas, Pedro Almodóvar se ha transformado en un cinéfilo.
Ciertamente, de declaración de amor al Séptimo Arte cabría calificar a su último filme, con referencias explícitas a Fritz Lang, Louis Malle, Michael Powell, William Wyler y Roberto Rossellini; aunque el relato chirría por sus habituales obscenidades y concesiones, junto a esos decorados pretendidamente kitsch que resultan un tanto cargantes. Pero dejemos que hable de nuevo el cineasta sobre su voluntad de expresión:

"El cine juega un papel muy importante en todas mis películas, no lo hago como un alumno que reverencia a sus directores progenitores, no hago películas a la manera de... Cuando un autor o una película aparece dentro de las mías lo hace de un modo más activo que el del simple homenaje o guiño al espectador.
También en Los abrazos rotos utilizo la transparente sencillez de Viaggio in Italia (Te querré siempre, 1954), de Rossellini, para mostrar el efecto que causa en Lena-Penélope el descubrimiento de la pareja calcinada en Pompeya dos mil años antes.
Siento que es la primera vez que hago una declaración expresa de amor al cine; no con una secuencia en concreto, sino con toda una película. Al cine, a sus materiales, a las personas que se desviven alrededor de los focos, a los actores, a los montadores, a los narradores, a los que escriben, a las pantallas donde se ven las imágenes moviendo intrigas y emociones. A las películas como se hicieron en el momento en que se hicieron. A algo que aunque se pueda vivir de ello, no es sólo una profesión sino una pasión irracional".

No obstante, dudo que muchos espectadores capten esa intencionalidad. De ahí el relativo éxito que está teniendo la película. Con todo, se están agotando las reservas en el hotel de la isla volcánica de Lanzarote, donde rodaría una pequeña parte del filme.

Más interesante resulta la relación entre padre e hijos, maternidad y paternidad; es más, de la ausencia del padre. La familia, en una palabra. Otra constante de la obra almodovariana. También la productora Judit (espléndida Blanca Portillo) tiene mucho que esconder. Y habla del dolor y la venganza, de la conciencia de culpa y el arrepentimiento, del amor y el perdón. Por eso el especialista Juan Orellana comentaría:

"Almodóvar vuelve a tocar la cuestión del padre ausente. El momento más sobrecogedor del film es el que nos muestra al padre de Lena, en fase de cáncer terminal. Pero la búsqueda inconclusa del padre de Todo sobre mi madre culmina aquí recomponiéndose el vínculo padre-hijo, aunque por supuesto sigue ausente un modelo de familia válido. Como siempre, los personajes de Almodóvar están solteros o divorciados o mantienen relaciones atípicas".

Asimismo, está presente el tema del doble. El protagonista, Mateo Blanco (notable Lluís Homar, ya convertido en “actor Almodóvar”), tiene dos nombres: cuando empieza a llamarse Harry Caine lo hace para huir de sí mismo; pues su realidad como ciego es insoportable. Sólo puede sobrevivir “duplicado”. Antes del accidente, ese nombre ya era una prolongación de sí mismo: se había inventado ese seudónimo para firmar los guiones. Como para muchos cineastas, la ficción es sólo un ensayo de la realidad. Pedro Almodóvar lo concretaría mejor con estos términos:

"El cine es la profesión de varios personajes de Los abrazos rotos. Siempre lo he dicho, el cine para mí es “representación” de la realidad, y a veces su más fiel reflejo, su “duplicación”.
“Dos” son los personajes que Penélope Cruz incorpora en Los abrazos rotos. Magdalena, una mujer demasiado guapa y demasiado pobre para resistir la generosidad envenenada del magnate Ernesto Martel. Y Pina, su contrafigura, la protagonista de “Chicas y maletas”.
El cine y la realidad: Dos cabalgan juntos. (Y evoca aquí el título de una película de John Ford).

En fin, que Almodóvar se nos ha vuelto intelectual; ahora que ha cumplido los 60 años. De ahí que el escritor Gustavo Martín Garzo le dedicara prácticamente un ensayo en El País (“Una casa de lava”, 19 de marzo de 2009), donde desentraña lo que no se ve en una primera lectura del filme. O va más allá del propio autor.

lunes, abril 27, 2009

"CATALUÑA ESPANYA", de Isona Passola & Joan Dolç

Este “comprometido” documental se presentó en la festividad de San Jordi’09 (la “Diada” en Cataluña), cuando en las más populares avenidas de Barcelona se celebraba la multitudinaria fiesta del Libro y la Rosa

Se trata del notable debut en la dirección cinematográfica de una veterana productora, Isona Passola, quien ha contado con el coguionista Joan Dolç como realizador y montador. De ahí que, en rigor, haya que dar la autoría del filme a sendos cineastas.

Con el eslógan jo només vaig a veure pel·lícules que acabin bé (“yo sólo voy a ver películas que acaben bien”), los autores manifestaron así su voluntad de expresión (que traduzco también del catalán):

“Hoy es más necesario que nunca que los catalanes nos expliquemos aquí y fuera. Hasta este momento, parece que no se haya encontrado la manera de que Cataluña y España encajen. La desinformación, el desconocimiento y la poca difusión en el resto del Estado, hacen que sea necesario, ahora más que nunca, un esfuerzo de reflexión de la sociedad civil. El diálogo se ha de abrir en un horizonte moderno y europeo.

Queremos, como lo hizo La pelota vasca de Julio Médem en su momento, empujar a la reflexión con la visión serena de pensadores de todas las tendencias, más que con la de los políticos, que tienen todo el espacio en los medios. Desde Toni Soler a Xavier Rubert de Ventós, pasando por Albert Boadella; de José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano a Luis María Ansón, pasando por el humorista Máximo, y más de cuarenta hombres y mujeres RAZONANDO y SACUDIENDO nuestros prejuicios, sobre el sentido de los Estados y de las Naciones, ¡ahora que ya es el futuro!”.

Francamente, el tándem Passola-Dolç consigue con creces sus objetivos. La película resulta apasionante, las entrevistas se siguen con fruición. Isona Passola evita en esos diálogos ante la cámara el propio protagonismo; pues nunca sale en el plano. Y deja hablar a sus anchas a pensadores, gente de letras, filósofos y políticos, que exponen con entera libertad sus a veces encontradas visiones sobre cada cuestión. Asimismo, Joan Dolç combina las figuras con imágenes que enriquecen o aclaran el contexto al que se refieren los 34 entrevistados, evitando la pesadez del “busto parlante” y haciendo más dinámica la narración.

Cataluña Espanya –su título ya dice mucho– ofrece luces sobre unos temas que han estado y siguen hoy controvertidos por la opinión pública: la persecución de la lengua vernácula durante el primer franquismo y su actual pretendida imposición, el nuevo Estatuto de Autonomía y el problema de la financiación, el nacionalismo y la unidad de España, el independentismo y la autodeterminación... En fin, prácticamente no se echa de menos ningún tema candente.

Además, todo ello se expone con moderación y cierta apertura, sin caer en radicalismos ni en la tendenciosidad que nos tienen acostumbrados este tipo de películas, habitualmente cerradas. Un 10, por tanto, para su eficiente equipo técnico-artístico. Por eso, bajo el epígrafe “Un filme siempre oportuno”, el periodista José Rico se pronunciaría en estos términos:

“La idea no es nueva. El inspirador fue Julio Médem. La cinta, de hora y cuarto de duración, se gestó en una conversación entre Passola y el director vasco, quien le confesó que se arrepentía de haber realizado La pelota vasca por el hostil recibimiento que había propiciado.
Pero Passola da por hecho que la acogida de su obra no será la misma, a pesar del paralelismo con el filme de Médem, que viene a la cabeza del espectador a lo largo de cada tema que aborda: el catalán, los papeles de Salamanca, las balanzas fiscales, la cuestión identitaria, los orígenes de España, la transición, el Estatut, la financiación y el independentismo.
La idoneidad del momento parece fuera de toda duda. Cualquiera de estos temas pasados o actuales (y otros que vendrán) explotan los recelos de España hacia Catalunya y viceversa, por lo que la directora confiesa que se trata de un trabajo “siempre oportuno”.
Además, difícilmente puede disgustar. Para los catalanistas o españolistas convencidos, es un bálsamo reconfortante. Y para los que nadan entre dos aguas, algunas opiniones les convencerán de que las etiquetas no suelen ser buenas. No se podrá acusar de españolista a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, ponente constitucional que afirma sin cortapisas que “Catalunya es una nación, y Madrid no”. Tampoco a un catedrático de Historia de la Universidad de Castilla-La Mancha como Juan Sisinio Pérez Garzón, quien admite que Catalunya sale perjudicada con la financiación autonómica y que sitúa el origen de la nación española con la Constitución de 1812, y no 300 años atrás. Ni se podrá tachar de radical a Riquer cuando reconoce abiertamente que Catalunya “no se ha sabido explicar bien” en España”. (Cfr. “La película Cataluña-Espanya profundiza en los recelos con que se miran las dos naciones”, en El Periódico de Catalunya, 26 de abril de 2009).

Por otra parte, aparecen imágenes televisivas de José María Aznar, Mariano Rajoy, Alfonso Guerra, Rodríguez Ibarra, Carod-Rovira..., entre otros líderes de la Oposición y del Gobierno de la izquierda, que resultan muy clarificadoras y sirven como contrapunto al relato; al igual que la voz en off de César Vidal, desde “La Linterna de la COPE”, que abre el filme. También se incluye, en los títulos de crédito finales, la lista de aquellas personas representativas que no aceptaron ser entrevistadas, como Pilar del Castillo, Miquel Roca Junyent, Jiménez Losantos o Pedro J. Ramírez.

No sé si Cataluña Espanya contribuirá a un mejor entendimiento de y en nuestro país. Pero, sin duda, puede servir como punto de partida para un sano y amplio debate público entre los ciudadanos del Estado español.

lunes, marzo 30, 2009

PRESENTACIÓN EN BARCELONA DEL LIBRO SOBRE WOODY ALLEN


El 19 de marzo, el alcalde de Barcelona presidió el acto de presentación del libro Woody Allen, barcelonés accidental. Solo detrás de la cámara. Reproducimos a continuación el discurso de su autor -pronunciado en catalán- ante más de un centenar de asistentes, entre los que se contaban los directivos de la Acadèmia del Cinema Català y de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España


En primer lloc, voldria agrair Ediciones Encuentro de Madrid la publicació d’aquest llibre, perquè hi ha més d’un centenar d’obres que tracten sobre Woody Allen.
En segon lloc, el meu agraïment al Il·lm. Sr. Jordi Hereu, alcalde de Barcelona, qui presideix personalment aquesta presentació a la Ciutat Comtal, i també al professor Daniel Arasa, gran periodista i director de CinemaNet, el qual ha gestionat amb l’eficàcia que el caracteritza l’acte.
Tanmateix, el meu agraïment al reconegut col·lega Lluís Bonet-Mojica, crític de cinema de La Vanguardia i el millor deixeble de José Luis Guarner, que ha tingut la deferència de ser el meu padrí en aquesta presentació. A més, Bonet va ser el primer periodista de l’Estat espanyol que va entrevistar en exclusiva a Woody Allen.
Per últim, a tots vostès, que amigablement han vingut a aquest acte; però voldria citar de manera especial al Dr. Juan Ignacio Vargas, amb qui vaig organitzar un cicle titulat "Woody Allen, solo detrás de la cámara", que fou l’origen del present llibre.

Com ara em toca parlar a mi, he pensat afegir aquí el que no vaig tenir temps de fer en la primera edició d’aquest senzill assaig: criticar molt breument la darrera pel·lícula de Woody Allen que encara tenim en cartell, Vicky Cristina Barcelona, i la qual ha generat el primer Oscar a una actriu espanyola, Penélope Cruz. Així, doncs, resta completat, de moment, el meu assaig.

Vaig veure aquesta comèdia en una sessió prèvia per a la premsa, invitat per una emissora de ràdio, la qual anava a entrevistar-me com autor d’un nou llibre sobre el gran cineasta nord-americà. Fou en el programa “El Món a RAC1”, amb el popular Jordi Basté, qui després d’entrevistar en exclusiva al mateix Allen –11 minuts–, vaig parlar darrera del mestre: 9 minuts sobre Woody Allen, barcelonés accidental. Solo detrás de la cámara. Interviu que suposo haurà beneficiat la venda del llibre, aprofitant també el “boom” mediàtic de la pel·lícula en qüestió; com, sens dubte, el beneficiarà ara aquesta presentació oficial a Barcelona, a tres setmanes de la concesió de l’Òscar 2008 a Penélope Cruz com a Millor actriu de repartiment.
Amb tot, cal afegir que el nostre Ajuntament va ser la primera institució catalana que va reconèixer Woody Allen –molt poc després del premi Príncep d’Astúries de les Arts i molt abans del premi Donostia del Festival de San Sebastià i del Doctorat honoris causa de la Universitat Pompeu Fabra– amb el nomenament d’Amic de Barcelona, el mes de setembre del 2003. Perquè el cineasta de Manhattan és un enamorat de la Ciutat Comtal, estima Barcelona, la qual considera tan cosmopolita com París i Nova York. A més, a casa nostra ha donat nombrosos concerts amb la seva banda de jazz. Una relació amb la capital catalana que comentarien molt bé l’esmentat Lluís Bonet i el catedràtic J. A. González Casanova, tal com reprodueixo en aquest llibre.
Però, francament, Vicky Cristina Barcelona no em va agradar massa. No obstant això, el nostre l’alcalde Jordi Hereu i el coproductor Jaume Roures estan feliços, perquè la pel·lícula ha promocionat la Ciutat Comtal i rendit molt en taquilla. El públic barceloní (recordem que a Europa “funcionen” millor les pel·lícules de Woody Allen que en Estats Units) ha anat a veure la cinta, encara que després tampoc li hagi agradat pas. És a dir, la nova obra d’aquest geni de la pantalla, filmada a Espanya, és una peça menor, quasi “d’encàrrec”, la qual no està a l’alçada de la millor filmografia; però denota la personalitat del seu autor. Sens dubte, és un Woody Allen.
En efecte, el mestre Allen sap fer cine de veritat. És innegable. Fins i tot, aquí sap treure partit dels intèrprets espanyols (Penélope Cruz, després del premi “Gaudí” de l’Acadèmica del Cinema Català i del “Goya” de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, va guanyar el premi del cinema “indie” un dia abans de l’Òscar de Hollywood 2008) i també estrangers –Rebecca Hall, especialment–; però incideix massa en els escenaris naturals, en la arquitectura de Gaudí i en els mites de l’Espanya eterna. Potser el crític i col·lega universitari Àngel Quintana, delegat a Catalunya de Cahiers de Cinéma-España, és qui millor ho ha comentat en aquesta revista especialitzada. Editada a Madrid, la citació és en castellà:

"El primer problema que genera el film surge cuando comprobamos que Allen lo mezcla todo sin ningún tipo de matiz cultural. El cineasta pasa tranquilamente del modernismo catalán a los dramas lorquianos, coloca las nadalas en tierra asturiana y la guitarra de Paco de Lucía en los bares más chic de Barcelona. La mezcla desemboca en la revisitación de los tópicos eternos que han configurado un determinado imaginario español en Hollywood. Así, el macho polígamo interpretado por Javier Bardem no cesa de proyectarse como una extensión del mito de Don Juan, mientras que la mujer vengativa y de sangre caliente (Penélope Cruz, la mejor de la función) no es más que la réplica eterna de Carmen".


Per tant, Vicky Cristina Barcelona és la visió que tenen d’Espanya els nord-americans; per això el narrador va explicant el decencís i les aventures sentimentals d’unes dones que cerquen denodadament l’amor on no es troba. Altra vegada els constants del sexe i l’amor autèntic, que cap dels protagonistes aconsegueix, són presents en aquesta pel·lícula. Y al final, no només les joves estadounidencs tornen decebudes al seu país, sinó que els espanyols –que no catalans– resten pijor que estaven.
Vicky Cristina... no és, doncs, una comèdia superficial, la “españolada” ni Barcelona o Asturias de tarja postal, com se l’ha acusat des d’alguns mitjans de comunicació de casa nostra. El que passa és que en Woody Allen no acaba de aprofundir en el seu discurs, ja que no aconsegueix ni tampoc ho intenta cap anàlisi social.

En canvi, la crítica nord-americana ha estat favorable. Conservo en els meus arxius ressenyes dels diaris de Washington –que em va portar el doctor Rafael de España, a qui he dedicat aquest llibre– que ho confirmen. Tanmateix, a finals del passat mes d’agost el film ja tenia acumulat als Estats Units una taquilla de 18,4 milions de dòlars. A España, en el primer cap de setmana va recaptar 2,2 milions d’euros, amb 351.000 espectadores. Tot un rècord. A hores d’ara la recaptació a l’Estat espanyol és de 7.487.133 euros, amb 1.244.167 espectadors.
Tot i això, Woody Allen no ha reflectic l’idiosincràsia de la gent de casa nostra –recordem que és un “barcelonés accidental”, en frase prestada de Carlos Ruiz Zafón– com ho ha fet de la seva estimada Nova York i, fins i tot, de Londres en la reconeguda trilogia sobre el món britànic. En aquests darrers films parlava dels altres dues constants de la seva obra: la Mort i el Més enllà, i de la existència de Déu –en el fons, crec que Woody Allen busca Déu, cerca la veritat – i, també, parla molt de la solitud. Una temàtica força present en el cinema contemporani.
Per acabar, Vicky Cristina Barcelona tracta, en síntesi, de dues joves turistes nord-americanes, així com d’espanyols en clau de comèdia agridolç; pero no molt més. Ara bé –insisteixo–, amb la personalitat del seu autor i amb els “fantasmes” de Don Juan i Carmen en l’escenari. I, sens dubte, la Penélope Cruz –com va reconèixer a la recent gal·la de Los Ángeles– també deu l’Oscar de Hollywood al mestre Allen.
Però si volen saber una mica més sobre l’actitud ètico-antropològica d’en Woody Allen i de la seva relació sentimental amb Barcelona, els convido a llegir aquest llibre. Moltes gràcies.

JOSEP MARIA CAPARRÓS LERA (Sant Josep, 19 de març de 2009).

domingo, marzo 08, 2009

El lector / el experto: "VALKIRIA"


RUBEN MATEU desde Lleida, preguntó en la secció de "Opinión" de El Periódico de Catalunya, ¿En qué consistió la Operación Valkiria? A lo que fui convocado para contestarle. Reproduzco el texto tal como apareció en este diario barcelonés


"Debido al curso desfavorable para el Tercer Reich de la Segunda Guerra Mundial, se estableció un plan de emergencia militar para utilizarlo en el caso de una revuelta en la retaguardia. La operación implicaba la movilización de unidades de la Wehrmacht para restablecer la autoridad y tomar el control de la ciudades.

El plan fue utilizado por el coronel Claus von Stauffenberg -que dirigió un intento fallido para acabar con la vida de Hitler mediante un atentado con bomba- para dar un golpe de Estado y arrestar a los líderes nazis y desarmar a las SS y a la Gestapo, y así poner fin a la guerra. Todos los conspiradores fueron ejecutados o se suicidaron.

La película Valkiria narra esos hechos con bastante precisión, pero no llega a profundizar en las motivaciones de los protagonistas ni en la psicología de los personajes.

J. M. Caparrós Lera

Profesor titular de Historia Contemporánea y Cine en la Universidad de Barcelona"


(Publicado en El Periódico de Catalunya, 7 de marzo de 2009, pág 9)

martes, febrero 24, 2009

UNOS OSCARS NADA CONVENCIONALES


Penélope Cruz, la primera actriz española que alcanza la estatuilla dorada, con Sean Penn y Kate Winslet


La 81 ceremonia de los preciados Oscar de Hollywood tuvo como primera protagonista a nuestra Penélope Cruz, que con su interpretación secundaria en Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen, logró merecidamente el premio a la Mejor actriz de reparto 2008.
Sin embargo, la gran triunfadora de esa noche dorada del Séptimo Arte fue la película anglo-india Slumdog Millionaire, del británico Danny Boyle, otro filme innovador de este autor vanguardista que no dejará indiferente al público mundial. No obstante, es una película más dirigida a cinéfilos que tuvo gran dificultad de distribución en España y pensó lanzarse directamente al mercado del videoclub. Gracias al empuje y atrevimiento de Julio Fernández, Filmax optó por estrenarla en las salas y ahora ha recibido su recompensa: ocho Oscars, a la Mejor película, Mejor director, Mejor guión adaptado, Mejor fotografía, Mejor montaje, Mejor música, Mejor canción y Mejores efectos de sonido.
Por otra parte, el más convencional filme de David Fincher, El curioso caso de Benjamin Button –un producto brillante, que parecía realizado para los Oscar y tenía 13 nominaciones– sólo se llevó tres galardones técnicos: Mejores dirección artística, maquillaje y efectos visuales; mientras la otra gran candidata de esta 81 edición, Mi nombre es Harvey Milk, de Gus Van Sant, obtuvo únicamente dos: Sean Penn, como Mejor actor protagonista, y el correspondiente al Mejor guión original, que reivindica a un célebre activista gay y líder político californiano que sería asesinado.

Otra película con un fondo equívoco fue The Reader (El lector), de Stephen Daldry, con la cual su protagonista, la eterna candidata Kate Winslet, finalmente se llevó el Oscar a la Mejor actriz. Aquí interpreta a una celadora que tiene relaciones sexuales con un menor y, años después, éste descubre el pasado nazi de una mujer que le dejó traumatizado. Por otro lado, el premio al Mejor actor secundario recayó en el fallecido Heath Ledger, por su interpretación en El caballero oscuro, nueva secuela de Batman que logró el Oscar al Mejor sonido.
Asimismo, la singular película de animación Wall-E, de Andrew Stanton, resultaría otra triunfadora de la noche; al tiempo que el Oscar al Mejor filme extranjero fue para el japonés Okuribito, de Yojiro Takira, aún no estrenado en España. Y poco más, entre los importantes. Con todo, se fueron de vacío Angelina Jolie, gran intérprete de la obra maestra de Clint Eastwood, El intercambio, y los notables trabajos de Frank Langella, en El desafío: Frost contra Nixon, y del "recuperado" Michey Rourke, en El luchador, así como el original filme de animación Vals con Bashir, del israelí Ari Folman.
Pero volviendo a la joven actriz de Alcobendas (Madrid), cabe decir que Penélope Cruz, muy emocionada en el escenario del Kodak Theatre de Los Ángeles, agradeció en buen inglés a sus orígenes la preciada estatuilla: a su familia, y también a los cineastas que la lanzaron al estrellato: Pedro Almodóvar, Bigas Luna, Fernando Trueba y, más especialmente, a Woody Allen. Dice el refrán, que “es de bien nacidos ser agradecidos”. Déjenme decirlo popularmente: Pe se lo ha currado. El endémico cine español está de enhorabuena. Y los aficionados autóctonos no envidiosos, felices.
(Publicado en www.cinemanet.info)

domingo, enero 25, 2009

MÁS PELÍCULAS RECOMENDADAS (11)


Nueva relación de filmes, que recomiendo para un público amplio. Como en las listas anteriores, señalo con un asterisco (*) las películas más dirigidas a mayores o que pueden gustar especialmente a espectadores de Tercera edad. También indico los títulos idóneos para cinéfilos y menores.


Últimos estrenos:

- Appaloosa*
- Bienvenidos al Norte (cinéfilos)
- El cant dels ocells (cinéfilos)
- City of Ember (En busca de la luz)
- Cartas para Jenny*
- La clase
- El desafío. Frost contra Nixon*
- La duda*
- Gran Torino*
- El intercambio*
- Mongol*
- Resistencia*
- Slumdog Millionaire (cinéfilos)
- El valiente Desperaux (menores)
- Valkiria*


DVD recientes:

- Bella*
- El caballero oscuro
- Che: el argentino
- Las crónicas de Narnia 2. El príncipe Caspian (menores)
- Hace mucho tiempo que te quiero*
- High School Musical 3
- Horton (menores)
- La isla de Nim (menores)
- Lars y una chica de verdad
- Los limoneros
- El niño con el pijama a rayas*
- Los niños de Huang Shi
- Penélope
- El tren de las 3:10*
- Ultimátum a la Tierra
- Viaje al centro de la Tierra (menores)
- Wall-E (menores)

lunes, diciembre 22, 2008

6 PELÍCULAS RECOMENDADAS PARA ESTAS NAVIDADES

El intercambio, la magistral película de Clint Eastwood

Cuando llegan las fiestas, bastantes aficionados me piden les recomiende algunos títulos para ver en familia.
Ahí va, pues, una selección de seis filmes de categoría artística para disfrutar con el buen cine (por orden alfabético):


Jóvenes


APPALOOSA (USA, 2007), de Ed Harris, con Viggo Mortensen, Ed Harris, Jeremy Irons y Renée Zellweger. Color - 114 minutos.
Western clásico, siguiendo el estilo de los maestros del género, que reúne las constantes de las populares cintas del Oeste. Bien interpretada, contiene secuencias que rememoran a grandes películas. Gustará más a los aficionados al cine épico.

BELLA (México-USA, 2006), de Alejandro Monteverde, con Eduardo Verástegui, Ali Landry y Tammy Blanchard. Color - 91 minutos.
Melodrama romántico, con grandes valores humanos. Se trata de una película independiente y "comprometida", que plantea temas transcendentes sin caer en el sermón. Ha recibido el Premio “Familia” 2008.

EL INTERCAMBIO (USA, 2008), de Clint Eastwood, con Angelina Jolie, John Malkovich y Amy Ryan. Color - 141 minutos.
Nueva obra maestra de Clint Eastwood –autor también de la partitura musical–, que relata una historia real (Los Ángeles, 1928-1935). Es un melodrama de suma perfección artística, con crítica sociopolítica y defensa de la dignidad humana. Sin duda, el mejor clásico de este año.


Menores

BOLT (USA, 2008), de Chris Williams y Byron Howard. Dibujos animados. Color - 96 minutos.
Divertido largometraje de animación, que narra las desventuras de un perro travieso –superestrella de la televisión– en el mundo real, que hará las delicias del público infantil.

LA LEYENDA DE SANTA CLAUS (Finlandia, 2007), de Juha Wuolijok, con H.-P. Bjorkman. Documental. Color - 83 minutos.
Original película finlandesa, que narra cómo surgió el legendario Papá Noel. Atractivo documental rodado en Laponia y protagonizado por un niño solidario.

MADAGASCAR 2 (USA, 2008), de Eric Darnell y Tom McGrath. Animación. Color - 90 minutos.
Segunda parte de los simpáticos animales que abandonaron el zoo de Nueva York para vivir en libertad y, asimismo, “hacer felices” al gran público menor.

¡Feliz Navidad y Año 2009, con el mejor Cine!
(Publicado en www.cinemanet.info, 25-XII-2008).

martes, diciembre 16, 2008

LAICISMO Y CINE ESPAÑOL (II): "LA BUENA NUEVA"


Como ya apuntaba en el anterior artículo –ver Laicismo y cine español (I)–, continúan las películas sobre la Guerra Civil tratadas siempre con idéntico punto de vista: da igual la historia que cuenten, pues parece que sólo son la excusa para atacar a la Iglesia haciéndola copartícipe, ya sea por acción u omisión, de las atrocidades de tan funesto período de la historia de España.

Esta vez se trata de La buena nueva, de la realizadora navarra Helena Taberna (autora de Yoyes y Extranjeras), que en palabras de la misma directora “gira en torno a la recuperación de la memoria histórica, desde un punto de vista humano y emocionante. Mi intención -dice- no es apuntar a los culpables, sino rendir un recuerdo sanador y poético a los que perdieron la guerra. La película incorpora una temática inédita: el papel de la Iglesia en la Guerra Civil, tomando como punto de referencia las vivencias y el punto de vista de un sacerdote joven”.

El film, que va subiendo de tono a medida que avanza el metraje, nos presenta el bien y el mal absolutos y aunque el bien, en este caso, lo encarna un sacerdote joven formado en Roma, con recta doctrina y vocación integradora de los dos bandos, se vislumbra rápidamente que la “iglesia oficial” lo abocará a la deserción.

En efecto, la película relata el drama de un cura rural, que al aplicar el espíritu de las bienaventuranzas (de ahí su titulo) y al enfrentarse con la jerarquía eclesiástica –la cual estaba al lado de Franco–, entra en un conflicto de conciencia y cuelga la sotana. Basada en una historia real, aunque muy novelada, se inspira en la vida de un sacerdote joven, tío de la realizadora, que defendió a los republicanos y a sus mujeres-víctimas en un pueblo de Navarra, entre julio de 1936 y abril de 1939.

La tesis que defiende, con un maniqueísmo tan evidente que lo hace increíble, es que en la Iglesia no cabe la gente que quiera vivir el Evangelio hasta sus últimas consecuencias y que la única salida es marcharse o pactar con lo “políticamente correcto”. Sin embargo, los datos fríos y objetivos aportados por Jordi Albertí en La Iglesia en llamas (Barcelona: Destino, 2008) la desmienten. Aquí el autor del best-seller El silenci de les campanes, narra lo mismo aunque del otro lado de la retaguardia: la represión llevada a cabo por los milicianos, en su mayoría anarquistas. Dice Albertí en una entrevista reciente: “De los 50.000 ciudadanos ejecutados o asesinados en la España republicana, 7.000 eran eclesiásticos: ¡el 14%! Y de estos, 4.221 fueron eliminados en Catalunya. Pero el 95% de la matanza fue entre julio de 1936 y mayo de 1937.” (La Vanguardia, 18-XI-2008). La misma época que evoca con brillantez formal Helena Taberna. ¿No es esto vivir el Evangelio hasta sus últimas consecuencias sin escurrir el bulto?

En La buena nueva, el protagonista, el “héroe”, el buen sacerdote sin mezcla de mal alguno, no sigue en la brecha hasta dar su vida por sus ideales, sino que abandona la Iglesia y el sacerdocio para irse con la protagonista y su hijo, una viuda de buen ver. Dos alternativas a un problema que la directora simplifica cargando contra una Iglesia pactista con Franco, muda ante los asesinatos de los falangistas y requetés e interesada solamente en la instauración del nacional-catolicismo.

Burdo y simplista análisis de un período complejo que pretende, además, darle validez universal. ¿Será quizás que quienes subvencionan las películas exigen esa visión partidista?

La miseria moral de los falangistas y requetés, todos sin excepción, se muestra en toda su crudeza: todos ellos son seres viciosos, rencorosos y descreídos, que utilizan a la Iglesia como arma arrojadiza contra el bando republicano: obligan a bautizar a los hijos bajo amenaza de muerte y obligan a confesarse a los republicanos antes de despeñarlos. Un elenco de personajes descabezados desfila sembrando el terror y alimentando sus intereses sin freno alguno. Amorales que imponen su visión revanchista al cura de turno haciéndolo desertor o mártir.

Negar el entierro a los “rojos”, despeñarlos vivos, violar a las novias de los republicanos, son algunas de las “lindezas” con que La buena nueva nos recrea. Con una fotografía muy cuidada y algunas secuencias magistralmente filmadas, es seguro que optará a los premios “Goya”.

Pienso que ese maniqueísmo explícito no favorece a un film que cuenta con el aval del especialista Ian Gibson, y que intenta ser objetivo y afirma poseer visos de universalidad; pues como dice la propia realizadora, “La buena nueva se convierte así en una historia universal, como es la lucha por mantenerse fiel a los propios ideales, aunque ello implique un gran sacrificio personal”.

Por tanto, no voy a afirmar que no resulte verídico lo que cuenta la directora navarra; sólo añadir que criminales los hubo en ambos bandos de esa triste guerra fratricida, ya que los nacionales fusilaron a catorce sacerdotes nacionalistas vascos. Una Guerra Civil que antaño la Iglesia española bautizó como “cruzada” (recuérdese que dos obispos no firmaron la Carta colectiva promovida por el cardenal Gomá, quien después denunciaría la represión franquista de la posguerra y su nueva pastoral fue censurada por Franco), y que actualmente se está revisando desde la pantalla de un modo parcial.

En la prensa de estos días se recoge la noticia de la posible retirada de los crucifijos en las escuelas. ¿No les recuerda esta “guerra de crucifijos” a lo ocurrido en la instauración de II República? Presiento que vamos a tener memoria histórica, por lo menos, mientras dure la crisis económica en que actualmente vivimos.

miércoles, noviembre 19, 2008

"WOODY ALLEN, BARCELONÉS ACCIDENTAL. SOLO DETRÁS DE LA CÁMARA"

El cine de Woody Allen, en el análisis de un ensayista español

Por ROBERTO LAPALMA*
Un libro de reciente edición recoge aspectos de la vida y la obra de este singular artista contemporáneo, autor de obras reconocidas y notables.

Una de las personalidades más singulares de la cinematografía contemporánea es, sin dudas, Allan Stewart Konigsberg, mundialmente conocido como Woody Allen, un artista fecundo que aportó a la pantalla realizaciones que pueden considerarse verdaderos hitos en el campo del Séptimo Arte. Como ejemplo, no hay más que citar, entre otras, a Annie Hall, Interiores o Manhattan, todas las cuales contaron con su sello personal, con su estilo característico y hasta con una visión de la sociedad (fundamentalmente norteamericana) tan particular como los perfiles humanos de sus personajes. Sociedad y personajes a los que desgrana en cada una de sus obras, las que no son escasas.

A ese individuo ya septuagenario (nació en Brooklyn el 1 de diciembre de 1935), el estudioso catalán José María Caparrós Lera acaba de dedicarle un ensayo, recientemente lanzado por el sello editorial Encuentro. El libro se denomina Woody Allen, barcelonés accidental, un estudio que repasa aspectos de la vida y la obra de este cineasta que ha encontrado que, en la Ciudad Condal, se siente “querido de una manera discreta y elegante”, al decir de sus propias palabras, además de un campo fecundo para su inspiración. Por otra parte, también en ella sus películas han tenido siempre un inmejorable reconocimiento.

El libro de Caparrós Lera incluye ilustraciones de sus películas y de sus rodajes, una actualizada filmografía comentada, un análisis de sus obras, entrevistas, reseñas de distinciones varias acumuladas a lo largo de su carrera, reportajes y de homenajes que se le han tributado, además de una nómina de los filmes que Woody Allen reconoce como los mejores de la historia del cine (La gran ilusión, de Renoir; Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica; La Strada, de Fellini; Los 400 golpes, de Truffaut, El séptimo sello, de Bergman, entre otros) y hasta una recopilación de frases ingeniosas vertidas aquí y allá por el artista (“La canas ya no se respetan, se tiñen”, por ejemplo, o “Cuando un médico se equivoca, lo mejor es echarle tierra al asunto” o ”En los aviones, el tiempo se pasa volando” o bien “Hoy en día, la fidelidad sólo se ve en los equipos de sonido”).
Todo eso y algo más incluye este trabajo del ensayista español que, como no podía ser de otra manera, reconoce en W. A. a “uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo” y que, además, sabe “bucear por géneros y estilos muy diversos”. Finalmente, el autor sentencia: “Cuando un artista como Woody Allen se convierte en el hondo espejo de nuestros sentimientos más íntimos nos hace universales como seres humanos y nos sentimos representados ante el mundo”.

Mucho se escrito sobre los avatares de la vida, la personalidad y la obra en general de W. A., pero no hay dudas que este aporte hecho por Caparrós Lera, no sólo se ha sumado a esa literatura, sino que constituye una contribución casi insoslayable para comprender más y mejor la trayectoria de ese verdadero y singular artista.
(*) Reconocido crítico argentino. (Santa Fe, 17-XII-2007)
Ensayo crítico sin tópicos
Por PILAR MANZANARES
La filosofía y los valores ético-antropológicos que se ocultan en la filmografía de Woody Allen son, al menos, dos de los puntos en los que ahonda este ensayo crítico que se centra en las doce películas que ha dirigido, pero no interpretado, Allan Stewart Konigsberg (sí, es él).

Dejando, en la medida de lo posible, hablar al realizador y a sus críticos, el ensayo resulta interesante y ágil. Además cuenta con unas perlas finales como la lista de los mejores filmes de la historia según Allen y 25 de sus frases más ingeniosas.

Fieles o no al director, algo complicado en un mundo en el que "la fidelidad sólo se ve en los equipos de sonido", el libro engancha.

(Publicado en revista EME, núm. 85 (diciembre 2008).


Un pensador nada accidental

Por MIGUEL-FERNANDO RUIZ DE VILLALOBOS
Aunque la última película de Woody Allen (suponiendo que realmente la haya filmado él), Vicky Cristina Barcelona no merece más tinta de la que desgraciadamente, para bien o para mal, se ha gastado sobre ella, la película es una buen motivo para que un erudito como José María Caparrós Lera, profesor titular de Historia Contemporánea y Cine en la Universidad de Barcelona y director del Centro de Investigaciones Film-Historia, escriba un ineludible e indispensable estudio sobre la obra de Woody Allen, más allá de sus últimos devaneos con el negocio cinematográfico. Caparrós Lera aborda en este ensayo crítico las doce películas que Allen ha dirigido a lo largo de su carrera sin aparecer en las mismas, ya que en opinión del profesor Caparrós Lera son las más logradas de su filmografía porque el director neoyorquino ha centrado en ellas toda su capacidad creativa, sin la dispersión que significa la interpretación de un personaje, aunque sea el de uno mismo. Pero Caparrós Lera no se limita a un análisis cinematográfico simple y al uso si no que lo que hace es analizar la filosofía y los valores éticoantropológicos que hay en la filmografía del cineasta, con un especial apéndice en el que se analiza a Allen como “buscador de Dios”.
El libro es de una ayuda extraordinaria para descubrir, si se lee más allá de la mirada amable del doctor Caparrós Lera a las últimas producciones del director neoyorquino, con especial referencia a su estancia barcelonesa, el paulatino deterioro que se ha ido produciendo en la filmografía de Allen, decididamente abocado a un mercantilismo que no se encontraba en películas claves de su obra cinematográfica, en las que solo actuaba como director, como Interiores, La rosa púrpura de El Cairo, Días de radio, Septiembre, Otra mujer, Alice, Balas sobre Broadway, Celebrity, Acordes y desacuerdos, Melinda y Melinda (un verdadero testamento cinematográfico), Match Point y Cassandra's Dream. Los temas de la culpa, el amor y la pasión, el artista y la moral, el acto de creación y el azar son constantes en las doce películas dirigidas y no interpretadas por Allen como analiza con su habitual eficacia y brillante exposición el doctor Caparrós Lera. Un libro de alcance que ayuda a recolocar la obra cinematográfica y el quehacer de Woody Allen, un pensador nada accidental.
(Publicado en http://www.cinedecine.com/, núm. 491 (21-XI-2008), p. 13)


Woody Allen, barcelonés accidental. Solo detrás de la cámara
Autor: José María Caparrós Lera
Encuentro. Madrid (2008), 174 págs. 21 €

Por LUIS ANTONIO SANZ

El último libro de José María Caparrós rinde tributo a uno de los más admirados directores del séptimo arte: Woody Allen. Fiel a su habitual estilo compositivo, repleto de aportaciones variadas a través de las que se proporciona al lector diversos cauces de crítica y reflexión para que forme su opinión, el profesor de la Universidad de Barcelona nos ofrece una visión polivalente, pero muy centrada, de la filmografía y universo fílmico del director neoyorquino.
El libro se inicia con un breve recorrido por la trayectoria artística de Woody Allen, que se completa con un análisis de aquellas piezas en las que el director no ha intervenido como actor, sino que tan sólo ha realizado y escrito. Es en estas obras donde el profesor Caparrós Lera cree descubrir el verdadero Woody Allen y su mayor aportación a la historia del cine, pues en ellas se revelan más nítida y magistralmente sus preocupaciones y constantes creadoras.
Woody Allen, barcelonés accidental se cierra con varias intervenciones del propio director, diversos datos respecto a su filmografía, y algunos ensayos breves que completan esta original semblanza artística de Woody Allen “solo detrás de la cámara”.
Pero, junto a este subtítulo que sintetiza el grueso de la obra, la declarada admiración del director neoyorquino hacia el cine europeo, la acogida que siempre le ha brindado el público de la Ciudad Condal, y el hecho de que ésta sea el escenario de su último filme, Vicky Cristina Barcelona, animan el otro subtítulo del libro: “barcelonés accidental”, que incide en la especial relación que se ha ido forjando entre Barcelona y Woody Allen.
Este subtítulo muestra ese gusto tan típicamente barcelonés por fundirse con determinadas figuras de la escena internacional, en un intento por participar de su universalidad, pero este subtítulo es, sobre todo, la constatación de esta singular propiedad en las cuestiones que Woody Allen aborda en su cine, así como en el modo de tratarlas.
(Reseña publicada en http://www.aceprensa.com/, 12-XI-2008).


El supuesto “affair” Allen-Barcelona

Por JORGE MARTÍNEZ

Como es sabido de todos, últimamente Woody Allen frecuenta a menudo España. Su cine es algo mucho más europeo que americano y él lo tiene claro, con lo cual dedica bastante tiempo a lucirse como “celebrity” en nuestras Barcelona y Oviedo, en ocasión de premios, doctorados honoris causa y otros rodajes.
El libro que nos ocupa parece nacer a la sombra de ese súbito e interesante interés de Woody Allen. Su último filme, por ejemplo, Vicky Cristina Barcelona, seguramente se traducirá en prolíficas visitas turísticas en los años que vienen; gente en busca del vaporoso glamour de la Johansson y la Cruz, o de la violenta y taurina masculinidad de Bardem. En cierto sentido, este libro forma parte del “merchandising” de este fenómeno cultural de superficie.
No hay dudas de que el autor de Woody Allen, barcelonés accidental –expresión sacada de un artículo del escritor de best-sellers, Ruiz Zafón-, J. M. Caparrós Lera, sabe de lo que habla. No sólo lo acredita su puesto como Profesor Titular de Historia Contemporánea y Cine en la Universidad de Barcelona, sino también su dilatada obra como estudioso y crítico del cine.
Sin embargo, la urgencia de este volumen –quizás tenía que salir junto a la mencionada película– queda acreditada en su estilo periodístico y en su carencia de organicidad, que puntúa con pequeñas y tonificantes curiosidades –una: aparece el obituario de Bergman escrito por Allen– y coincidencias –además del parecido físico ostensible entre Allen y Caparrós, que se vislumbra en la fotografía del volumen, prácticamente nacieron a la vez, si tenemos en cuenta el cambio horario.
En cualquier caso, lo que es más de valorar son las generosas citas de Woody Allen que aparecen a lo largo del corto texto. Cosas como: “al final, el arte no salva a la persona. Por muy sublimes que sean las obras que uno ha creado”; o “el arte es el catolicismo del intelectual, es decir, una voluntad de creer en el más allá.” También resultan reseñables los sabios y sintéticos comentarios de Caparrós sobre la filmografía en que Allen no comparece tan sólo como actor, sino donde se juega exclusivamente como guionista y director. Vemos, por ejemplo, cómo su certero objetivo enfoca la siguiente afirmación extraída de Interiores: “Lo que nos preocupa es de orden espiritual, religioso. Si lo comprendemos, todo lo que podemos aprender en el campo profesional, artístico, político, se convierte en temporal e incompleto.”
En suma, poco sobre el supuesto “affair” Barcelona-Allen, pero algunos dispersos y curiosos abalorios sobre este gran director cinematográfico y su obra, capaces incluso de generar una industria de “souvenirs” propia. Para acabar, dos de las frases de este genio bajito y feo, de entre las que aparecen recopiladas al final del librito: “Cuando un médico se equivoca, lo mejor es echarle tierra al asunto”, y “Hoy en día, la fidelidad sólo se ve en los equipos de sonido.”
(Crítica publicada en http://www.humanidad.tv/libros, 10-XI-2008).


Una reseña de Juan Ignacio VARGAS

El prestigioso profesor y crítico de Cine, José María Caparrós, que lleva más de un cuarto de siglo en la enseñanza universitaria y ha escrito cerca de cuarenta libros nos presenta esta vez una obra maestra acerca del genial cineasta Woody Allen, enfocado no como actor cómico sino como director intelectual.
Además de presentar el autor interesantes apéndices acerca del neoyorquino de ascendencia europea -de entre los que destaca el ensayo "Woody Allen y las preguntas sobre Dios"- y otros artículos relacionados son su vida y obra, el capítulo más sobresaliente es sin duda alguna la visión profunda que da del Dr. Caparrós acerca del trasfondo antropológico y teológico que esconden las obras más elevadas como Interiores (1978), La rosa púrpura de El Cairo (1985), Septiembre (1087) o Cassandra's Dream (2007), entre otras muchas.
Temas como la vida, el amor, la libertad o la muerte se traslucen a la pantalla una y otra vez, recreados en una ambientación social de elite ya sea en Nueva York, Londres o Barcelona. Este cineasta estadounidense que se jacta de ser despreciado en su país y admirado en Europa por su profundo análisis del hombre intelectual y urbanita contemporáneo, no defraudará a nadie en esta obra del crítico barcelonés.
Este libro se inspiró, entre otras, en el IV Ciclo de Cine titulado "Woody Allen, solo detrás de la cámara" impartido en IESE Business School de Barcelona y organizado por la Agrupación de Graduados de la Universidad de Navarra.

(Publicado en http://averigüelovargas.blogspot.com/, 2-XI-2008).



Entrevista a Josep Maria Caparrós

“Las películas de Woody Allen reflejan la crisis de la sociedad, es un testigo excepcional del vacío y las preguntas sin respuesta de esta época”

Por FRANCIS ALONSO

Josep Maria Caparrós es Profesor Titular de Historia Contemporánea y Cine en la Universidad de Barcelona, además de ser el Director del Centre d’Investigacions Film-Història de esta universidad. Josep María es también miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y del Círculo de Escritores Cinematográficos, el cual le concedió la Medalla a la Mejor labor literaria y periodística por su carrera profesional como crítico en 2007. Acaba de publicar un nuevo libro: Woody Allen, barcelonés accidental (Ed. Encuentro) sobre el director neoyorquino. Asistimos a la presentación del libro y aprovechamos la ocasión para hablar con el “maestro” Caparrós.

Perkeo: Josep María Caparrós se ha decidido a publicar un libro sobre Woody Allen, pero ¿no crees que se ha escrito mucho sobre este director?
Josep María Caparrós: Sí, es cierto. Este es el libro número 105 sobre Woody Allen, incluyendo monográficos, biografías o estudios concretos de películas. Podríamos decir que ya está todo dicho sobre él y que era muy difícil decir algo nuevo. Por eso decidí escoger las películas que sólo ha dirigido y escrito, pero no interpretado (de ahí el subtítulo del libro “Solo detrás de la cámara”), pues pienso que son las obras más importantes, las doce obras clave, donde él vuelca toda su sabiduría e ingenio creador. No se distrae como actor, sino que se centra en la dirección. Aunque he de reconocer que este argumento me ha fallado con la última película, Vicky Cristina Barcelona (una película frívola y sin el ingenio de las otras doce), antes de la cual el libro ya estaba cerrado. Pero —y esto es más importante en el enfoque del libro— también he intentado estudiar cuáles son las constantes de su obra a través de esas películas.

P.: ¿Y cuáles son esas constantes? ¿Sobre qué habla Woody Allen en sus películas?

J.M.C.: Yo creo que son tres: la muerte y el más allá, el amor —que en sus primeras manifestaciones era sexo casi compulsivo y mecánico— y Dios. En Woody Allen se traslucen constantemente una preocupación por si hay algo después de la muerte, la pregunta de si existe el amor perenne y duradero, la de si Dios existe y si tendría sentido un mundo sin Dios. Esta última idea la ha desarrollado mucho en la “trilogía de Londres” (Match Point, Scoop y Cassandra’s Dream). De hecho, recientemente presenté una conferencia en un congreso de teología: “Woody Allen y las preguntas sobre Dios”, lo cual sorprendió bastante.

P.: Y a todas esas preguntas que Allen se hace, ¿les ha encontrado respuestas?

J.M.C.: No, no da respuestas porque no las tiene. Un hombre que se ha casado cinco veces no creo que tenga una idea muy clara de lo que es el amor duradero, aunque con la quinta mujer dice que lo ha encontrado. Por otra parte, no entiende la justicia divina ni el misterio de Dios. Podríamos decir que Woody Allen se encuentra en la línea judaica de Job (tiene a sus espaldas ocho años de estudio en una escuela hebrea), aunque Job sí creía, mientras que él está en esa duda. Pero se nota que está buscando a Dios: es un intelectual, un hombre muy inteligente que busca la verdad. Woody Allen habla mucho también de la soledad —un problema muy tratado en el cine actual, muy claro por ejemplo en Martin Scorsese—: la gente está sola. Y, a veces, el salto hacia el sexo compulsivo, el poder desmesurado, el desorden moral o incluso el viaje como huida de uno mismo, es una búsqueda por llenar la vida. Me decía una vez un cineasta en la montaña de las famosas letras de “Hollywood”, mientras mirábamos hacia Los Ángeles: “Mira todas estas luces: está lleno de historias para películas, todo son guiones; pero la gente está sola, Caparrós, yo me encuentro solo: doce millones de habitantes, y yo me encuentro solo”. Este problema —y los de arriba— Woody Allen lo trata en sus películas. Él mismo quiere perdurar por su trabajo artístico: desde hace tiempo hace cada año una película.

P.: ¿Y qué crees que hace de Woody Allen un símbolo de nuestra época?

J.M.C.: Las películas de Woody Allen reflejan la crisis de la sociedad, es un testigo excepcional del vacío y las preguntas sin respuesta de esta época. Le quisimos dar el doctorado Honoris Causa en la Universidad de Barcelona como “testigo y retratista del mundo judío e intelectual de Manhattan”, aunque las autoridades políticas competentes revocaron nuestra decisión.

P.: Cambiando un poco de tercio, ¿por qué crees que el director neoyorquino es más apreciado en Europa que en su propio país?

J.M.C.: Los maestros de Woody Allen son todos europeos, más Akira Kurosawa. Él lo reconoce sin tapujos: le encantaría haber sido capaz de hacer las películas de Fellini, de Vittorio de Sica, Bergman, Godard... Y se nota. Pero no sólo eso. El director mete el dedo en la llaga acerca de la burguesía americana y se ríe de ellos (de sí mismo, en el fondo). Que eso lo haga Lars Von Trier, que jamás ha estado siquiera en los Estados Unidos, pues a los americanos les da igual; pero que lo haga “uno de los suyos” les duele más.

P.: Para terminar, Josep María, ¿qué películas recomendarías a alguien que quiere descubrir la obra de Woody Allen y, especialmente, estas tres constantes que antes has mencionado?

J.M.C.: Hombre, pues todas, ¿no? Pero destacaría Delitos y faltas, Hannah y sus hermanas, que están interpretadas por él, y son las llamadas “comedias teológicas”, dos obras clave, fundamentales; y luego también La rosa púrpura de El Cairo, otra obra maestra.
(Entrevista publicada en Perkeo. Revista Literaria, núm. 20, noviembre 2008, http://www.perkeo.es/).
- Otras entrevistas radiofónicas sobre el libro, en RAC1, Intereconomía, Ràdio Hospitalet y RKB (Radio Kanal Barcelona).
De Norte a Sur
Por E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
Escribir de Woody Allen es casi tan divertido como ver sus películas o leer sus propios escritos, y tal vez por eso hay que estar muy atentos a todo lo que se publica de él, que es mucho y valioso. De lo último, hay dos libros que merecen la pena por su peculiar modo de tratarlo. Uno es directo, El universo de Woody Allen, y de mirada poliédrica: dieciséis pares de ojos lo observan, los de otros tantos críticos y analistas que diseccionan alfabéticamente, letra por letra, todo el firmamento creativo de Woody Allen, desde sus películas y actores, hasta elementos aparentemente más circunstanciales, como el clarinete, el Oscar, la neurosis, el adulterio o la política.

BARCELONA.- El otro libro es todavía más directo, Woody Allen, barcelonés accidental, y en él, el profesor José María Caparrós Lera propone un interesante y asequible estudio sobre el cine de Woody Allen sin Woody Allen (o sea, sin él como actor), además de un paseo por la relación del cineasta con Barcelona, antes, durante y después de Vicky Cristina Barcelona.

Coordinado por Hilario J. Rodríguez, El universo de Woody Allen arranca por la «A» de Acordes y desacuerdos y termina en la Z de Zelig, y entre una y otra película el recorrido es completísimo, ingenioso, revelador, ameno, y está aliñado, además, por todo ese borbotón de frases agudas que han convertido al director neoyorquino en un brillante reflejo de Groucho Marx, y que se usan en el presente libro como «separador» de capítulos o «letras»? El hecho de que sean frases conocidas no impide que nos deslumbren una vez más: «No creo en una vida más allá, pero, por si acaso, me he cambiado de ropa interior»? «El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores»?

DICCIONARIO.- Juan Ignacio García Garzón, Víctor Arribas, Juan Carlos Laviana, Eduardo Torres-Dulce, Nuria Vidal, Carlos Reviriego, Ramón Freixas y Joan Bassa entre otros, aportan su punto de vista a este diccionario que rodea por completo la figura de Woody Allen y reúne su obra, sus actores, sus técnicos, sus obsesiones y sus manías de un modo natural y ordenado. El impacto de esta mirada es curioso, es un retrato transversal: Woody Allen atravesado por todas y cada una de sus circunstancias desde el fracaso a Hollywood, del matrimonio a August Strindberg, del destino a los criminales, cada término es un objeto de inspección por parte de los detectives del libro. Además, se pueden encontrar perlas como Lily la tigresa, una chaladura dentro de su filmografía, hecha en 1966 junto a (o a pesar de, como dice David Felipe Arranz) Senkichi Taniguchi.

En cuanto al libro de Caparrós Lera, Woody Allen, barcelonés accidental, aporta un breve pero minucioso repaso a las doce películas dirigidas por Woody Allen en las que no aparece como actor: Interiores, La rosa púrpura de El Cairo, Días de radio, Septiembre, Otra mujer, Alice, Balas sobre Broadway, Celebrity, Acordes y desacuerdos, Melinda, Melinda, Match Point y Cassandra’s Dream.

El libro incluye, además, el discurso que escribió Woody Allen en defensa del cine europeo y que leyó con motivo de la entrega del Premio Príncipe de Asturias y reproduce el coloquio que, también en Oviedo, mantuvo Woody Allen con José Luis Garci. Y por último, se incluye un apéndice con un comentario de Lluis Bonet de la película Vicky Cristina Barcelona cuando se proyectó en el Festival de Cannes y una curiosísima aportación de Caparrós Lera que le da una vuelta a la visión teológica de Woody Allen. Y este barcelonés accidental elabora al final una lista de las mejores películas de la Historia en la que no incluye ni una sola americana. Una curiosa lista para un curioso libro.
(Publicado en ABCD las Artes y las Letras, 10-I-2009).

martes, noviembre 11, 2008

PELÍCULAS RECOMENDADAS (10)


Nueva relación de filmes, que recomiendo para un público amplio. Como en las nueve anteriores listas, las películas señaladas con un asterisco (*) pueden gustar también especialmente a espectadores de Tercera edad.
Entre paréntesis, sigo indicando los títulos que gustarán primordialmente a los cinéfilos, y ahora añado también filmes más dirigidos a menores. Asimismo, incluyo en este nuevo listado 40 grandes películas del género histórico, que pueden gustar a todo tipo de público, sobre todo familiar.
Últimos estrenos:
- Amateurs*
- Appaloosa*
- Bella*
- Bolt (menores)
- El caballero oscuro (cinéfilos)
- Che: el argentino
- The Fall: el sueño de Alejandría (cinéfilos)
- Hace mucho tiempo que te quiero*
- High School Musical 3 (menores)
- El infierno vasco*
- El intercambio*
- La isla de Nim (menores)
- La leyenda de Santa Claus (menores)
- Los limoneros*
- Madagascar 2 (menores)
- El niño con el pijama a rayas*
- Los niños de Huang Shi (cinéfilos)
- La ola
- Peregrinos (cinéfilos)
- Red de mentiras
- El tren de las 3:10
- El último voto*
- Wall-E (menores)
CLÁSICOS DE CINE HISTÓRICO

Amadeus (1984), de Milos Forman. USA. Color - 158 minutos.
Reconocida sinfonía visual, que pone en brillantes imágenes una discutida pieza teatral sobre la vida del músico Salieri en torno al maestro Mozart. La Viena del siglo XVIII está perfectamente evocada.
Becket (1964), de Peter Glenville. Gran Bretaña. Color - 140 minutos.
Relata el enfrentamiento entre el arzobispo de Canterbury –después santo Tomás Becket– y el rey de Inglaterra, Enrique II Plantagenet. Basada en la obra escénica de Jean Anouilh, ofrece un recital de Peter O’Toole y Richard Burton.
Ben-Hur (1959), de William Wyler. USA. Color - 200 minutos.
Una de las películas más premiadas de la historia del cine. Basada en la novela de Lewis Wallace, se trata de un film-espectáculo con secuencias inolvidables (por ejemplo, la famosa carrera de cuádrigas).
55 días en Pekín (1963), de Nicholas Ray. USA. Color - 144 minutos.
Narra la revuelta anticolonial de los bóxers en la China de 1900. Sin duda, junto a El Cid, la mejor producción de Samuel Bronston rodada en nuestro país. Posee un cuadro interpretativo de primer orden.
Cinderella Man (2005), de Ron Howard. USA. Color - 144 minutos.
Biografía novelada del boxeador Jim Braddock, que alcanzó el título mundial durante la Depresión económica. Perfectamente ambientada en los años treinta, destaca el trabajo interpretativo de Russell Crowe.
Cromwell (1970), de Ken Hughes. Gran Bretaña. Color - 145 minutos.
Evocación histórica de la Revolución del siglo XVII inglés. Notable creación de de Richard Harris como el líder puritano y del inolvidable Alec Guinness como Carlos I. Hay una más reciente película británica sobre la misma época: Matar a un rey (2004).
Cyrano de Bergerac (1990), de Jean-Paul Rappeneau. Francia. Color - 138 minutos.
Nueva versión de este célebre personaje, basado en el drama romántico de Edmond Rostand (1897). La acción se desarrolla en la Francia del siglo XVII. Espléndida creación de Gérard Depardieu como Cyrano. El texto es en verso.
Los Diez Mandamientos (1956), de Cecil B. DeMille. USA. Color - 210 minutos.
Una de las grandes superproducciones de Hollywood. Con un reparto de excepción, el especialista DeMille –que ya llevó esta historia bíblica a la pantalla muda– logra un film tan poco riguroso como espectacular.
Doctor Zhivago (1965), de David Lean. USA. Color - 189 minutos.
Basada en la famosa novela de Boris Pasternak, relata una historia romántica en el marco de la Revolución rusa. Bien ambientada e interpretada, se popularizó mucho su leit-motiv musical.
Enrique V (1989), de Kenneth Branagh. Gran Bretaña. Color -137 minutos.
Brillante puesta en escena de la obra de Shakespeare, Henry V (título con el que este film fue presentado en España). El actor y director Kenneth Branagh ofrece un gran recital interpretativo, que no desmerece de la primera versión de Laurence Olivier (1944).
Espartaco (1960), de Stanley Kubrick. USA. Color - 190 minutos.
Ambiciosa superproducción sobre la célebre rebelión de los esclavos en el siglo I. Perfectamente ambientada e interpretada, contiene secuencias espectaculares junto a otras intimistas de carácter romántico-sentimental.
Éxodo (1960), de Otto Preminger. USA. Color - 205 minutos.
Basada en la novela de León Uris, relata el nacimiento del Estado de Israel (1953), de forma dramatizada. Película-río, con notable creación de tipos, muy bien realizada por Preminger. Inferior es la más reciente película análoga Oh Jerusalén.
Gandhi (1982), de Richard Attenborough. Gran Bretaña-India. Color - 170 minutos.
Biografía novelada del célebre líder indio, realizada con gran despliegue de medios y rigor histórico. Posee un fondo claramente pacifista y resulta un espectáculo de categoría.
El Gatopardo (1963), de Luchino Visconti. Italia. Color - 205 minutos.
La famosa novela de Giuseppe di Lampedusa puesta en escena con enorme brillantez por Visconti. Evoca la época del Rissorgimento y la unificación italiana, haciendo un paralelismo histórico con el contexto político de su país.
Gladiator (2000), de Ridley Scott. USA. Color - 152 minutos.
A caballo de los filmes La caída del Impero Romano y Espartaco, esta ambiciosa superproducción intentó recuperar el género peplum, aunque con un tono próximo al western. El espectáculo y los efectos digitales son de primer orden.
Grita libertad (1987), de Richard Attenborough. Gran Bretaña. Color - 154 minutos.
Una denuncia del apartheid sudafricano, a través de la tragedia del carismático líder de la “conciencia negra” Steve Biko, y del periodista liberal Donald Woods. Esta película, junto con Un mundo aparte (Chris Menges, 1988), acaso contribuyó al cambio político de ese país.
Un hombre para la eternidad (1966), de Fred Zinnemann. Gran Bretaña. Color - 115 minutos.
Obra maestra del cine histórico inglés, que evoca con perfección el reinado de Enrique VIII. Basado en la pieza escénica de Robert Bolt, se centra en el martirio de Sir Thomas Moro.
Hotel Rwanda (2004), de Terry George. Gran Bretaña. Color - 121 minutos. Basado en una historia verídica, relata el drama de un gerente de hotel que salvó a numerosos refugiados durante la masacre de los hutus a tutsis en Ruanda (un millón de muertos, en el genocidio de 1994). Otra buena película análoga es Disparando a perros.
Ivanhoe (1952), de Richard Thorpe. USA. Color - 102 minutos.
Rodado en exteriores británicos, traduce en imágenes la célebre novela romántica de Walter Scott. En la misma línea hollywoodiense, este realizador dio a luz Los caballeros del rey Arturo (1954). Ambas fueron protagonizadas por Robert Taylor.
Jesús de Nazaret (1978), de Franco Zeffirelli. Italia-Gran Bretaña. Color - 230 minutos.
Una de las mejores versiones sobre la vida de Jesucristo, narrada con la grandiosidad y sencillez del Evangelio. Con un reparto de famosos, combina el realismo y la emoción con el tono didáctico y espectacular. Se editó también para televisión.
J.F.K.: Caso abierto (1991), de Oliver Stone. USA.Color & Blanco y negro - 189 minutos. Impresionante puesta en imágenes del “informe Garrison” sobre el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy (1963). La evocación de una época conflictiva, así como la recreación de ambientes y tipos, son notables. Después realizaría Nixon (1995).
La inglesa y el Duque (2001), de Eric Rohmer. Francia. Color - 128 minutos. Polémica mirada sobre la Revolución francesa, desde la perspectiva de una bella dama inglesa que sufrió la época del Terror. Los efectos digitales del maestro Rohmer también son de primer orden.
Lawrence de Arabia (1962), de David Lean. Gran Bretaña-USA. Color - 222 minutos.
Espectacular superproducción del especialista David Lean, con un reparto y escenarios naturales espléndidos. Narra la historia de este célebre oficial británico (encarnado por Peter O’Toole) que se convirtió en líder del pueblo árabe.
El león en invierno (1968), de Anthony Harvey. Gran Bretaña. Color - 128 minutos.
Film un tanto desmitificador del Medievo, basado en una obra escénica. Ahora es O’Toole (Enrique II Plantagenet, quien había mandado matar a Thomas Becket) el que se enfrenta con Katharine Hepburn (Leonor de Aquitania).
El loco del pelo rojo (1956), de Vincent Minnelli. USA. Color - 122 minutos. Magistral película de Minnelli sobre la vida y obra de Van Gogh. Basado en una novela de Irving Stone, reproduce la estética del famoso pintor (muy bien recreado por Kirk Douglas).
Una mente maravillosa (2001), de Ron Howard. USA. Color - 123 minutos. Biografía novelada de John Forbes Nash, Premio Nobel en Ciencias Económicas (1994), que evoca una época de la Guerra Fría en Estados Unidos. Excelente interpretación de Russell Crowe.
Michael Collins (1996), de Neil Jordan. Irlanda. Color - 130 minutos. Otra biografía novelada, ahora de uno de los grandes dirigentes del IRA. Notable reconstitución histórica, con una buena creación de Liam Nelson como Collins. Fue muy polemizada en Inglaterra.
1492: La conquista del paraíso (1992), de Ridley Scott. Gran Bretaña-Francia-España. Color - 162 minutos. Evocación histórica del descubrimiento y conquista española de América, con motivo del 5º Centenario. Ridley Scott –como después haría con El reino de los cielos (2005) sobre las Cruzadas– ofrece una visión crítica desde la perspectiva actual.
La Pasión de Cristo (2003), de Mel Gibson. USA. Color - 127 minutos.
Una de las mejores versiones sobre las últimas horas de Jesucristo, que sería polemizada por sus crudas imágenes. Es una pieza artística de gran categoría. Jim Caviezel encarna la figura de Cristo inspirado en las pinturas de Caravaggio.
El patriota (2000), de Roland Emmerich. USA. Color - 164 minutos. Brillante film-espectáculo, que evoca un episodio de la independencia de Estados Unidos. Realizado por el autor de Independence Day, con el tono propagandístico que le caracteriza, está muy bien interpretado por Mel Gibson.

El pianista (2001), de Roman Polanski. Francia-Gran Bretaña-Alemania-Holanda-Polonia. Color - 143 minutos.
Obra maestra sobre el Holocausto –mucho más comedida que La lista de Schindler–, que le valió a Polanski el Oscar como mejor director. Narra la odisea del pianista Szpilman en el ghetto de Varsovia.
Quo Vadis? (1952), de Mervyn LeRoy. USA. Color - 164 minutos.
Una de las más célebres películas “de romanos”, basada en la novela de Sienkiewicz. Aunque posee poco rigor histórico, está rodada en escenarios naturales romanos y con decorados reconstruidos. Destaca la creación de Peter Ustinov como Nerón.
Ran (1985), de Akira Kurosawa. Japón. Color - 150 minutos. En la línea de la también magistral Kagemusha (1980), el gran Kurosawa evoca el feudalismo nipón del siglo XVI. Basado en el Rey Lear shakesperiano, está realizada dentro de la tradición estética japonesa.
Tierra de faraones (1955), de Howard Hawks. USA. Color - 102 minutos. Acaso la mejor película sobre el Antiguo Egipto. El guión es de William Faulkner. Narra la construcción de la pirámide de Keops. Pese a que es una visión hollywoodiense, puede servir también para “ilustrar” pedagógicamente ese período.
El tormento y el éxtasis (1965), de Carol Reed. Gran Bretaña. Color - 135 minutos. Adaptación de otra novela de Irving Stone. Trata del conflicto entre Miguel Ángel y Julio II con motivo de los frescos de la Capilla Sextina. Charlton Heston encarna al gran artista del Renacimiento y Rex Harrison al Papa. Notable reconstitución de esa época.
Tucker, un hombre y su sueño (1988), de Francis Coppola. USA. Color - 106 minutos. Biografía novelada de Preston Tucker, uno de los innovadores de la industria del automóvil. Perfecta evocación de la Norteamérica de posguerra. Jeff Bridges es el “héroe” protagonista, tan soñador e incomprendido en su tiempo como el propio Coppola.
La túnica sagrada (1953), de Henry Koster. USA. Color - 135 minutos.
Primera película en Cinemascope, que pone en escena la época de Cristo. Tuvo una continuación: Demetrius y los gladiadores (1954), de Delmer Daves, también con Victor Mature como protagonista.
Ulises (1954), de Mario Camerini. Italia-USA. Color -103 minutos.
Se trata de una lograda adaptación del mito de Homero, que relata con buen pulso cinematográfico las aventuras de Ulises (interpretado por Kirk Douglas). Silvana Mangano encarna a Penélope.
¡Viva Zapata! (1952), de Elia Kazan. USA. Blanco y negro - 113 minutos. Biografía novelada de este líder de la Revolución mexicana de 1910, que también le sirve a Kazan para sacarse la espina del maccarthismo. Gran creación de Marlon Brando.
¡Vivir! (1994), de Zhang Yimou. China. Color - 135 minutos. Auténtica obra de arte del más prestigioso cineasta chino actual. A través de la tragedia de una familia, evoca con enorme precisión y sobriedad la historia de su país durante los años 40-60.

domingo, octubre 19, 2008

LAICISMO Y CINE ESPAÑOL (I)


Hace más de cuarenta años que me dedico profesionalmente al Séptimo Arte. Primero, como crítico de cine; después como profesor e historiador del fenómeno fílmico. Desde 1994, enseño la Historia Contemporánea a través de las películas. Y siempre he defendido el arte cinematográfico como testimonio de la sociedad, fuente instrumental de la ciencia histórica y medio didáctico para estudiar Historia.

Mi especialidad, como saben los seguidores de mis publicaciones, es el cine español. Y me he dedicado a reivindicar la historia de la cinematografía autóctona: desde la II República hasta la Democracia, pasando por la Dictadura franquista. Todo, con sus luces y sombras.

Pero actualmente observo un nuevo fenómeno en el cine español de nuestros amores (y dolores). La corriente laicista que parece haberse instaurado al rebufo de la controvertida Ley de la Memoria Histórica. Se trata del reciente estreno de dos películas que están siendo ensalzadas por un sector de la crítica y que, además, han financiado sus respectivas empresas de comunicación.

Se habrá dado cuenta el lector que me estoy refiriendo a Los girasoles ciegos, de José Luis Cuerda, y Camino, de Javier Fesser. La primera producida por Sogecable –Grupo Prisa– y la segunda por Mediapro –el grupo de la Sexta, que dirige el empresario catalán Jaume Roures.

El filme de Cuerda es la adaptación de una novela del desaparecido Alberto Méndez –antiguo militante del PC–, que recupera la memoria de los vencidos de la Guerra Civil española. Se centra en un tema muy concreto de la inmediata posguerra, hurgando en las miserias evidentes que también cometieron los vencedores (aunque no me gustan estos términos, pues todos perdimos en la contienda fratricida) e intentando generalizar y sacar de contexto en una visión francamente sectaria. El guión, lleno de tópicos, parece no tener otro interés que descalificar a la Iglesia a través de las debilidades de uno de sus miembros.

La escenificación de la represión aúna en estrecho maridaje Iglesia y Estado en una caricatura intencionalmente maniquea con una desproporcionada tragedia final. Se asegura así la respuesta emocional del espectador perpetrando una burda manipulación afectiva. No obstante, los miembros de la Academia Española han seleccionado esta cinta para optar a los Oscar de Hollywood, acaso como muestra del mito de la España eterna.

La película de Fesser, que pretende estar inspirada en hechos reales, manipula la vida de una niña que murió heroicamente en el seno de una familia cristiana. Asimismo, arremete contra su madre –ya fallecida, como el padre (por tanto, no pueden defenderse)– y contra las dos instituciones de la Iglesia Católica que frecuentaba y donde había recibido su formación. En el fondo, Javier Fesser, desde su ateísmo, tergiversa el sentido cristiano del dolor y de la muerte, tachando de fanáticos y manipuladores a quienes creen en el Más allá. En el relato, se oculta la dedicación y el afecto del que estuvo rodeada la niña durante su enfermedad; en contra, crea una atmósfera opresiva alrededor de la protagonista donde su libertad queda asfixiada, afirmando –a base de pequeños detalles siempre equívocos y hábilmente tergiversados– la falacia de la santidad y la mentira de cuantos intentan promoverla.

La familia ha pedido al director de esta cinta rectificaciones –nunca aplaudieron ante el doloroso fallecimiento de la hermana– y que retire su explícita dedicatoria en los títulos de crédito. Como Fesser se niega, los hermanos y antiguas profesoras de Alexia organizaron una rueda de prensa en Madrid. Parece que todo vale con tal de vapulear lo trascendente; poco importa que una familia sufra la mentira infamante de un director carente de rigor. Sin embargo, Camino, que aspiraba a ganar un premio en el pasado Festival de San Sebastián, se fue de vacío. Supongo que está predestinada a más de un Goya.

Pero tanto este filme –que a veces parece del género fantástico-terrorífico– como Los girasoles ciegos están subvencionados por el Estado, TVE y Televisió de Catalunya –respectivamente–, aparte de los correspondientes organismos autónomos; es decir, con el erario público, el dinero de todos los españoles. Es obvio, que Gobierno socialista de Zapatero, en su conocida política de instaurar la laicización –no legítima laicidad– como la nueva “religión” del pueblo, está apoyando películas, series y programas televisivos que desacreditan a la Iglesia. Y para muestra, un botón cinematográfico. O dos, de momento; aunque intuyo que esto no ha hecho más que empezar. Una respuesta positiva sería agudizar el sentido crítico ante un fenómeno omnipresente hoy en los mass-media.

sábado, septiembre 27, 2008

WOODY ALLEN, DON JUAN, CARMEN Y BARCELONA


La nueva película de este genio de la pantalla, rodada en España, es una obra menor, de encargo, que no está a la altura de su mejor filmografía


Visioné esta comedia en una sesión especial para la prensa, invitado por una emisora de radio que iba a entrevistarme como autor del nuevo libro sobre este cineasta –Woody Allen, barcelonés accidental. Solo detrás de la cámara (Madrid: Ediciones Encuentro, 2008, 174 pp.–, que supongo se beneficiará del ‘boom’ mediático del film que nos ocupa.
La verdad es que Vicky Cristina Barcelona me decepcionó bastante. Pero el alcalde de la Ciudad Condal –Jordi Hereu– y el coproductor español –Jaume Roures– están felices, porque promocionará a la capital catalana y rendirá en taquilla. El público (recuérdese que en Europa ‘funcionan’ mejor las películas de Woody Allen que en Estados Unidos) se lanzará a ver la cinta, aunque después diga que no le ha gustado. La nueva película de este genio de la pantalla, rodada en España, es una obra menor, de encargo, que no está a la altura de su mejor filmografía.

Francamente, el maestro Allen sabe hacer cine de veras. Sería innegable pese a esta cinta. Incluso aquí sabe sacar partido del cuadro de intérpretes extranjeros –Rebecca Hall, sobre todo– y españoles; pero incide demasiado en los escenarios naturales, en la arquitectura de Gaudí y en los mitos de la España eterna. El crítico y colega universitario Àngel Quintana es quien mejor lo ha resumido: “El primer problema que genera el film surge cuando comprobamos que Allen lo mezcla todo sin ningún tipo de matiz cultural. El cineasta pasa tranquilamente del modernismo catalán a los dramas lorquianos, coloca las nadalas en tierra asturiana y la guitarra de Paco de Lucía en los bares más chic de Barcelona. La mezcla desemboca en la revisitación de los tópicos eternos que han configurado un determinado imaginario español en Hollywood. Así, el macho polígamo interpretado por Javier Bardem no cesa de proyectarse como una extensión del mito de Don Juan, mientras que la mujer vengativa y de sangre caliente (Penélope Cruz, la mejor de la función) no es más que la réplica eterna de Carmen.” (Cahiers de Cinéma-España, núm. 15, septiembre 2008).

En efecto, Vicky Cristina Barcelona es la visión que tienen de España los norteamericanos; de ahí el narrador que va contando las andanzas, aventuras y desventuras sentimentales de estas mujeres que buscan denodadamente el amor donde no se encuentra. Otra vez las constantes del mero sexo (aquí bastante explicitado, aunque Allen cuida en parte la elipsis) y el amor duradero, que ninguno de los protagonistas consigue alcanzar, se hacen presentes en esta película. Y al final, no sólo las jóvenes estadounidenses se vuelven defraudadas a su país, sino que los españoles se quedan peor que están.

No es, por tanto, una comedia superficial, la ‘españolada’ ni Barcelona o Asturias de tarjeta postal que se le ha acusado. Lo que ocurre es que Woody Allen no acaba de profundizar en su discurso, pues no logra ni intenta análisis social alguno. Un crítico galo, Georges Collar, ya lo comentaba con motivo de su presentación en el pasado Festival de Cannes: “La publicidad de la película especuló durante el rodaje con la idea de ménage à trois y lesbianismo. Pero todo parece finalmente un juego que prácticamente nunca se traduce en imágenes y que termina con un retorno al orden. Woody Allen decía en Cannes que los personajes tenían una vena trágica, que ha querido atenuar a favor de la comedia. Vicky entrará en un orden poco atractivo, Cristina seguirá su itinerario de insatisfacción y Juan Antonio y María Elena vivirán las dificultades de la copla “ni contigo ni sin ti mis penas tienen remedio”. Esta conclusión sería en el fondo la más positiva de cara a una valoración adecuada de la existencia. Sin embargo, es demasiado pedir a una obra en la que parece que Woody Allen se limita a crear situaciones audaces siempre interrumpidas por una catástrofe a cargo de María Elena, resorte eficaz de la comicidad del conjunto.” (Nuestro Tiempo, núm. 649-650, julio-agosto 2008).

Con todo, recomendamos al maestro Allen que siga realizando películas en su Nueva York querida, donde mejor ha reflejado la idiosincrasia de los intelectuales judíos de Manhattan, pues con sus 37 filmes anteriores ha contribuido al estudio de las mentalidades estadounidenses contemporáneas como pocos cineastas. Además, su posterior incursión en Gran Bretaña –con la alabada trilogía londinense– también resultó incompleta aunque mucho más profunda; en esas películas hablaba de las otras grandes constantes que presiden su preciada obra cinematográfica: la Muerte y el Más allá, de la existencia Dios –en el fondo, pienso que Woody Allen es un ‘buscador’ de Dios, de la verdad– y, asimismo, de la soledad. Tema de la soledad en el que insiste el especialista Sam B. Girgus: “Allen se ha sumergido en las aguas de un relativismo ético posmoderno y un realismo sensual que difiere considerablemente de la sensibilidad moral de sus primeros filmes.” (El cine de Woody Allen, Madrid: Akal, 2005, p. 34); tal y como cabe constatar en Vicky Cristina Barcelona.

En resumen, aquí trata de dos jóvenes turistas norteamericanas, así como de catalanes y asturianos en clave de comedia agridulce; pero poco más. Ahora bien, con los ‘fantasmas’ de Don Juan y Carmen en el escenario.

martes, septiembre 16, 2008

MARIO MONICELLI, UN HONORABLE ARTESANO

Una retrospectiva integrada por cuarenta de sus películas es el homenaje que el Festival de San Sebastián rinde a Mario Monicelli, un hombre emblemático en la comedia italiana


El prolífico Mario Monicelli ha sido recuperado este año por el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Merecidamente se rinde homenaje a un veterano autor que cabría calificar de honorable artesano, aunque en el mejor sentido de Hollywood; pues, para la vieja Meca del Cine, tales cineastas son honrados trabajadores, realizadores competentes que han dado a luz grandes películas de género.

Monicelli, nacido en Viareggio (Lucca), el 15 de mayo de 1915, es hijo de un periodista y escritor político. Estudió Historia y Filosofía en las Universidades de Pisa y Milán antes de dedicarse al Séptimo Arte. Crítico cinematográfico en la revista universitaria Camminare, fue premiado en la Mostra de Venecia con un filme rodado en 16 mm, I ragazzi della via Paal (1935), adaptación de una obra de Ferenc Molnár.

CLÁSICOS.- Formado profesionalmente al lado de clásicos como Mario Bonnard y Augusto Genina, durante la posguerra colaboró como guionista en varias películas importantes (Juventud perdida, Arroz amargo), al tiempo que codirige con Steno una serie de largometrajes cómicos –la mayoría protagonizados por el gran Totò–, entre los que destaca el inolvidable Guardias y ladrones (1951), con Aldo Frabrizi como partenaire. Después lanzaría a Alberto Sordi, en Un eroe dei nostro tempo (1956) y a Elsa Martinelli, en Donatella (1956).

Su reconocimiento internacional llegó en 1958, cuando realiza Rufufú, otra vez con Totò como intérprete, junto a cómicos como Memmo Carotenuto y el entonces joven Vittorio Gassman. Al año siguiente, triunfó de nuevo con una magistral sátira costumbrista: La gran guerra, fresco desmitificador y polémico sobre la Primera Guerra Mundial, pues era una visión crítica de la contienda bélica desde la perspectiva de los soldados de infantería. Otra gran película de este prolífico autor sería I compagni (1963), que trata de las primeras huelgas obreras en Turín. Esta obra fue nominada al Oscar de Hollywood. A tan importante filme “comprometido” –prohibido por la censura franquista– le seguirían dos farsas sobre la Edad Media: La armada Brancaleone (1966) y Brancaleone en las Cruzadas (1970). La segunda parte fue exhibida a concurso en el Festival de San Sebastián y Vittorio Gassman obtuvo el premio de interpretación. Allí también tuve la satisfacción, como miembro del Jurado del Círculo de Escritores Cinematográficos, de estar sentado al lado de este gran actor en el célebre Victoria Eugenia.

SÁTIRA POLÍTICA.- Posteriormente, Mario Monicelli volvió a la sátira política con Queremos los coroneles (1973): nuestro cineasta, a través de la gestión alocada de un grupo de militares de la reserva –coroneles, como en Grecia– mostraba un fracasado golpe de Estado dirigido por un parlamentario neofascista (Ugo Tognazzi), en la Italia contemporánea, a la vez que evidenciaba las contradicciones de un sistema en crisis permanente; mientras los defectos de la democracia o de un falso espíritu democrático eran puestos en la picota, vapuleando asimismo las diversas tendencias de su país: democristianos, comunistas, ultraderecha, centristas... y hasta el mismo presidente de la nación. Con todo, fue el Ejército quien recibió el mayor número de bofetadas, al igual que el fascismo y el patriotismo.

Así, el amor y la crítica serían evidenciados de nuevo en una cinta de episodios, codirigida con Dino Risi y Ettore Scola: ¡Que viva Italia! (1977). Los tres realizadores y su plantel de primeros intérpretes consiguieron un trabajo artístico de categoría, al tiempo que reflejaron con dinamismo y gracejo, a modo de sátira poetizante, ciertos vicios de la vida cotidiana de Italia. Sus últimas obras estrenadas en España datan de los años ochenta: Un quinteto loco (1982) y Los alegres pícaros (1988). Pero Monicelli siguió haciendo cine: cortos, documentales –su homenaje al maestro Nino Rota, por ejemplo–, series televisivas y nuevas comedias, como Panni sporchi (1999) y Le Rose del deserto (2006), con guiones también propios.

“Dotado de un sólido sentido de la construcción”, dijo de Mario Monicelli el crítico José Luis Guarner, “su abigarrada obra –escribió el especialista Lorenzo Codelli– posee una extraña coherencia estética e ideológica”. Por eso, San Sebastián’08 recupera su entrañable figura y, en buena parte, olvidada filmografía.


(Publicado en ABCD las Artes y las Letras, núm. 867, 13-IX-2008, p. 46)

sábado, agosto 02, 2008

CERVANTES, DICKENS Y EL CINE DE HOY


Dario Villanueva, el nuevo académico de la Lengua Española, ha dado una lección sobre las relaciones entre Cine y Literatura, hablando del Quijote como precursor del arte fílmico


Francamente, me ha impresionado el discurso de ingreso en la Real Academia Española que ha hecho Darío Villanueva. Este eminente lingüista gallego, catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Santiago de Compostela, que ya ocupa el sillón D, vacante tras la muerte del filólogo Alonso Zamora Vicente, recurrió a El Quijote para demostrar la preeminencia de la literatura sobre el cine. Brillante discurso que fue contestado por el prestigioso escritor catalán Pere Gimferrer, antiguo crítico de Film Ideal y autor del libro Literatura y Cine.

En efecto, Darío Villanueva se refirió a la inmortal obra de Cervantes para demostrar que “el Séptimo Arte no surgió de la nada”. Y calificó a Virgilio y Shakespeare como profetas, sibilas del cine: “El ser humano utilizó para narrar técnicas como la elipsis, los saltos retrospectivos, los comienzos en media res o los relatos en paralelo antes del descubrimiento de los aparatos que permiten ahora la animación material y continua de las imágenes reales”, dijo. Señalando como pre-cinematográficos a Valle-Inclán y Francisco Ayala, entre otros creadores literarios anteriores al invento de los hermanos Lumière.

El nuevo académico consideró especialmente Don Quijote de la Mancha como la obra maestra precursora del cinematógrafo, con su “predeterminación verbal de lo visual. La contraposición entre las imágenes de dos realidades: la que ve Sancho y los demás personajes, y la que el protagonista altera y distorsiona, confiere a la novela una gran visualidad”.

Finalmente, el profesor Villanueva recordó episodios en los que el Ingenioso hidalgo ve una venta donde hay un castillo o en que confunde un rebaño de ovejas con un “copiosísimo ejército”. Y añadió: “Los personajes se suben a una loma y así la descripción que el caballero hace del ejército se resuelve como una panorámica. Después vienen sucesivos planos en movimiento para narrar el ataque de Don Quijote y su derribo a pedradas por parte de los pastores. Y no terminará el capítulo sin sendos primerísimos planos correspondientes al doble vómito y al recuento que Sancho hace de los dientes y muelas que le faltan a su amo”.

Todo este gran discurso académico me ha recordado otro importante ensayo, publicado en 1944 por Serguéi Mijaílovich Eisenstein, que tuvo por título original Dickens, Griffith et nous. Aquí, el maestro soviético relacionó la novela realista de Charles Dickens con la narrativa cinematográfica, así como la influencia del autor británico en la escritura de otro maestro del Séptimo Arte: David Wark Griffith, el gran pionero del cine americano, que con sus 795 películas –dirigidas o supervisadas– sistematizó la gramática fílmica. Eisenstein, catedrático de cine en Moscú, analizó a fondo Intolerancia (1916), obra maestra del montaje narrativo, para desarrollar él mismo el denominado montaje intelectual; mientras sus colegas concebían el montaje lírico (Pudovkin) y de ideas o constructivo (Dziga Vertov). Pues si el montaje griffithiano era a la vez dramático y expresivo –invisible, tal como funciona la lógica de la mente humana–, el eisensteiano –montaje de choque o de atracciones– desarrollaría esa cualidad al máximo, dándole mayor abstracción y carácter intelectual, simbología incluida. (Cfr. la primera versión española de ese ensayo, “Dickens, Griffith y el film de hoy”, en S. Eisenstein, Teoría y técnicas cinematográficas, Madrid, Rialp, 1959, pp. 215-275).

No obstante, todos partían de la estructura de la novela realista de Charles Dickens, explicando cómo la escritura literaria de este gran autor inglés anuncia la sintaxis cinematográfica posterior. “¿Qué fueron las novelas de Dickens –se preguntaba Eisenstein– para sus contemporáneos, para sus lectores? La respuesta es la siguiente: tenían la misma relación con ellos como la que tiene el cine con sus espectadores en nuestros días”. Y continuaba más adelante: “Quizá el secreto de Dickens (así como el del cine) depende de su creación de una extraordinaria plasticidad, de sus dotes de observación y de su cualidad óptica. Los personajes de Dickens están perfeccionados con los mismos medios plásticos y ligeramente exagerados de los actuales héroes de la pantalla”. Y demuestra su teoría tomando los capítulos XIV, XVI, XVII y XXI de Oliver Twist.

No voy a extenderme más. Ni mucho menos me propongo enmendar la plana al filólogo Darío Villanueva, que es un maestro de la escritura. Pero sí recordar que nuestro gran realista, Don Benito Pérez Galdós, fue también un precursor del Cine. Un arte que si bien posee su propio lenguaje –no mero dependiente del literario–, la Literatura le proporcionó formas narrativas que los cineastas han sabido aprovechar. En el fondo, porque todos estos creadores eran –son– humanos, y la lengua –hablada o escrita– es la que nos hace universales. De Virgilio a Galdós, pasando por Cervantes y por Dickens.

(Publicado en la revista Unidad en la pluralidad, núm. 14, Murcia, enero-febrero 2009, p. 3)

lunes, julio 28, 2008

EL BLOG EN "LA VANGUARDIA.ES"

'Caparroscinema'


La periodista María Victoria Mas ha destacado en la sección "TENGO UN BLOG" de LA VANGUARDIA digital esta web especializada, y he contestado así a sus preguntas:

- Soy un veterano crítico e historiador del cine, que me dedico al Séptimo Arte desde 1964. Como indica el blog, me llamo José María Caparrós Lera, tengo 65 años y soy docente de la Universidad de Barcelona: profesor titular de Historia Contemporánea y Cine en la Facultad de Geografía e Historia y director del Centre d'Investigacions Film-Història de la misma UB. Me doctoré en Filosofía y Letras en 1980.


- Hace un par de años que creé 'Caparroscinema' y lo sigo manteniendo con artículos originales mensuales.

- La idea nació porque tenía un chat, donde departía sobre cine con mis alumnos y también aficionados y me pareció interesante continuar estos diálogos especializados por Internet.

- En 'Caparroscinema' trato de las relaciones entre la Historia y el Cine, tema de mis clases en la UB. Además hablo del fenómeno fílmico como arte, espectáculo, industria, medio de comunicación y lenguaje. También recomiendo películas actuales y clásicas.

- La intención primordial es que la gente valore más el cine y ¡pasarlo bien con las películas!

- Hasta ahora han entrado a ver el blog unas mil personas. El perfil de mis lectores es el de cinéfilos o usuarios de otros weblogs.

- Os recomendaría muchos blogs buenos que tengo linkados en el mío, pero para que no se "enfade" ninguno, destacaré sólo una web que puede ser interesante para los amantes del cine: De cine 21.


'Caparroscinema'

Cabecera del blog 'Caparroscinema'


(Publicado en la sección "El lector opina", en La Vanguadia digital, 28-VIII-2008)

jueves, julio 03, 2008

"POZOS DE AMBICIÓN", UNA OBRA MAGISTRAL


La gran sorpresa de los Oscar, esta película dirigida por P. T. Anderson, uno de los mejores creadores americanos del cine actual


Estrenada en España con el título de Pozos de ambición, la oscarizada There Will Be Blood, de Paul Thomas Anderson, es una pieza magistral, que confirma la valía de este cineasta vanguardista.

P. T. Anderson –tal como firma el joven autor norteamericano– nació en Studio City (California), el 26 de junio de 1970. Tras cursar cine en la Universidad de Nueva York, realizó en el Taller de Sundance Institute –sede del famoso Festival de Cine Independiente– Sydney (1996), una historia de amor, venganza y redención, a la que seguiría Boogie Nights (1997), sobre las desventuras de una familia de cineastas que lucharon para revolucionar la industria del cine “porno”. Sin embargo, fue la original Magnolia (1999) –Oso de Oro del Festival de Berlín– el filme que le refrendó como creador.

Importante película independiente, Magnolia es una aguda sátira sobre la sociedad estadounidense contemporánea, emparentada con el “realismo sucio” de Raymond Carver y el estilo coral de Robert Altman (especialmente, Vidas cruzadas), pero sin caer en el cinismo de éstos, sino más bien incidiendo en valores y problemas perennes: el amor y el odio, el cariño y la comprensión, la soledad y el remordimiento, la culpabilidad y el dolor, la rectificación y el perdón, el arrepentimiento y la aceptación de la muerte, el suicidio y la desesperación, o la posibilidad de volver a empezar; en definitiva, la redención.

Esta fábula moralizante tendría luego continuidad –junto a diversos trabajos para televisión– en Punch-Drunk Love (Embriagado de amor, 2002), y culminaría con sus habituales productores –Joanne Seller y Daniel Lupi– y el cameraman Robert Elswit –Oscar de Hollywood a la Mejor fotografía– en la presente realización: There Will Be Blood (2007).

Guionista asimismo de prestigio, Paul Thomas Anderson ha traducido libremente para la pantalla a uno de los grandes escritores norteamericanos: Upton Sinclair (1878-1968), un prolífico novelista social –de la Escuela Realista de Chicago (Premio Pulitzer 1943)–, antiguo militante socialista y defensor de los desheredados. Marginado como autor por un sector de su país debido a su denuncia del capitalismo, ofrecería en 1927 una obra magistral: Petróleo. En esta novela, con unos personajes perfectamente construidos, narraba el paso del mundo agrario a la sociedad industrializada. O mejor, en la atinada síntesis del crítico literario Miguel Sánchez-Ortiz, “la transformación de una geografía salvaje y de economía depauperada, basada en la explotación agrícola tradicional, en un escenario industrial, criminal con el medio ambiente, sostén de las explotaciones petrolíferas californianas”. Todo ello, en una época muy conflictiva, cuando los Estados Unidos entran en la Gran Guerra (abril de 1917) y estalla la Revolución soviética.

Ciertamente, en el universo que describe Upton Sinclair –inspirado en los escándalos de la Administración Harding, en el célebre Teapot Dome Affair de Wyoming– cualquier método era aceptable para lograr los objetivos de fortuna: el soborno, la mentira, el abuso de poder, la violencia, el crimen, la simulación, el engaño, la venganza..., sin olvidar los conflictos éticos, afectivos e ideológicos existentes no sólo de aquel difícil período. Y así cabe apreciarlo tanto en la brillante traducción que de esta ambiciosa novela hizo en 1930 el anarcosindicalista aragonés Felipe Alaiz (hoy recuperada por Edhasa, 2007), como en la libre adaptación cinematográfica de P. T. Anderson; pues los avatares psico-sociológicos y económicos de Daniel Plainview (magistral también Daniel Day-Lewis, merecido Oscar de Hollywood como Mejor actor) están relatados con pasión y notable perfección fílmica por este joven maestro del cine; innovador como los hermanos Coen, aunque éstos le ganaron las principales estatuillas doradas de 2007 por No es país para viejos.


Alejado, por tanto, del estilo convencional de un clásico film-espectáculo como Gigante (George Stevens, 1956), de temática análoga y con los galanes Rock Hudson, Elizabeth Taylor y James Dean como grandes protagonistas, Anderson incide en las constantes expuestas en la antes comentada Magnolia. Y en su nueva fábula, tras mostrar sin tapujos las miserias y los miedos humanos, parece rechazar otra vez el azar y las circunstancias; acaso porque, como Voltaire, piensa que el azar es una palabra vacía de sentido, ya que nada puede existir sin causa. Y esa causa (encarnada por el protagonista y su contexto histórico) es un enigma que únicamente sería soportable con la superación del odio y la redención de todo sufrimiento. Un sufrimiento que, a través de su sobria pero explícita y extensa narración, este cineasta “indie” sabe comunicar con creces al espectador, quien padece las desventuras de Daniel Plainview, su ascensión y caída; el descenso a los infiernos del oro negro. O del liberalismo económico.


(Publicado en la sección "Estètica" de www.universitaties.net, junio 2008).

domingo, junio 01, 2008

PELÍCULAS RECOMENDADAS (9) PARA EL VERANO 2008


Cada época veraniega, muchos aficionados me piden recomiende algunos filmes para pasarlo bien, a la vez de enriquecerse humana y artísticamente.

Aquí va, pues, la docena de títulos que he seleccionado este año –con breves comentarios valorativos–, los cuales ya pueden encontrarse en DVD o alquilar en los vídeo-clubs.


- Jóvenes:


Ángeles S. A. (España, 2007), de Eduard Bosch, con Pablo Carbonell y Silvia Marsó. Color - 90 minutos.
Segundo largometraje del realizador catalán Eduard Bosch (El viaje de Arián), que relata una historia sentimental, llena de valores humanos, sentido del humor y buena música, con canciones de María Isabel. Bien dirigido e interpretado, es un filme entretenido que descansará a grandes y chicos.

Cobardes (España, 2008), de José Corbacho y Juan Cruz, con Eduardo Garé y Eduardo Espinilla. Color - 89 minutos.
El tándem televisivo Corbacho-Cruz (Tapas) ha atinado esta vez con una película sobre un tema de gran actualidad: el acoso escolar. Bien planteada y mejor realizada, gustará especialmente al público adolescente y a los profesores. Muy recomendable también para padres. Ha recibido el Premio de la Crítica en el último Festival de Cine Español de Málaga.

La jungla 4.0 (USA, 2007), de Len Wiseman, con Bruce Willis y Maggie Q. Color - 131 minutos.
Cuarta película de esta serie, asimismo protagonizada por el “duro” Bruce Willis, que entusiasmará a los seguidores de este actor y sus increíbles aventuras. Con efectos especiales de primer orden, es un entretenimiento muy bien realizado cuyo objetivo primordial es divertir al gran público.

Once (Una vez) (Irlanda, 2007), de John Carney. con Glen Hansard y Markéta Irglová. Color - 85 minutos.
Uno de los mejores filmes independientes de esta temporada, que narra las desventuras de un músico callejero y de una joven inmigrante checa en Dublín. Con grandes valores humanos y espléndidas melodías –las cuales expresan el estado anímico de los protagonistas– encantará a todo tipo de espectadores. Ganó el Oscar a la Mejor canción original 2007.

El orfanato (España, 2007), de Juan Antonio Bayona, con Belén Rueda y Fernando Cayo. Color - 110 minutos.
Esta película barcelonesa ha sido la más taquillera del año pasado. Se trata de un clásico del cine fantástico-terrorífico, que gustará especialmente a los aficionados a este popular género. Contiene secuencias muy conseguidas y una excelente interpretación. El debut del catalán Bayona se ha llevado los principales “Goyas” de la Academia Española.

El ultimátum de Bourne (USA, 2007), de Paul Greengrass, con Matt Damon y Julia Stiles. Color - 111 minutos.
Tercera secuela del agente Bourne, realizada con brillantez por el británico Paul Greengrass (United 93). Con un ritmo y acción trepidante, este nuevo thriller mantiene el interés del espectador en todo momento. Las habituales dosis de violencia están bien combinadas con los escenarios cosmopolitas que muestra el filme.


- Mayores:

Cassandra’s Dream (USA, 2007), de Woody Allen, con Ewan McGregor y Colin Farrell. Color - 112 minutos.
Final de la trilogía londinense del maestro neoyorquino (Match Point, Scoop), que vuelve sobre la culpa y el castigo. Pero El sueño de Casandra –que de nuevo bebe en las fuentes de Dostoiesky– gustará más a los seguidores de Woody Allen, aquí insistiendo en sus constantes y sólo detrás de la cámara.

Leones por corderos (USA, 2007), de Robert Redford, con Tom Cruise y Meryl Streep. Color - 88 minutos.
Nueva película del veterano galán Robert Redford –que también la interpreta– acerca de la guerra y las problemáticas con que se enfrenta el mundo actual. A modo de debate político, ofrece una visión serena y provoca la reflexión crítica del espectador cultivado.

Michael Clayton (USA, 2007), de Tony Gilroy, con George Clooney y Tilda Swinton. Color - 119 minutos.
Otro filme de abogados, que denuncia la corrupción de bufetes y empresas, que logra un buen clima de suspense. Aunque la trama resulta algo complicada, gustará más al público especializado. Es el debut como realizador del guionista Gilroy. George Clooney brinda un recital interpretativo.

No es país para viejos (USA, 2007), de Joel y Ethan Coen, con Tommy Lee Jones y Josh Brolin. Color -122 minutos.
Los innovadores hermanos Coen han vuelto a dar una lección de cine, donde la violencia es protagonista de una sociedad en crisis. La gran interpretación del español Javier Bardem mereció el Oscar de Hollywood al Mejor actor secundario. Este galardonado filme está basado en una novela de Cormac McCarthy.

Pozos de ambición (USA, 2007), de Paul Thomas Anderson, con Daniel Day-Lewis y Ciarán Hinds. Color - 158 minutos.
A modo de epopeya, esta película-río narra la evolución de la historia de los Estados Unidos: el paso del mundo rural del Oeste al industrial petrolífero. Con un estilo de western crepuscular, el vanguardista Anderson (Magnolia) ha realizado un filme tan ambicioso como excesivo, si bien posee gran fuerza dramática sustentada en el trabajo de Day-Lewis (Oscar 2007). Está basado en una famosa novela de Upton Sinclair (Petróleo).

Zodiac (USA, 2007), de David Fincher, con Jake Gyllenhaal y John Carroll Lynch. Color - 161 minutos.
Notable psico-thriller realizado por el especialista David Fincher (Seven). Basado en un hecho real, cuenta las desventuras de varios investigadores obsesionados tras un enigmático asesino en serie en la América de finales de los 60 y principios de los 70. Bien interpretada y brillantemente narrada en imágenes, sin caer en concesiones a la galería, gustará más a los cinéfilos y aficionados a este tipo de películas.


(Publicado en www.cinemanet.info, julio 2008; y en www.forumlibertas.com, agosto 2008).

sábado, mayo 31, 2008

ENTREVISTA CON JOSÉ MARÍA CAPARRÓS LERA



“LAS PELÍCULAS SON UN TESTIMONIO DE LA REALIDAD SOCIAL Y DE LA EVOLUCIÓN DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO”



Por JUAN PABLO TORRENTS-FAURA
Saber, conocer y amar el cine y tener, además, valores para verlo, comprenderlo y hablar de él es algo que no muchas personas hacen en nuestro país. Éste es el caso de uno de los profesores más renombrados de España, José María Caparrós, y que sabe enseñar a ver el cine de otra manera, que valora su importancia en la Historia como reflejo de nuestra sociedad y que alaba su capacidad de contar historias. De todo esto y algo más ha hablado con ALBA.

Con motivo del premio concedido por el Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), le hemos entrevistado; pues –como ya se informó en esta misma página– el pasado mes de enero recibió en Madrid la Medalla a la Mejor Labor literaria y periodística por su trayectoria profesional.

Nacido en 1943, en el seno de una familia humilde, el doctor Caparrós Lera está reconocido como uno de los principales especialistas de cine de nuestro país. Profesor Titular de Historia Contemporánea y Cine de la Universidad de Barcelona, es Director del Centre d'Investigacions Film-Història del Parc Científic de la misma UB. Ha ejercido la crítica cinematográfica durante más de 35 años; época en la que entrevistó a grandes cineastas (Fritz Lang, King Vidor, François Truffaut, Jacques Tati, Robert Altman, Luis G. Berlanga).

Historiador del cine español, ha publicado 35 libros especializados, como Arte y política en el cine de la República (1981), El cine español bajo el régimen de Franco (1983), El cine español de la democracia (1992), 100 grandes directores de cine (1994, 1995), 100 películas sobre Historia Contemporánea (1997, 2004), Breve historia del cine americano (2002), Historia del cine europeo (2003, 2007) e Historia del cine español (1999, 2007). Asimismo, es miembro de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España y vicepresidente de CinemaNet.

- ¿Cómo y cuándo le surge la pasión por el cine?

- Fue a los 18 años, cuando iniciaba la mayoría de edad. Abandoné mi interés por el deporte y comencé la aventura del cine, que como bien dice es una pasión. Del cine como arte auténtico, no como mero producto comercial. Veía en esa época –de la adolescencia a la juventud– media docena de películas cada semana. Primero quería ser actor, pero me decanté por la crítica cinematográfica y la enseñanza del cine en las escuelas.

- ¿De todos los libros que ha publicado sobre historia del cine, a qué conclusión ha llegado?

- Que el cine es un arte maravilloso: representa en el siglo XX lo que la imprenta en el Renacimiento. Por eso disfruto historiando y analizando películas, con el propósito también de que el espectador vea los filmes como un reflejo de la vida, de la sociedad contemporánea.

- ¿Cuál es la parte del cine qué más le interesa?

- La puesta en escena; cómo la ética –la voluntad de expresión– se expresa a través la forma fílmica –la estética–, que es la clave del arte de las imágenes. Por tanto, es la parte creacional, la realización, lo que más me interesa del cine. Y aquí entra también el diálogo –dialéctica– entre la obra cinematográfica y el espectador, cada uno de nosotros. Porque un filme sólo existe cuando está en pantalla y es contemplado por el público.

- ¿Cómo ha evolucionado el cine en los últimos 30 o 40 años?

- El Séptimo Arte ha vuelto al espectáculo tradicional en las tres últimas décadas, sobre todo con los avances tecnológicos y el fenómeno digital. No obstante, las películas son un testimonio de la realidad social y de la propia evolución del mundo contemporáneo. El cine europeo retrata nuestro Viejo Continente, la cultura de los diversos países y sus gentes; mientras que el cine americano refleja la evolución de la sociedad de ese Nuevo Mundo. También destaca hoy el cine oriental, con países emergentes como Irán y la India, que tienen una cinematografía tan potente como China y Japón.

- ¿Por qué la mayoría del público en España sigue viendo, mayoritariamente, películas made in Hollywood y no españolas?

- En primer lugar, porque están mejor realizadas y cuentan con más medios; pero, también, por la mala fama que arrastra el cine español. Aún se habla de “españoladas” al referirse a las películas autóctonas. Sin embargo, hay en nuestro país unas películas que interesan especialmente al público joven, porque conectan con los problemas más candentes que nos toca vivir.

- ¿Qué películas consume el espectador a día de hoy?

- El gran público popular consume filmes-espectáculo, que le puedan evadir de la problemática cotidiana –tipo Piratas del Caribe, Indiana Jones, etc.–. Pero hay otro espectador, más intelectual, que le interesan las películas con valores artísticos y humanos que asimismo le enriquezcan como persona. Con todo, el fenómeno del DVD está cambiando las costumbres de asistencia al cine. Pronto habrá una crisis de multisalas, al personalizar más el visionado de las películas, también mediante del ordenador.

- En cuanto a los premios de cine, ¿con cuál se queda: Goya o los Oscar?

- Ambos están dentro de los intereses de la industria. El Oscar de Hollywood representa el esplendor de la vieja Meca del Cine. Y los Goya, la promoción del cine español. No obstante, son un estímulo comercial, ya que la obra cinematográfica es un producto muy caro.

- El actor, ¿nace o se hace? ¿Y el director?

- Un poco, se nace; pero también hay que formarse, como en toda profesión. Los artistas –actrices y actores– han de reunir cualidades como sensibilidad, físico –o primordialmente, fotogenia–, mímica, voz, naturalidad, compenetración con sus personajes, personalidad y carácter. Mientras que los directores también deben poseer sensibilidad e inteligencia, cultura y formación profunda, ser conocedores de la técnica cinematográfica, autoridad humana y categoría profesional.

- Recomiéndenos películas actuales con mensajes cristianos para ver en familia.

- En la actual cartelera de estreno, no hay ahora películas con ese tipo de mensajes. Pero la pasada temporada han destacado algunos filmes con valores familiares y espirituales, tales como Disparando a perros, Copying Beethoven, Mía Sarah, El tigre y la nieve, United 93, World Trade Center, The Queen, En busca de la felicidad, Rocky Balboa, Natividad y el documental El gran silencio, que se pueden encontrar en DVD. Aun así, entre las películas más recientes cabe recomendar No es país para viejos o Pozos de ambición, aunque son muy violentas. Para futuras recomendaciones, sugiero la web http://www.cinemanet.info/ y mi blog: caparroscinema.blogspot.com

- ¿Cuál va a ser la tendencia del cine en Europa y América durante los próximos años?

- No soy profeta, sino un simple historiador. De ahí que hable más del pasado y del presente que del mañana. Con todo, el cine europeo –como siempre ha hecho– se encaminará más a testimoniar la evolución de su sociedad. Y el cine norteamericano continuará –salvo excepciones, como el magistral díptico de Clint Eastwood Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, por ejemplo– haciendo “soñar despierto” al espectador de allá y allende las fronteras.

- ¿Qué nuevo libro prepara?

Como ya anuncié en el referido weblog, tengo a punto de editar una monografía titulada Woody Allen, barcelonés accidental. Solo detrás de la cámara. Espero que mi pequeño libro esté en las librerías del país poco antes de que se estrene la película que este gran retratista del mundo contemporáneo ha rodado en Barcelona.


(Publicado en http://www.cinemanet.info y en el semanario ALBA del tercer milenio (Madrid), núm. 187, sección "Cultura/gran angular", p. 50).

sábado, abril 26, 2008

EL "RISORGIMENTO" DEL GÉNERO POLÍTICO

El movimiento situacionista, que generó la revolución francesa de Mayo del 68, tuvo una gran repercusión en Italia e Iberoamérica. Fue el nuevo despertar del cine político promovido, entre otros directores, por Gillo Pontecorvo, Francesco Rosi y Fernando Solanas


Como bien denominó el especialista Julio Pérez Perucha, las rupturas del 68 fueron los años que conmovieron al cine. Aunque el género político nació con el Séptimo Arte -Méliès realizó en 1899 L'Affaire Dreyfus-, y Eisenstein y la escuela soviética consolidaron este cine en los años veinte, en Italia se dio un risorgimento gracias a Mayo del 68. El pionero Gillo Pontecorvo declararía en la siguiente década: "Nueve de cada diez de los cineastas italianos más serios militan en partidos de izquierda. Y la mayoría de los filmes que no son específicamente políticos contienen un reflejo de la realidad social italiana".
Tras el realismo crítico de los setenta, encabezado por los cineastas del Nuovo Cinema -Antonioni, Zurlini, Germi, Lizzani-, esta otra generación emparentada con Antonio Gramsci y el eurocomunismo acometió la realización de filmes políticos. Fue el renacimiento de un género que prácticamente acabaría con las llamadas nuevas olas de los años sesenta. Los principales autores y películas de este risorgimento -que se extendió desde Francia hasta Italia e Iberoamérica- fueron Elio Petri, con Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (1970), dura crítica a los abusos del poder incontrolado, y La clase obrera va al paraíso (1972); Damiano Damiani, con Confesiones de un comisario (1971); y Francesco Rosi, con Il caso Mattei (1972) y Lucky Luciano (1973), que ofrecían un retrato del «compromiso histórico» entre democristianos y comunistas.
POLÉMICA.- De ahí que a finales de los setenta hubiera en Italia una polémica sobre el inicio de una crisis en el cine político. Florestano Vancini -famoso por El delito Matteotti (1973), que narraba el asesinato del secretario general de Partido Socialista por un grupo fascista- afirmó: "Cada filme que hacemos es el resultado de una batalla. La moda es el spaghetti-western, el género policíaco, el erótico. A nadie le llama un productor para hacer una película política. De los 150 filmes que se ruedan al año en Italia sólo algunos son realmente políticos".
Es evidente, pues, que el género político postMayo del 68 estaba amenazado en Europa. Y los directores «comprometidos» tuvieron que recurrir al capital de las majors de Hollywood, dispuestas a producir cintas italianas con la condición de que no supusieran una competencia para las norteamericanas. Por ejemplo, la superproducción de Bernardo Bertolucci, Novecento (1976) -criticada en Italia por su simplismo y maniqueísmo-, fue distribuida mundialmente por Paramount y United Artists. En 2003 evocaría el clima del Mayo francés con Soñadores.
Pero no hay que olvidar los otros intereses que se movían en el género político. Franco Brusati, un precursor del mismo, afirmaba que "La política hábilmente mezclada con escenas eróticas es una excelente receta para intimidar a los críticos sin disgustar a los espectadores". Así, en la Europa postMayo del 68, encontramos directores «contestatarios» que consiguen el equilibrio entre ideología y comercialidad. Entre ellos, aparte de los grandes pioneros franceses (Godard y el Grupo Dziga Vertov, Costa-Gavras), cabría citar de nuevo a Gillo Pontecorvo, con Queimada (1969), Liliana Cavani, con Galileo Galilei (1969) y Portero de noche (1974), o Giuliano Montaldo, con su magistral Sacco y Vanzetti (1971), obras con una carga denunciatoria y revolucionaria muy preparada para las masas y especialmente dirigidas al público joven, pero con una dosis novelada para la aceptación del gran público. Todo ello sin olvidar al veterano Luchino Visconti, con su emblemática La caída de los dioses (1969).
MILITANCIA.- En Iberomérica tuvo repercusión Mayo del 68. Se desarrolló en esos años un cine militante realizado por diversos grupos; el evolucionado Cinema Nôvo brasileño -"el cual operaba sobre una larga base unitaria nacional-popular contra el colonialismo cultural y el cine comercial", según el especialista Pio Baldelli-; las películas cubanas promovidas por Fidel Castro a través del ICAIC; los filmes «de liberación» argentinos, como La hora de los hornos (1968), de Fernando Solanas y Octavio Getino; o el cine de Jorge Sanjinés, autor de La sangre del cóndor (Yawar Mallku, 1969), prohibido por el Gobierno boliviano, pero luego recuperado por la presión popular. Este filme fue coreado por millares de personas que protestaban contra el colonialismo yanqui y escribían su título original en los muros de La Paz.


(Publicado en ABCD las Artes y las Letras, núm. 847, 26-IV-2008, p. 52)

jueves, abril 10, 2008

"Tribuna abierta": EN DEFENSA DEL CINE ESPAÑOL

El nuevo Gobierno ha de acabar con el doblaje de las películas extranjeras, y que el cine español se defienda con su propio idioma, sin subvenciones oficiales ni protecciones de ningún tipo. Por otra parte, bien lo sabemos, “quién paga, manda”


Los pasados días, la denostada cinematografía española ha gozado con la concesión de un Oscar a Javier Bardem, aunque fuera por la interpretación en una película norteamericana. Lo valoró muy bien el crítico E. Rodríguez Marchante. Pero el merecido triunfo de Bardem me ha sugerido un comentario crítico acerca del cine de nuestros amores y dolores...
Las últimas cifras oficiales del 2007 no son halagüeñas: hemos tenido 116,9 millones de espectadores, 4,7 millones menos que el año 2006. Con todo, la culpa se le atribuye a la creciente piratería: el nuevo público –especialmente joven– se “baja” las películas por Internet sin escrúpulo alguno. Y las salas cinematográficas están a punto de hacer un crack. “Sobran unas 1.500”, manifestó el empresario de los cinemas Verdi.
Según el Ministerio de Cultura, del 1 de enero al 31 de diciembre de 2007, los filmes españoles recaudaron 86,7 millones de euros, 11,6 menos que el año anterior; mientras que el cine extranjero recaudó 557 millones de euros, 19,2 menos que en el ejercicio del 2006, y el número de espectadores se redujo en 1,7 millones; al tiempo que los que acudieron a ver cine nacional fueron 15,7 millones, frente a los 18,7 del año anterior.
Aun así, entre las diez películas más taquilleras del 2007, la primera es una producción española: El orfanato, la multipremiada del debutante Juan Antonio Bayona, con 24,3 millones de euros y más de cuatro millones de espectadores a final de año; superando las terceras partes de Piratas del Caribe y Shrek. Tras estos primeros filmes con más de veinte millones, están nada menos que los nuevos Simpson, Spider-Man y Harry Potter. Y en el número 16, otra película española de terror: Rec, de Jaume Balagueró y Paco Plaza, con 7,7 millones de euros.

Sin embargo, dejemos unos datos estadísticos que evidencian la crisis del sector y vayamos a lo que es –en mi opinión– el verdadero mal de la cinematografía autóctona. Pienso que el inconveniente no está tanto en la clamada piratería, sino en un vicio que el cine español arrastra desde el primer franquismo: el doblaje de las películas extranjeras.

En España, para defender el idioma castellano y controlar ideológicamente el mensaje de los filmes, la Dictadura estableció una férrea censura y se “vendió” desde los años cuarenta al cine norteamericano, que “colonizó” las pantallas no sólo españolas sino de toda Europa a partir de la Primera Guerra Mundial.
En efecto, el doblaje es el mayor enemigo del cine español, junto a un público que tiene un concepto negativo sobre las películas autóctonas, a las que denomina desde los años veinte, en plena dictadura de Primo de Rivera, como “españoladas”. Y no es justo este término, porque nuestra endémica cinematografía ha dado al Séptimo Arte autores tan universales como Luis Buñuel, Carlos Saura, Luis G. Berlanga, Juan A. Bardem, Víctor Erice o Pedro Almodóvar, y películas tan importantes como Tristana, La caza, El verdugo, Muerte de un ciclista, El espíritu de la colmena o Volver, respectivamente, para no hacer exhaustiva la lista. Y artistas de prestigio internacional como Imperio Argentina, Fernando Rey, Fernán Gómez, Francisco Rabal... y ahora Javier Bardem.
Este diciembre pasado, antes de concluir su primera legislatura, el Gobierno socialista logró que el Parlamento aprobara la nueva Ley del Cine, después de un agrio debate en los diversos sectores de la industria –producción, distribución y exhibición– desde siempre enfrentados. Pero, al final, obtuvo un amplio consenso, destacando el apoyo a la producción independiente y la ayuda específica a las películas en los idiomas co-oficiales del Estado; en decir, las lenguas vernáculas. Asimismo, se reguló el papel de las televisiones como motor económico de nuestro cine autóctono. Pero sigue sin resolverse el problema principal: la desleal competencia de las multinacionales de Hollywood que ocupan las pantallas del país y dejan al cine comunitario europeo muy en inferioridad de condiciones.
¿Cómo luchar contra esta competencia? No autorizando el doblaje de películas extranjeras a la lengua castellana y tampoco a las vernáculas. Sólo los filmes españoles se escucharán en el idioma autóctono, como ocurre en la mayoría de las naciones de todo el mundo: desde Portugal a los diversos países de Latinoamérica. Allí nadie ve las películas dobladas, sino meramente subtituladas. ¿Por qué lo seguimos haciendo en España?
Ésa sería la mejor defensa del cine español contra la vieja colonización extranjera: que las películas se proyecten en versión original con subtítulos. En una época de globalización, cuando el idioma inglés impera en el mercado laboral y pronto los alumnos no podrán licenciarse sin el conocimiento de esta lengua, resulta insólito que todavía nos obstinemos en no leer el subtitulado, alegando que distrae la visión de las imágenes: hay que acostumbrarse a escuchar y ver, leyendo al mismo tiempo. Además, ¿qué nos parecería si a uno de nosotros nos doblaran la voz en una transmisión? Seguro que no nos reconoceríamos, pues psicológicamente la dicción propia es parte de la persona.
Ya sé que se opondrá el gremio de dobladores, grandes profesionales del cine español. Pero estos competentes trabajadores –bastante mal pagados y poco reconocidos– siempre tendrán las películas emitidas por televisión. Como excepción, podría permitirse el doblaje en las películas en su pase por las cadenas televisivas, una vez acabada su explotación comercial en las salas cinematográficas. Sería una forma progresiva de cambio de costumbres, sobre todo dirigida a la gente mayor.
No obstante, hay que ponerle el cascabel al gato, permítaseme esta poco académica expresión. ¿Hasta cuándo las subvenciones del Estado? Ese público que denosta al cine español está molesto porque del pago de sus impuestos se subvencionan las películas autóctonas. Y tiene razón. El erario público no debe pagar a ningún sector profesional; han de ser los profesionales quienes generen su propia financiación. Si hacemos Cultura –con mayúscula– a base de subvenciones, se resta la iniciativa privada. Ningún industrial vive de la subvención; ¿por qué entonces los cineastas?
Acaso, también como excepción y para proteger a los nuevos valores, cabría subvencionar las óperas primas, y promover jóvenes profesionales para la pantalla grande. Pero no más que a la primera película. Y la gente no se acostumbraría a vivir de la subvención, ni tampoco a utilizar otras triquiñuelas legales para obtener beneficios.
Por tanto, el nuevo Gobierno ha de acabar con el doblaje de las películas extranjeras, y que el cine español se defienda con su propio idioma, sin subvenciones oficiales ni protecciones de ningún tipo. Por otra parte, bien lo sabemos, “quién paga, manda”. Así no se harán películas –como ocurría antaño– al gusto de la Administración. Y, a la vez, se evitará el “amiguismo” de todo régimen autoritario, ya sea dictatorial o democrático, tan propio de la condición humana.
¿Qué se realizarán menos películas españolas sin dinero público? Pero posiblemente mejores. Hay talento en nuestro cine para hacerse un lugar en el sol; no necesita subsistir de la prebenda estatal o autonómica, sino del trabajo bien hecho.


(Publicado en ABC, Madrid, 10-IV-2008, pág. 57)

martes, marzo 18, 2008

PELÍCULAS RECOMENDADAS (8)


Nueva relación de filmes, que recomiendo para un público amplio. Como en las siete anteriores listas, las películas señaladas con un asterisco (*) pueden gustar más especialmente a espectadores de Tercera edad.

Entre paréntesis, sigo indicando los títulos que gustarán primordialmente a los cinéfilos, y ahora añado también filmes más dirigidos a menores.


Estrenos:

- Buda explotó por vergüenza (cinéfilos)
- Cobardes
- Cometas en el cielo
- Como la vida misma*
- Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian (menores)
- 12*
- Ella es el partido*
- Franklin y el tesoro del lago (menores)
- El incidente (cinéfilos)
- Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal
- Lars y una chica de verdad*
- Love and Honor (cinéfilos)
- Mil años de oración (cinéfilos)
- No es país para viejos
- Oh, Jerusalén*
- Pozos de ambición
- Todos estamos invitados
- La vida sin Grace*


Vídeos (DVD) recientes:

- Ángeles, S. A. (menores)
- ¡Esto es ritmo! (cinéfilos)
- Harry Potter y la Orden del Fénix (menores)
- La jungla 4.0
- Leones por corderos*
- Michael Clayton
- El noveno día*
- Once
- El orfanato
- Ratatouille (menores)
- Shrek 3 (menores)
- Sin destino*
- El ultimátum de Bourne
- Zodiac

sábado, marzo 08, 2008

Centenario de Anna Magnani: SIMPLEMENTE ANNARELLA


Anna Magnani, Annarella para los italianos, no era sólo una actriz: su fuerza y su embrujo excepcionales la convirtieron en un emblema del Séptimo Arte


Así se conocía en Italia a esta gran diva de la pantalla. Pero la Magnani no había nacido en la Ciudad Eterna, como dicen algunos textos, sino en la no menos histórica y sugerente Alejandría, el 7 de marzo de 1908. Su padre era de origen egipcio y su madre de Rímini. Llegó a Roma a los cinco años, y se pagó los estudios en la Academia de Arte Dramático trabajando como artista de variedades. Sin embargo, pronto se transformaría en una actriz de teatro e incluso fundó su propia compañía.

En el cine debuta en 1934, con el melodrama La ciega de Sorrento, de Nunzio Malasomma. Un año después se casa con el director Goffredo Alessandrini, para quien interpretará Caballería (1936). Con todo, hasta la década de los cuarenta, no concibe su auténtico personaje: en la un tanto autobiográfica Nacida en viernes (1941), con el maestro Vittorio de Sica, en la explosiva mujer de los barrios proletarios del filme de Luigi Zampa Noble gesta (1947), o la también populista Campo de'fiori (1943), en dialecto romano y con Aldo Fabrizzi como "partenaire".

SIEMPRE ROMA.- Pero Anna Magnani destacaría sobre todo por su creación de mamma asesinada por los nazis, en la obra maestra de Roberto Rossellini, Roma, ciudad abierta (1945), película que abrió el Neorrealismo. Después, entre nuevos títulos, daría otra lección interpretativa con Bellísima (1950), de Luchino Visconti, para encarnar su propio papel en el episodio de este autor en Nosotras, las mujeres (1953) y demostrar su registro artístico en cintas históricas como Anna Garibaldi (Alessandrini, 1952) y La carrosse d'or (Jean Renoir, 1953). En esta bella obra del maestro galo, Anna Magnani dio vida al personaje de la Perrichola: estuvo realmente genial como la Camila de Prosper Merimée, influida por el estilo de la Commedia dell'arte.

Su fama ya era internacional. Por eso enseguida fue reclamada por Hollywood. En la Meca del Cine, el dramaturgo Tennessee Williams escribió ex profeso para ella La rosa tatuada (1955), de Daniel Mann, con la cual obtuvo el merecido Oscar a la mejor actriz. Le dio réplica Burt Lancaster. Una película que no autorizó la censura franquista, pero que finalmente se vio por nuestra televisión. En Estados Unidos todavía protagonizó un melodrama dirigido por George Cukor, Viento salvaje (1957), con Anthony Quinn y Tony Franciosa, y otro drama sudista, Piel de serpiente (Sidney Lumet, 1959), una adaptación de La caída de Orfeo del mismo Tennessee Williams, que tuvo a Marlon Brando como "partenaire", aunque lamentablemente falló la química entre ambos: el Método del Actor’s Studio no combinó con el naturalismo de la Magnani.

PROBLEMAS.- De ahí que regresara a su Italia querida y se encontró con una sorpresa: la gran diva de la pantalla, la popular Annarella, tuvo serios problemas para seguir en el candelero. El productor Carlo Ponti no la escogió para interpretar Dos mujeres (1960), y el célebre papel de la Sciocciara de Alberto Moravia se lo dio a su esposa Sofía Loren, que al principio debía interpretar a la hija. Las malas lenguas dicen que el binomio Ponti-Loren quiso borrar del estrellato a la Magnani. La verdad es que en toda la década únicamente apareció en dos filmes importantes: Mamma Roma (1962), de Pier Paolo Pasolini, y El secreto de Santa Vittoria (Stanley Kramer, 1969), otra vez junto a Anthony Quinn. Y volvió al teatro para subsistir. No obstante, Pasolini había modernizado el clásico personaje de madre proletaria en una prostituta que intenta salvar a su hijo del hampa. Siguiendo su particular estilo, este realizador representó la agonía del hijo de la mamma dolorosa copiando al Cristo yacente de Mantegna. Ella es -escribió Terenci Moix- «la representante más genuina de lo popular en el cine mundial, un fenómeno de fuerza única, un huracán de sentimientos que se comunica en cualquiera de sus interpretaciones».

Prácticamente retirada de los platós -Franco Zeffirelli, que le dio a interpretar en los escenarios La Loba de Verga, insistiría en el boicot que sufrió del matrimonio Ponti-, la Magnani dedicó los últimos años de su vida a cuidar a su hijo, que había quedado paralítico por poliomelitis. Su muerte, acaecida un año después de que Fellini la recuperara para su Roma (1972), conmovió a Italia y a los aficionados de todo el mundo. Annarella era el Séptimo Arte.

(Publicado en ABCD las Artes y las Letras, 8-III-2008).

martes, febrero 26, 2008

UNOS "OSCAR" PREVISIBLES, PERO JUSTOS


Bardem dedicó su merecida estatuilla al cine español

La 8O ceremonia del codiciado premio “Oscar” de la Academia de Hollywood se celebró el pasado domingo con el esplendor acostumbrado. La vieja Meca del Cine ha demostrado, una vez más, que sabe adaptarse a los nuevos tiempos. Los principales Academy Awards han sido para los vanguardistas e "indie" hermanos Coen, Joel y Ethan, que son un cinéfilo y filósofo de carrera.

En efecto, No es país para viejos se ha llevado un palmarés que era previsible: Mejor película, mejor director, mejor guión adaptado y mejor actor de reparto, nuestro Javier Bardem. El film de Joel y Ethan Coen es un prodigio de puesta en escena. Por eso me parecen justos los cuatro Oscars concedidos. Más discutible es el guión adaptado, pues muchos espectadores quedan un tanto defraudados con su final; no obstante, respeta el espíritu de la novela de Cormac McCarthy. Se trata de un thriller fronterizo, en la mejor línea de las obras de este binomio creador, que vale la pena visionar. Y Bardem borda su papel de asesino psicópata. Este nuevo Paco Rabal del cine español brindó la preciada estatuilla a los cómicos, especialmente a su familia y a nuestra pobre industria autóctona.

Otro cineasta vanguardista, Paul Thomas Anderson (el autor Magnolia), acaso tan innovador y amante del Séptimo Arte como los hermanos Coen, fue reconocido por su realización de Pozos de ambición; aunque él no se llevó el Oscar, sí el gran protagonista del film, Daniel Day-Lewis (que ya había ganado la estatuilla dorada hace una década por Mi pie izquierdo), así como el director de fotografía de esta importante película, Robert Elswit. Una obra que evoca un período de la historia de Estados Unidos. Aun así, la perdedora de esa noche fue la británica Expiación, de Joe Wright, que sólo se llevó el premio a la Mejor banda musical; mientras Once fue premiada por su canción Falling Slowly, y Juno ganó el Oscar al Mejor guión original.

Por otra parte, otro film tan innovador como Michael Clayton, de Tony Gilroy, se tuvo que conformar con la estatuilla a la Mejor actriz de reparto, Tilda Swinton; y el también vanguardista Tim Burton sólo se llevó una estatuilla dorada por su musical gótico Sweeney Todd. El barbero demoníaco de la calle Fleet: Mejor dirección artística, para Dante Ferreti y Francesca Lo. Otra europea obtuvo el codiciado premio a la Mejor interpretación femenina: Marion Cotillard, por su papel de Edith Piaf en La vida en rosa. La actriz francesa estaba radiante y feliz en la gala; pues todas las estrellas lucieron sus vestidos y figuras.

Los siempre valorados galardones a la Mejor película extranjera fue a parar a una producción austriaca, que tiene previsto su estreno en España el 14 de marzo: Los falsificadores, de Stefan Ruzowitzky, otra crónica histórica acerca de la utilización de los judíos en los campos de exterminio nazis. Los tres Oscar “técnicos” –Mejores montaje, sonido y efectos– fueron, merecidamente, para El ultimátum de Bourne; mientras que la película de animación Ratatouille también recibió su reconocimiento, al igual que el Mejor vestuario de Alexandra Byrne por Elizabeth. La edad de oro.

Hollywood ha optado este año por repartir sus preciados galardones entre bastantes artistas europeos. Y asimismo ha intentado levantar la taquilla con su comercial “Oscar”, ya que la recaudación de las cinco películas nominadas como mejores era de las peores de las últimas décadas. Ahora el gran público se lanzará a ver los títulos premiados. Por tanto, las diezmadas salas cinematográficas de todo el mundo aumentarán su rendimiento... si la creciente “piratería” lo permite, claro.
(Publicado en http://www.cinemanet.info/, 27-II-2008).

lunes, febrero 11, 2008

EL MAESTRO EISENSTEIN


Al cumplirse el sesenta aniversario de la muerte del genial autor de El acorazado Potemkin es posible disfrutar en DVD de buena parte de su obra. El maestro Serguéi Mijaílovich Eisenstein aportó al Séptimo Arte teorías y recursos tan esenciales como el "montaje de atracciones" y la metáfora visual.


Serguéi Mijaílovich Eisenstein es, según muchos historiadores, uno de los tres genios del Séptimo Arte, junto con Charles Chaplin y John Ford. Su Majestad Eisenstein –para para los cinéfilos– fue además un gran teórico y maestro del cine ruso. Nacido en Riga (Letonia), el 22 de enero de 1898, era hijo de un arquitecto alemán y había estudiado Ingeniería y Arquitectura.

Dibujante y decorador, Eisenstein trabajó como director escénico en el Proletkult (Organización de la Cultura Proletaria) y llegó a tener su propia compañía teatral. Ayudante de Vsevolod Meyerhold, se interesó por el arte cinematográfico después de la Revolución de 1917, en la que participaría activamente.

Su debut en el cine data de 1924, con Stachka, magistral filme sobre una huelga en la Rusia zarista, y llegó a ser el máximo representante de la escuela soviética con sus coetáneos Dziga Vertov, Vsevolod Pudovkin y Alexander Dovjenko. Al año siguiente realizaría su Acorazado Potemkin, una evocación patética de la Revolución de 1905, obra mítica del cine político y artísticamente modélica, que ha pasado a la historia como la mejor película de todos los tiempos, especialmente por su antológica secuencia de las escalinatas de Odessa.

Asimismo, y por encargo del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), S. M. Eisenstein conmemoró el décimo aniversario de la Revolución bolchevique con Octubre (1927), un filme también clave del estilo eisensteiano, que se inspiró en el relato Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed, resultando algo panfletario y caótico, pese a tener secuencias memorables. Después llegó su nueva obra maestra La línea general (Lo Viejo y lo Nuevo, 1929) sobre la revolución campesina en la URSS.

CONTRIBUCIONES.- Con estas primeras obras maestras, S. M. Eisenstein desarrollaría sus teorías como cineasta –ya puestas por escrito, y posteriormente editadas en lengua española (Reflexiones de un cineasta, Barcelona, Lumen, 1970; El sentido del cine, Buenos Aires, Siglo XXI, 1974)– y aportaría sus famosos «montaje de atracciones» y la metáfora visual. Poco después incorpora la banda musical, consiguiendo una perfecta asociación de las estructuras plásticas con las sonoras.

En los años del cine parlante, Eisenstein desarrolló la concepción por ideogramas y los avances expresivos del color, basado también en el teatro japonés Kabuki. Y todo ello dentro de ese carácter épico, barroco, con aire de epopeya y un lirismo que se une con la problemática de fondo, que le distinguieron como autor. Estudioso de la narrativa de Charles Dickens y David Wark Griffith (ver su ensayo de 1944 "Dickens, Griffith y el cine de hoy", en Teoría y técnica cinematográficas, Madrid, Rialp, 1989, pp. 249-308), fue también un gran teórico del montaje y haría de esa técnica la base de la estética del filme.

METÁFORA.- Durante los años treinta, Eisenstein fue a Hollywood. Rechazados sus proyectos por los directivos de la Paramount, marchó al país vecino para rodar Que viva México!, su incomprendida e inacabada visión de la cultura y la Revolución mexicana, cuyas imágenes se utilizaron para diversas películas. En la URSS le destruyeron su también inconclusa El prado de Bezhin (1935-37), pero logró una genial metáfora sobre el peligro nazi en plena Segunda Guerra Mundial con su memorable Alexander Nevski (1938), película que cuenta con la magistral sinfonía de Prokofiev y posee una secuencia antológica de la batalla en los hielos.

Catedrático en el Instituto Cinematográfico de Moscú (Vladimir Nizhny editó sus clases teóricas en Lecciones de cine con Eisenstein, Barcelona, Seix Barral, 1964), en 1944-46 realizó su última obra maestra: Iván el Terrible, una evocación histórica del Zar unificador de todas las Rusias, a modo de parábola de la Dictadura estalinista. La segunda parte de Ivan Groznyj (La conjura de los boyardos), con una secuencia inigualable en colorido, no se pudo estrenar hasta la muerte del dictador, acaecida después de que falleciera el propio Eisenstein cuando acababa de cumplir 50 años (en Moscú, el 11 de febrero de 1948) y preparaba su Teoría del cine en colores. Disidente del sistema, fue obligado a retractarse de su obra, acusado de esteticista y demasiado individual, y de no servir al partido como pretendía el Gobierno comunista. Por ello, por su independencia artística y su visión romántico-patriótica, sufrió las consecuencias de su gran actividad creadora.

MATERIALISMO Y FE.- Serguéi Mijaílovich Eisenstein pareció navegar entre la ideología marxista y su sentido profundo del alma y de la tierra rusas; pues a causa de su vasta cultura y el contacto que tuvo con la sociedad occidental (especialmente durante su estancia en México), su pensamiento materialista evolucionó hacia la fe, tal como manifestó él mismo y narra su biógrafa y colaboradora Marie Seton en un texto original en inglés (Sergei M. Eisenstein. A Biography, Londres, The Modley Head, 1952), que fue sospechosamente censurado en las traducciones italiana y francesa. En 1986, Fondo de Cultura Económica lo editó en castellano. Aun así, acerca de la personalidad y la obra del artista ruso, cabe consultar la síntesis biográfica de un colega que vivió esa turbulenta época y abandonó la URSS: Victor Sklovski, Eisenstein (Barcelona, Anagrama, 1973).

Sobre este maestro del séptimo arte escribió el teórico Manuel Villegas López: «Eisenstein es el genio del cine más completo y de más profunda penetración en sus esenciales problemas. Todo artista genial parte de lo sencillo hacia lo más complicado, en un enriquecimiento progresivo y fecundo de su arte, para después comenzar a sintetizarlo y simplificarlo en extremo; así Miguel Ángel, Velázquez o el Greco» (Los grandes nombres del cine, I, Barcelona, Planeta, 1973, p. 275).

Con un gran amor al cine, S. M. Eisenstein había profetizado: «Es, naturalmente, el arte más internacional. La primera mitad del siglo, sin embargo, no ha utilizado de él más que unas migajas. Asistiremos al sorprendente éxito de dos extremos: el actor taumaturgo, encargado de trasmitir al espectador la materia de sus pensamientos, irá de la mano del cineasta-mago de televisión que, haciendo malabarismos con los objetivos y las profundidades de campo, impondrá directa e instantáneamente su interpretación estética en una fracción de segundo. Ante el cine se abre un mundo inmenso y complejo». Su Majestad Eisenstein tenía razón.


(Publicado en ABCD las Artes y las Letras, 9-II-2008, pp. 54-55)

martes, febrero 05, 2008

CHARLES CHAPLIN, O EL SÉPTIMO ARTE


Desde el 20 de diciembre de 2007 hasta el 27 de abril de 2008 tiene lugar en Barcelona (CaixaForum) una espléndida exposición sobre el gran “Charlot”, con el título Chaplin en imatges, que recomendamos visitar encarecidamente.


Charles Chaplin (Londres, 1889–Corsier-sur-Vevey, Suiza, 1977), sin duda, fue el más genial artista de la pantalla. De origen hebreo, sus padres fueron también artistas del music-hall. Eterno vagabundo y creador inigualable, trabajó como director, actor, guionista, músico y asimismo productor de sus propias películas. Chaplin concibió un personaje inmortal que se identificaba con su misma persona: “Charlot”, que según algunos teóricos reúne las creaciones más universales del espíritu humano: el judío errante, Prometeo, Don Quijote y Don Juan.

Este poeta de la imagen tuvo una infancia difícil, evocada en su magistral largometraje El chico (1921), film que parece escapado de una novela realista de Dickens como, por ejemplo, Oliver Twist. Tras permanecer en un orfelinato londinense, emigra a Estados Unidos con una compañía de variedades y es descubierto en 1913, en Hollywood, por la Keystone. Su rápida ascensión al cine, como uno de los creadores del género burlesco, le proporcionó cierta independencia a partir de 1914, tras concebir su célebre personaje.

Charles Chaplin protagonizaría siempre una sencilla historia llena de poesía y humanidad, con su característico bigotillo, el sombrero de hongo, las botas exageradas, el pantalón caído, la levita estrecha y el bastoncillo de junco. Esta historia se manifestaría a través de ese vagabundo quijotesco que injustamente es utilizado por los demás, mientras él es capaz de sacrificarse por ellos –incluso en su amor por la “chica”–, con el fin de que todos alcancen la felicidad, para luego desaparecer humildemente por el horizonte, acaso lleno de esperanza... Ése era, en suma, el “Charlot” que todos hemos amado y admirado. Su cine intemporal y extraordinariamente expresivo no necesitó de la palabra y fue ya suficiente para trasmitir los sentimientos más íntimos. Por eso, como el maestro ruso S. M. Eisenstein, al principio se opuso contra el cine sonoro; pues son célebres sus declaraciones: “¿Las películas habladas...? ¡Las detesto! Vienen a desvirtuar el arte más antiguo del mundo: el arte de la pantomima. Destruyen la gran belleza del silencio”.

Su obra fundía la comicidad con la ternura, la realidad con la fantasía, el lirismo con la tristeza, la emoción con el patetismo... Y estaba realizado con tanta precisión fílmico-estética, con gags antológicos y perfección técnica, que llegó a entusiasmar a los entendidos de la época y a los espectadores de ayer y hoy. De ahí que Charles Chaplin fuera reconocido –y lo seguirá siendo– como uno de los grandes maestros del Séptimo Arte; por su ingenio, quizá el mayor de la Historia del Cine.

No obstante, tras el cine cómico que siempre le singularizó, se puede apreciar un hondo contenido social y político, una faceta de la obra de Chaplin poco apreciada por el gran público y que es la clave para entender la postura personal de este creador. “Charlot” era –es– un hombre solitario, soñador e incomprendido, que se ve amenazado por la sociedad en que vive. Su pureza de alma contrastaría con el egoísmo de cierto mundo contemporáneo, por lo que es vulnerable a los brutales ataques de los hombres que le rodean y al amor de las mujeres que trata. Por eso, siempre salía perdiendo, teniendo que soportar las injusticias sociales del mundo exterior. Es obvio que el mundo de este personaje coincidía con el universo personal de Charles Chaplin. Por tanto, es a través de él como este cineasta lanza su denuncia contra la sociedad del momento, contra la concepción clasista de ésta, sus defectos y convencionalismos, o el orden establecido.

Aun así, a pesar de la agudeza crítica de su cine, no siempre sabe acertar con sus hirientes dardos. Su sátira es amarga y a veces poco objetiva. El pensamiento de Chaplin pasó con los años del idealismo a la esperanza (La quimera del oro, 1925, del romanticismo a la nostalgia (Luces de la ciudad, 1930), de la burla cruel al testimonio sociopolítico (Tiempos modernos, 1935; El gran dictador, 1940), de la desesperanza al nihilismo (Monsieur Verdoux, 1947), de la resignación al desgarramiento interior (Candilejas, 1952), como renunciando a luchar, pues se siente ya envejecido; aunque con las suficientes fuerzas como para asestar el postrer y terrible golpe contra la sociedad capitalista norteamericana en su último gran film Un rey en Nueva York (1957). Esto le costaría la total enemistad con el Gobierno de los Estados Unidos. Finalmente, se despidió de la pantalla sólo como director con una comedia un tanto pasada de moda, La condesa de Hong Kong (1966), protagonizada por Marlon Brando y Sophia Loren. Su “Charlot” ya había muerto y no se había adaptado al film moderno.

Con todo, Charles Chaplin fue un humanista y filósofo del siglo XX, a la vez que intentó ser un hombre sincero como creador. Un artista nato que, en sus ansias de autenticidad, dio lo mejor de su vida en pro del cinema y del público mundial. Basado en su famosa y discutida My Autobiography, en 1992 Richard Attenborough llevó su figura a la pantalla (Chaplin).

(Publicado en www.universitaties.net, abril 2008)

lunes, enero 14, 2008

MEDALLA A LA LABOR LITERARIA 2007


El professor Josep Maria Caparrós, premiat pel Círculo de Escritores Cinematográficos


JORDI HOMS



Barcelona (11/01/2008).-


El professor del Departament d'Història Contemporània de la UB, Josep Maria Caparrós, ha estat guardonat pel Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC) amb la Medalla a la Millor Labor Literària i Periodística Especialitzada del 2007. El premi li serà lliurat en el decurs d'un acte que tindrà lloc el 21 de gener al Cinema Palafox de Madrid.

El CEC, presidit actualment pel crític Jerónimo José Martín, va ser fundat el 1945 per pioners de la crítica cinematogràfica espanyola i atorga anualment premis en tretze categories: pel·lícula, director, actor, actriu, actor secundari, actriu secundària, fotografia, decorats, música, argument original, guió, labor crítica i labor literària.

Caparrós, experimentat crític de cinema, va començar a publicar ressenyes l'any 1965 a la revista Pantallas y Escenarios (Saragossa), posteriorment va ser crític titular del setmanari Mundo (Barcelona) i redactor de Cinestudio (Madrid). Ha col·laborat en diaris com ara El Periódico de Catalunya, La Vanguardia i ABC. És doctor en Filosofia i Lletres (1980) i des del 1982 exerceix la docència a la Universitat de Barcelona. Ha estat jurat en els festivals de cine de Sant Sebastià, Valladolid, Sitges i l'Havana, i edita des del 1991 la revista Film-Historia.

Com a historiador del cinema, és autor de 35 llibres especialitzats; l'any 2007 va publicar-ne quatre: Las grandes películas del cine español (amb els seus col·laboradors Rafael de España i Magí Crusells); Guía del espectador de cine; Ramon Biadiu (1908-1984). Cineasta avantguardista (amb Mercè Biadiu), i el nou manual Historia del Cine Español, a més d'una segona edició de la seva Historia del cine europeo. De Lumière a Lars von Trier.

Actualment, Josep Maria Caparrós Lera (Barcelona, 1943) és professor titular d'Història Contemporània i Cinema de la UB i director del Centre d'Investigacions Film-Història de la Facultat de Geografia i Història. És també membre de l'Acadèmia de les Arts i les Ciències Cinematográfiques d'Espanya.



(Publicado en la Web UB, www.ub.edu; y en castellano, en ABC Madrid, 8-I-2008, y ABC ed. de Cataluña, 15-I-2008) .



martes, diciembre 25, 2007

LA HABANA'2007


29 FESTIVAL INTERNACIONAL DEL NUEVO CINE LATINOAMERICANO


Participar como Jurado SIGNIS en un Festival te da una perspectiva distinta. Primeramente, tienes que visionar todas las películas a concurso antes que el público, y desconoces las reacciones o aceptación de los espectadores. Y en segundo lugar, porque ejerces una función valorativa que se confrontará con los otros miembros del Jurado para sacar un veredicto final.


La 29 edición del reconocido Festival de La Habana ha servido, ante todo, para tener una visión panorámica del último cine que se produce en Latinoamérica y tomar el pulso de las producciones de esos países; pues se han proyectado 265 filmes en las diversas secciones que componen el certamen: largometrajes y cortos, óperas primas y guiones inéditos, documentales y animación (todos a concurso); y distintas muestras paralelas: cinema experimental, ciclos Éric Rohmer y Joaquim Pedro de Andrade, homenaje a José Luis Borau, últimas películas canadienses, alemanas, británicas, suizas... y un apartado dedicado al cine español, con títulos tan recientes como Mataharis, 7 mesas de billar francés, Barcelona (un mapa) o En la ciudad de Sylvia, este último del catalán José Luis Guerín, también presente en el Festival de Cine de La Habana, junto los actores Javier Bardem y Gael García Bernal o la asimismo famosa Hanna Schygulla.

Centrándonos en las películas de ficción a concurso (20 títulos que nos tocó visionar), destacaré los largometrajes más premiados. La mexicana Luz silenciosa, de Carlos Reygadas, es un drama pasional de una familia Amish, que bebe en las fuentes estéticas y existenciales de Ingmar Bergman y, más especialmente, de Carl Dreyer (con un desenlace inspirado en Ordet), y cuya belleza plástica cautivó a los espectadores y aficionados. Así obtuvo cuatro premios “Corales”: mejor película, director, fotografía y sonido.
Le seguiría en galardones la uruguaya Matar a todos, de Esteban Schroeder –que es la que votó por unanimidad el Jurado que me tocó presidir–, un filme denunciatorio de las dictaduras en el Cono Sur y sobre la tristemente célebre “Operación Cóndor”, que cuenta con una excelente interpretación de Roxana Blanco como la juez protagonista, y muy lejos del maniqueísmo habitual en este tipo de películas. Ganó los premios al guión original y mejor actriz, así como el SIGNIS que tuve el gusto de entregar en el teatro Carlos Marx a sus productores, por “luchar por el ideal de justicia y defender la verdad”. En este sentido, no podemos decir lo mismo de la análoga cinta chilena Fiestapatria, de Luis R. Vera, también presente en el certamen de La Habana, que tuvo una Mención del Jurado Internacional.
A continuación, destacaría el Premio de la Crítica (FIPRESCI), que valoró la película argentina de Ana Katz, La novia errante, producida e interpretada por esta joven profesional. Es una notable tragicomedia, llena de destellos creativos. Otras interesantes propuestas argentinas fueron: Las vidas posibles, de Sandra Gugliotta; Encarnación, de Anahí Berneri, sobre la soledad de una actriz madura; y El otro, de Ariel Potter, cuyo intérprete Julio Chávez se llevó el “Coral” al mejor actor y obtuvo el tercer premio “C oral”.

Cuba –el país anfitrión– asimismo se llevó algunos galardones: Madrigal, una escénica y barroca puesta en imágenes de Fernando Pérez (Habana Suite), a la mejor dirección artística y Premio Especial del Jurado; y otro drama pasional titulado La noche de los inocentes, de Arturo Sotto, ambiciosa película a caballo del “thriller” y la crítica social, que refleja cierta idiosincrasia cubana. Menos acertado estuvo el clásico Daniel Díaz Torres, Camino al Edén, primera parte de una trilogía televisiva sobre la Guerra de la Independencia.
Brasil fue el país sudamericano que presentó más películas a concurso. Y se llevó el segundo “Coral” y la mejor música original por El año en que mis padres salieron de vacaciones, de Cao Hamburger, también sobre la Dictadura militar del pasado siglo, ambientada en el Mundial de Fútbol de 1970, y vista por un niño refugiado en el seno de una pequeña comunidad judía de Sao Paulo. Demasiado explícitas fueron las sendas denuncias a la prostitución brasileña, El bajío de las bestias de Cláudio Assís y Desierto feliz de Paulo Caldas, y más atractivas serían La Vía Láctea, de Lina Chamie, acerca de la rotura de una pareja y el examen de conciencia final, o esa comedia desmadrada y surrealista que se titula Olor a caño, de Héctor Dhalia.
Más discreto estuvieron Bolivia, con su fábula política ¿Quién mató a la llamita blanca?, de Rodrigo Bellot, y Venezuela, con Mi vida por Sharon de Carlos Azpurúa y Postales de Leningrado de Mariana Rondón, esta última sobre el terrorismo y la cual se llevaría un premio; al igual que el clásico Paul Leduc, Cobrador: In God we Trust (México), dura parábola sobre el 11-S que obtuvo el de mejor montaje; y la ópera prima de Christopher Zalla, Padre Nuestro (USA), denuncia de la emigración mexicana en Nueva York, con el deseo de paternidad de dos jóvenes abandonados.
Si unas constantes cabe destacar en este 29 Festival Internacional del Nuevo Latinoamericano es la notable presencia de mujeres directoras, la violencia atroz y el exhibicionismo erótico en los relatos, presididos por dos hondas preocupaciones sociales y morales de fondo: las heridas todavía sin restañar de las dictaduras sudamericanas y la grave problemática de la prostitución, especialmente en Brasil. Estamos, pues, ante un panorama un tanto desolador; pero certámenes como el de La Habana sirven al menos para concienciar a público y especialistas de estas temáticas y del cine que se realiza actualmente en tales países.
El certamen se abrió con un concierto de Fito Páez y la proyección del filme Redacted, de Brian de Palma –un tremendo alegato contra la Guerra de Iraq y la política estadounidense, presidido por un discurso de Alfredo Guevara–, y se clausuró con el bello documental ecologista Tierra. La película de nuestro planeta, de Alastair Fothergill y Mark Linfield, sobre el discutido cambio climático.
El Festival, dirigido por Iván Giroud, se volcó en atenciones con los invitados. Por tanto, hasta el próximo año.

domingo, noviembre 18, 2007

DIOS Y WOODY ALLEN

Reflexivo Allen, en una secuencia de Hannah y sus hermanas

DEBATE EN EL CONGRESO INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA Y CINE

Las reflexiones religiosas que el director norteamericano divulga en sus películas centran la ponencia de un historiador


CRISTINA SAVALL
BARCELONA


"Para ti soy ateo. Para Dios, la oposición". Es una de las frases más célebres de Woody Allen, pero ayer no se citó en el primer Congreso Internacional sobre Teología y Cine, que se celebra en Barcelona. Las reflexiones religiosas que divulga en sus películas centraron la ponencia del historiador Josep Maria Caparrós, en este insólito encuentro que preside Enric Planas, exdirector de la Filmoteca del Vaticano.

A Allen le preocupan, según Caparrós, tres temas: la muerte, el sexo y Dios. Aunque matizó lo del sexo: "Lo que más le interesa ahora es el amor permanente". El profesor de la Universitat de Barcelona recordó los artículos que el cineasta publicaba en la revista The New Yorker, recopilados en el ensayo ¿Cómo acabar de una vez por todas con la cultura?, donde ironiza sobre Sigmund Freud y el psicoanálisis, Immanuel Kant y la filosofía, Ingmar Bergman y la trascendencia de su cine, la poeta Gertrude Stein y las autobiografías, el poder y la autoridad. Ni Dios se libraba.

"Se estaba autodestruyendo. Esa época coincidía con sus primera películas -Bananas (1971) y Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero temía preguntar (1972)-, donde el cinismo eclipsaba su profundidad existencial", afirma Caparrós, para quien su formación hebrea provocó serias dudas: "Si Dios existe, ¿cómo ha sido posible el Holocausto?".

Hannah y sus hermanas (1986) es fundamental para percibir la evolución ideológica del cineasta que acaba de rodar en Barcelona y sobre el que prepara un libro, que se publicará el próximo año coincidiendo con la llegada de Vicky Cristina Barcelona a las salas. "Fue su primera comedia teológica". En ella, Allen es un productor de TV obsesionado con el sentido de la vida. Su acercamiento al catolicismo dará lugar a los pasajes más cómicos de la trama. En Delitos y faltas su reflexión es profunda. "Habla de la mirada de Dios. ¿Cómo permite tantas acciones terribles? La conclusión a la que llega es que Dios nos observa, pero se limita a mirar".

(Publicado en El Periódico de Catalunya, 17-XI-2007).

jueves, noviembre 01, 2007

"CASSANDRA'S DREAM", LA NUEVA FÁBULA DE WOODY ALLEN

NO SE PUEDE PASAR LA LÍNEA: MATAR JAMÁS SALE GRATIS

Estamos ante la tercera obra realizada en Londres, que fue presentada en Asturias poco antes de concluir el rodaje en la Ciudad Condal de Vicky Cristina Barcelona, última película dirigida y no protagonizada por Allen. Pero antes del esperado estreno de este primer filme producido en España por Mediapro, llega a las pantallas mundiales el final de la llamada “trilogía londinense”.

Exhibida fuera de concurso en el Festival de Venecia, el genial realizador neoyorquino “intuye el dolor en el mundo pero, cuando, como cineasta, se pone serio para contarlo, el resultado suele ser inferior a cuando se decanta por la comedia. Él mismo ha dicho muchas veces que hubiera querido ser Ingmar Bergman, pero está condenado a ser Woody Allen”. (Cfr. crónica de la Mostra de Venecia por Salvador Llopart, en La Vanguardia, 3-IX-2007).

En efecto, Cassandra’s Dream narra la historia de dos hermanos –¿Caín y Abel?– ante el dilema de matar a un hombre y el remordimiento de sus condenables acciones. Pertenecientes a la clase obrera británica, se endeudarán para comprar el velero que da título al filme. Así, el apuesto Ian (Ewan McGregor), fracasado en los negocios, se prenda de una jovencísima y bella actriz, Angela (Hayley Atwell); mientras Terry (Colin Farrell), mecánico y con pareja, está atrapado por el alcohol y el juego. Ambos claudican ante el chantaje de su tío Howard (Tom Wilkinson, que realiza una breve y gran interpretación), muy rico pero en peligro de acabar en la cárcel, quien les promete a cambio ayudarles económicamente y promocionar a Angela en Hollywood. Una maraña de compromisos les conducirá al premeditado asesinato, que aflorará los fantasmas de los protagonistas y su catadura moral.

“La muerte es un instrumento fundamental en la narración desde hace siglos –manifestaría Woody Allen, en Venecia’2007–, desde los griegos hasta Shakespeare y Arthur Miller. Te permite explorar las posibilidades dramáticas y mantener la atención del espectador. Y matar es una acción extrema que obliga a visitar rincones oscuros del alma”.

Como en su magistral Delitos y faltas, El sueño de Casandra profundiza en el sentimiento de culpa y en el castigo. Casi dos décadas después, el mismo realizador volvería a insistir en un tema que parece preocuparle sobremanera: “Creo que la vida es esencialmente trágica, pues acaba mal. Pero también proporciona momentos divertidos que hay que saber aprovechar. A veces las dos opciones van juntas y, depende de cómo lo mires, la cosa es triste o cómica. Puede ser como las dos caras de la misma moneda: si se exagera, da lugar a situaciones divertidas. Pero si la culpa te la tomas en serio, la perspectiva cambia. En este caso, quería explicar la historia de dos jóvenes muy agradables que acaban siendo víctimas de su ambición y sus debilidades”.

Menos brillante y contundente que las anteriores Match Point y Scoop, Woody Allen demuestra que sigue en forma detrás de la cámara. Con un sólido y bien estructurado guión, por primera vez analiza la clase obrera y, al mismo tiempo, crítica con agudeza el mundo del espectáculo. Aunque –como escribe el crítico Salvador Llopart, en su citada crónica veneciana– en El sueño de Casandra “Allen se lo toma todo muy en serio. Demasiado, quizá, para una historia engordada, en exceso alargada, que, cuando estalla en tragedia, concluye con precipitación, sin dejar que ese drama intuido fluya entre sus protagonistas”.

Más interesante resultan los otros temas que se plantean en esta película: la ambición extrema y la ambigüedad moral. Sin llegar tan lejos como en la análoga Match Point, Woody Allen explora la vida cotidiana inglesa –¿lo hará también con la barcelonesa?– y profundiza en las miserias de la condición humana.

Con reminiscencias de la Tragedia griega y de nuevo del Crimen y castigo de Dostoiesky, un especialista en Literatura inglesa –el profesor Fernando Gil-Delgado– la valoraría así: “Es una película donde Woody Allen vuelve a plantear los temas del delito y la culpa, la conciencia y la existencia de Dios y de un más allá después de la muerte. Pero esta vez –más vale tarde que nunca– se toma el asunto totalmente en serio, aparca el estilo didáctico, el que hacía chistes fáciles sobre temas profundos para Diane Keaton, y comienza de nuevo, buscando una respuesta. (...) La historia es una invención y puede no agradar a mucha gente: por una parte está esa falta de humor de que hablábamos, falta grave si el espectador espera que lo haya; por otra está esa desconcertante fatalidad que mueve los hilos, a la que ya no estamos acostumbrados; finalmente la fotografía apagada de Vilmos Zsigmond contribuye a la impresión de obra fallida. Sin duda, Cassandra's Dream no es tan acabada como las dos anteriores, pero mucho más seria y honrada de planteamientos y, con todo, obra notable.” (Aceprensa, 9-X-2007).

Ciertamente, El sueño de Casandra es un “rizar el rizo” –Allen, como todo autor que se precie, parece hacer siempre la misma película–, pero no una pieza menor en su filmografía como director y guionista. Es muy posible que el maestro estadounidense esté un tanto agotado –un filme por temporada quizá resulte mucho a los 72 años–, aunque no en crisis como creador.

En Cassandra’s Dream vuelve a las constantes evidenciadas en su obra: sexo-amor, muerte y Dios. Aquí la relación entre el amoral Ian y la frívola Angela pasan del mero sexo explicitado pero cuidado por la elipsis al enamoramiento. El tema de la muerte está planteado con cierta profundidad, así como el de la existencia de Dios y el castigo por saltarse su ley, manifestado por el personaje de Terry. Asimismo, la Mafia –invocando a la familia y sus intereses– es vapuleada subrepticiamente.

Woody Allen avanza, pues, con respecto a Match Point, donde todo dependía del azar y el asesino quedaba sin condena, y también con relación a Delitos y faltas; aunque –todo hay que decirlo– su nueva fábula no esté a la altura estética de estas cintas.

Sin embargo, en Cassandra's Dream se plantea, como tema central, la conciencia y su origen trascendente. El transgredir el No matarás del Decálogo desencadena un dilema moral y una doble respuesta personal que acaba en tragedia. Como sentencia el propio Terry, "no se puede pasar la línea": matar jamás sale gratis. El fin nunca justifica los medios. Además, el filme muestra el enfrentamiento del éxito social (dinero, poder) con el bien-ser moral, la tensión entre el deber-ser y las tentaciones del mundo actual que, bajo los oropeles del cambio, sigue siendo el de siempre. Caín y Abel, en estado puro.

(En mi libro, de próxima aparición, Woody Allen, barcelonés accidental. Solo detrás de la cámara, 2008).

domingo, octubre 14, 2007

QUÉ ES UNA PELÍCULA


GUÍA DEL ESPECTADOR DE CINE
JOSÉ MARÍA CAPARRÓS LERA
Alianza. Madrid, 2007
320 páginas. 7,50 euros


Por Manuel MUÑIZ MENÉNDEZ

Pese a que cada vez tenemos acceso a más cine y a más información sobre cualquier película (con las sucesivas revoluciones que han supuesto el vídeo, el DVD, los canales de televisión por satélite e Internet), al espectador medio se le siguen presentando dudas sobre el Séptimo Arte, en especial sobre cuestiones técnicas. Por ejemplo, ¿quién no se ha preguntado, al ver los títulos de crédito de una película, qué es un gaffer? ¿O cuál es la diferencia entre un productor, un productor ejecutivo y un jefe de producción? ¿O qué pasos se siguen al analizar críticamente una película?
ORIENTACIÓN DIDÁCTICA.- Y si estas dudas las puede tener un espectador ya veterano, con más razón aún los adolescentes que aún están empezando a construirse un bagaje de cinefilia. Por este motivo, esta Guía del espectador de cine tiene una clara orientación didáctica, especialmente dirigida a la posibilidad de ser usada como libro de apoyo para la enseñanza de temas relacionados con el cine en las enseñanzas medias, o incluso en cursos universitarios. Apoyándose en su experiencia como profesor de la Universidad de Barcelona y en su dilatada carrera como crítico, José María Caparrós explica de forma a la vez muy clara y muy técnica diferentes aspectos tanto de la realización de una película como de su posterior recepción por críticos y espectadores, además de realizar un repaso de la historia del cine y de los títulos más destacados de los distintos géneros.
Esta Guía comienza analizando qué es el cine, desde distintos puntos de vista: como forma de arte (repasando todas las aportaciones artísticas a un filme: argumentistas, guionistas, director, actores...), como espectáculo e industria (siguiendo todo el proceso industrial de creación de una película), como medio de comunicación social y como lenguaje (en su doble vertiente de paso de la realidad al cine y del cine a la realidad, al ser recibido e interpretado por los espectadores).
Seguidamente, el autor dedica un capítulo a la historia del cine -con una cronología de los acontecimientos más importantes desde la primera sesión pública de los Lumière en 1895 hasta 2005- y otro a repasar quiénes hacen una película, desde la creación de la idea hasta los técnicos que trabajan en el rodaje.
Uno de los capítulos más notables del libro es el dedicado a “Mirar un film”. En él, Caparrós Lera se ocupa de la recepción de una cinta por parte del público, preocupándose especialmente de la influencia que las imágenes fílmicas puedan tener en el subconsciente de los espectadores -influencia, a su entender, potencialmente muy fuerte-, lo que le lleva a la cuestión de la necesidad de que las películas sean ética y moralmente correctas, en adición a sus valores estético-artísticos, a lo que debe sumarse el sentido crítico del espectador para blindarse frente a las obras que no cumplan el anterior criterio. Con esto entronca las ideas que da para la realización de una crítica cinematográfica, en la que considera que se debe atender a los elementos éticos, estéticos y dialécticos del filme.
GÉNEROS.- Finalmente, el autor pasa lista a los distintos géneros cinematográficos, listando las películas más destacadas de cada uno. Como en toda relación de este tipo, cada lector echará de menos (y de más) bastantes películas, pero es difícil no coincidir en muchas de las que se destacan en cada género: de aventuras (En busca del Arca perdida, La reina de África), bélico (Senderos de gloria, Apocalypse Now), ciencia-ficción (2001, Alien), comedia (Ser o no ser, Misterioso asesinato en Manhattan), cómico (género que Caparrós establece para diferenciar el cine paródico o crítico del puramente burlesco: Una noche en la Ópera, La quimera del oro), dramático (Ciudadano Kane, Muerte de un ciclista), fantástico-terror (Psicosis, El sexto sentido), histórico (El Gatopardo, Octubre), musical (El mago de Oz, West Side Story), policíaco (El sueño eterno, Camino a la perdición) y western (La diligencia, Los siete magníficos).

(Publicado en ABCD las Artes y las Letras, 13-X-2007, pág. 53; suplemento cultural de ABC).
OTRAS RESEÑAS SOBRE EL LIBRO:
LO ESENCIAL DEL CINE (Publicado en El País, 16-VI-2007, Suplemento "Babelia", p. 14)
En Guía del espectador de cine, el crítico e investigador José María Caparrós ha condensado la información básica que un interesado en el séptimo arte debe saber. De esta manera se plantea qué es el cine, recorre cronológicamente su historia, distingue los diferentes géneros y enseña a criticar una obra cinematográfica. Además, incluye un glosario esencial y un apéndice de 250 películas indispensables, haciendo hincapié en las clásicas.- E. S.
ESCAPARATE (Publicado en Aceprensa, 17-X-2007, sección Libros: Ensayo, p. 7)
Nuevo libro del historiador del cine Caparrós lera, que reúne en una manejable y económica edición de bolsillo datos y herramientas para acercarse al cine desde una perspectiva didáctica, con una sistemática pragmática, sencilla y útil.
El autor lleva muchos años enseñando cine en la Universidad de Barcelona y conoce bien la enseñanza media. Quizás por eso ofrece un libro muy asequible que, como él mismo señala, será de especial utilidad para los profesopres de Secundaria que quieran explicar cine a sus alumnos o sacar partido docente al visionado de una película en el aula.- ALBERTO FIJO.

viernes, octubre 05, 2007

HISTORIA DEL CINE ESPAÑOL


Caparrós Lera publica un manual sobre la historia del cine español

Por PATRÍCIA LAINZ

José María Caparrós Lera, profesor titular de Historia Contemporánea y director del Centre d'Investigacions Film-Història de la Universidad de Barcelona (UB), acaba de publicar el libro Historia del Cine Español que ofrece una panorámica sobre la cinematografía del país, desde los orígenes hasta hoy.
Con voluntad claramente pedagógica, el autor trata de los principales cineastas y películas, así como de los diferentes estilos fílmicos desarrollados en España entre 1896 y 2006. Además, incluye una amplia cronología para contextualizar cada período histórico: mudo, sonoro, moderno y contemporáneo.

El nuevo manual, de una extensión de 335 páginas e ilustrado con 64 fotografías, está especialmente dirigido a estudiantes universitarios y cinéfilos. Contiene valiosos apéndices documentales y estadísticos, así como una filmografía básica y la bibliografía específica. También recoge las conclusiones de las famosas Conversaciones de Salamanca (1955) y un ensayo sobre la censura original del especialista Rafael de España, asimismo profesor de la UB.
Publicado por T&B Editores (Madrid), firma el prólogo el doctor Rafael Utrera, profesor de la Universidad de Sevilla y primer catedrático de Historia del Cine Español, quien ofrece una valoración historiográfica de los libros editados sobre este tema.

Josep Maria Caparrós (Barcelona, 1943) imparte clases en la UB desde el año 1982 y es miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Ha publicado 35 libros y, desde 1991, edita la revista especializada Film-Historia (www.pcb.ub.es/filmhistoria).

(Publicado en la web de la UB, www.ub.edu/comunicacions, 5-X-2007).

domingo, septiembre 16, 2007

ROHMER Y GUERÍN, ESTILISTAS EN BUSCA DEL AMOR


Dos singulares películas han abierto la nueva temporada cinematográfica, que vienen de la mano de sendos autores europeos de primera magnitud: el maestro galo Éric Rohmer y el vanguardista barcelonés José Luis Guerín.

Prácticamente ha coincidido en la cartelera española la última obra del octogenario “cerebro gris” de la Nouvelle Vague –así me lo definió en una entrevista el pionero François Truffaut–, El romance de Astrea y Celadón (2006), con el nuevo filme del innovador cineasta barcelonés, En la ciudad de Sylvia (2007). Dos títulos que presentan paralelismos artísticos y se exhibieron en la pasada Mostra de Venecia.

Les amours d’Astrée et de Céladon es la adaptación del capítulo central de una casi olvidada novela pastoril de Honoré d’Urfé (1568-1625), ambientada en la Francia de los druidas y las ninfas, la antigua Galia romana. Narra una historia de amour fou y barroco entre una pareja de pastores, atrapados por unos celos feroces y la obediencia ciega de él a su amada. La trama se construye alrededor de los conceptos de las falsas apariencias y la fidelidad, constantes que están presenten en la obra de Rohmer, sobre todo en sus “Seis cuentos morales” y en la serie “Comedias y proverbios”. Pero una fidelidad entendida según el autor del libro. El propio realizador lo comentaría así:

“Esta fidelidad no es nada puritana; permite libremente los atractivos de los placeres terrenales, siempre que la pareja sea indestructible: ´Que él nunca piense/que su amor ha de menguar’ está inscrito en la duodécima tabla de las Leyes del Amor (que da d’Urfé). L’Astrée es el legado más destacado que queda de la literatura francesa, y posiblemente europea, de la Contrarreforma. Fue un movimiento más conocido por su influencia en las Bellas Artes, como la pintura sensual de Rubens y Caravaggio y, sobre todo, el estilo de arquitectura llamado ‘jesuita’, un epíteto perfectamente adecuado para el mismo Honoré d’Urfé, que sirvió bajo el estandarte de la Liga Católica en la guerra contra los protestantes. Es también apropiado para sus personajes, a los que les gusta el argumento casuístico; eso queda latente en Astrea y Celadón pero es evidente en Lycidas, Sylvander y especialmente Adamas el druida, a quien vemos educando a Celadón con un discurso ampliamente ecuménico sobre las relaciones entre las religiones paganas y cristianas, con una argumentación muy cercana a la que Pascal criticó en Las Provinciales (1656)”.

Largo discurso que da luz sobre este minoritario filme de Éric Rohmer –uno de los pocos cineastas católicos (en su primera época de crítico en Cahiers de Cinéma se decía que “mojaba la pluma con agua bendita”)–, realizado en la línea de sus otras “películas de época”: las magistrales La marquesa de O (1976), Perceval le Gallois (1978) y La inglesa y el Duque (2001).

Es obvio que la estética de Rohmer es poética, muy explícita y enormemente sencilla, desnuda y rica en matices. La simplicidad de sus relatos descansa en una construcción rigurosa sobre cierta unidad de lugar. Aquí, con todo, además de resultar muy discursiva la narración –cosa ya habitual en su cine– se excede un tanto en las efusiones eróticas y en el exhibicionismo corporal, aunque sea en busca de la Belleza humana. E incluso se hace poco creíble la secuencia final, como reconoce el propio cineasta sobre ese original literario del siglo XVII.

Por su parte, José Luis Guerín también parece fascinado por la Belleza y la búsqueda del amor imposible en el asimismo minoritario En la ciudad de Sylvia. Al igual que su maestro galo, el cineasta barcelonés (46 años) capta los rostros y bustos femeninos con suma prodigalidad: la cámara sigue continuamente a una mujer de figura renacentista (la elegante Pilar López de Ayala) por la calles de Estrasburgo, a través de los ojos del joven protagonista (el francés Xavier Lafitte), que son los ojos del espectador. Se trata de la búsqueda imposible de la mujer soñada. El mismo Guerín lo comentaría al crítico Lluís Bonet Mojica:

“Eso se ha de ir descubriendo viendo la película... A los 40 minutos se revela ese dato. Hay un nombre, una palabra. El único nombre propio que se cita en el título, Sylvia, el de una presencia que nunca se ve. Para mí, el reto era cómo la gravitación de esa palabra, de ese sonido, de ese nombre que va a extenderse sobre una ciudad y sobre el rostro de todas las mujeres de esa ciudad”.

Pero al contrario del filme de Rohmer, aquí no hay diálogos –sólo uno, en el tranvía, entre los protagonistas cerca del desenlace–; sólo imágenes fascinantes, las cuales van poco más allá de la pura estética aunque captan la personalidad de la multirracial capital europea, gran coprotagonista de En la ciudad de Sylvia. Las fuentes cinematográficas, según Raffaele Pinto –profesor de Filología Italiana en la Universidad de Barcelona– son Alfred Hitchcock y Federico Fellini. Del mago del suspense ha tomado la progresión finalística del relato; del genio italiano, la potencia expresiva de las imágenes, pues “retoma la característica propensión a la ‘iluminación’ reveladora concentrada en un gesto o en una mirada”. Y establece una relación con las idealizadas mujeres del Cancionero de Petrarca y de la Vida Nueva de Dante.

Sí, la mirada estilística del autor de En construcción (2001) es una continuada búsqueda del específico fílmico –como ya escribí en otro lugar (cfr. Breve encuentro. Estudios sobre 20 directores de cine contemporáneo, Madrid, Dossat, 2004, pp. 237- 247)–. Sin embargo, en su nuevo filme no escatima cierto exhibicionismo físico, también en aras de la Belleza corporal, y una clara frustración sentimental.

De ahí que, poco antes del estreno, José Luis Guerín declarara en torno al protagonista y su busca denodada del amor: “Quiero creer que ese personaje no soy yo, pero me importa ese vaivén entre mirar con él y mirarle a él, entre la ensoñación y la vida de la ciudad”. Y concluyó: “Creo que ésta es mi película más sencilla, con un argumento muy sencillo y si eso se acepta, entonces es también mi película más abierta y abstracta y donde más función tiene la mirada del espectador”.

Estamos, por tanto, ante dos piezas artísticas de difícil digestión, de sendos estilistas que no trascienden el mero humanismo, pero evidencian con creces que el cine actual no sólo se nutre de efectos especiales.

viernes, junio 01, 2007

PELÍCULAS RECOMENDADAS (7)


VERANO 2007

Cada época veraniega, muchos aficionados me piden recomiende algunos filmes para pasarlo bien, a la vez de enriquecerse humana y artísticamente.

Aquí van, pues, los once títulos que he seleccionado este año –con breves comentarios valorativos–, los cuales ya pueden encontrarse en DVD o alquilar en los vídeo-clubs.

Banderas de nuestros padres (USA, 2006), de Clint Eastwood, con Ryan Phillippe, Jesee Bradford y Adam Beach. Color - 132 minutos.
Una de las grandes películas del género bélico, que con Cartas de Iwo Jima forma el magistral díptico de Clint Eastwood (coproducido por Steven Spielberg). Narra esa batalla decisiva para el frente oriental de la II Guerra Mundial, y retrata las mentalidades estadounidenses con ánimo pacifista y un tanto contextualizado con la política estadounidense de Bush.

Cartas desde Iwo Jima (USA, 2006), de Clint Eastwood, con Ken Watanabee y Kazunari Ninoyima. Color - 140 minutos.
Si en Banderas de nuestros padres se observaba la batalla de Iwo Jima desde el lado de los norteamericanos, en esta segunda parte se ofrece la visión desde los japoneses. Sensiblemente superior a su antecesora –aunque acaso no tan rica argumentalmente–, posee también momentos de gran crudeza pero, a la vez, resulta muy humana y obliga a la reflexión crítica del espectador. Vale la pena ver los dos filmes.

Copying Beethoven (Alemania, 2005), de Agnieszka Holland, con Ed Harris y Diane Kruger. Color - 104 minutos.
Obra artística, que retrata los últimos días del genial Ludwig van Beethoven a través de los ojos de una hipotética copista. Con secuencias sublimes –como la del estreno de la Novena Sinfonía–, esta magistral película de la realizadora polaca Agnieszka Holland cuenta con una soberbia interpretación de Ed Harris como el genial compositor. También profundiza en las relaciones del artista con Dios. Pueden saltar las lágrimas de placer estético.

Diamante de sangre (USA, 2006), de Edward Zwick, con Leonardo DiCaprio y Djiman Hounsou. Color - 143 min.
Tremenda denuncia sobre el comercio internacional del diamante, que se presenta relacionada con el tráfico de armas. La acción está enmarcada en la guerra civil que asoló Sierra Leona. Sin caer en excesos ni fáciles concesiones, resulta una cinta de aventuras que se sigue con interés y hace reflexionar al espectador sobre la financiación de las guerrillas en África. Ha tenido notoria repercusión en la opinión pública.

Disparando a perros (GB, 2006), de Michael Caton-Jones, con John Hurt y Dominique Horwitz. Color - 111 minutos.
Cuenta la tragedia del genocidio sufrido en Uganda el año 1994, cuando la minoría hutu exterminó a millares de miembros de la etnia tutsi, ante la mirada inoperante de la ONU. Análoga a Hotel Rwanda (2005), está vista desde la perspectiva de un joven cooperante y, especialmente, a través del asesinato de un ejemplar sacerdote franciscano, el P. Christopher –inspirado en el misionero bosnio Vjeko Curic–, que encarna magistralmente el veterano John Hurt.
El laberinto del fauno (México-España, 2006), de Guillermo del Toro, con Serghi López e Ivanna Baquero. Color - 121 minutos.
Es una fábula del innovador director mexicano Guillermo del Toro (Oscars de Hollywood a la Mejor Dirección artística, Fotografía y Maquillaje), llena de orignalidad y fantasía. Narra las desventuras de una niña en la España de posguerra (1944). Muy bien interpretada, posee cierta trascendencia y unos efectos especiales de primer orden. Gustará más a los cinéfilos y no simpatizantes con el régimen de Franco.

Mía Sarah (España, 2006), de Gustavo Ron, con Daniel Guzmán y Verónica Sánchez. Color - 144 minutos.
Notable debut de cineasta Gustavo Ron, uno de los representantes del Joven Cine español. Se trata de una ingeniosa comedia, con toques surrealistas, que gustará a los buenos aficionados a este género. Fernando Fernán Gómez –a quien entusiasmó el guión, original del propio Ron y Edmon Roch– ganó el Premio de interpretación del Círculo de Escritotes Cinematográficos. Esta ópera prima está recorriendo festivales internacionales.

The Queen (GB, 2006), de Stephen Frears, con Helen Mirren y Michael Sheen. Color - 97 minutos.
Espléndida película, que relata la crisis de la Corona británica con motivo de la muerte de Lady Di. La interpretación de Helen Mirren (Oscar de Hollywood por este papel) como la reina Isabel II es magistral. El análisis político de la Inglaterra de Tony Blair también resulta muy agudo. Gustará más al público mayor.

El tigre y la nieve (Italia, 2006), de Roberto Benigni, con Roberto Benigni y Nicoletta Braschi. Color - 118 minutos.
En la línea de La vida es bella (1998), se trata de otra magistral película del gran cómico italiano, ahora cambiando el Holocauto por la Guerra de Irak. Con un agudo sentido crítico y cierto tono surrealista –que homenajea a Federico Fellini–, Roberto Benigni ofrece un nuevo canto al amor y una amable sátira antibelicista. Más idónea para cinéfilos.

United 93 (USA, 2006), de Paul Greengrass, con Christian Clemenson y Trish Gates. Color - 91 minutos.
Una de las mejores películas argumentales del 11-S. Narra con enorme realismo la tragedia del cuarto avión estrellado en el histórico atentado terrorista, que se dirigía a la Casa Blanca. Aunque el público ya conoce el final, se revive esa epopeya personal. Es bastante mejor que la análoga World Trade Center (2006), de Oliver Stone, que también puede gustar a los aficionados por sus valores familiares.

El viento que agita la cebada (GB-IR, 2006), de Ken Loach, con Cillian Murphy y Pédraig Delaney. Color - 121 minutos.
Las consecuencias de la opresión británica sobre Irlanda y del nacionalismo radical que llevó a la Guerra Civil son narradas con sobriedad y convicción en esta cinta de reconstitución histórica. Se trata de otra película política del británico Ken Loach, que contentará al público interesado por tales temas. En una línea nacionalista análoga también está la correcta película catalana de Josep Maria Forn, El coronel Macià (2007), que asimismo resulta recomendable.


!! Y felices vacaciones con buen cine !!
(Publicado en www.cinemanet.info, 19-VI-2007).

sábado, abril 21, 2007

LA REVISIÓN DE LA DICTADURA

Después de cuarenta años de franquismo, con la libertad de expresión, el cine español se centró en la crítica a la Dictadura, no sólo en el ámbito político sino también en otras esferas de la vida cotidiana
La muerte de Franco y la instauración de un régimen democrático en España repercutieron en todos los órdenes y, especialmente, en la realidad sociocultural. La desaparición del franquismo se notó con pasión en la mayoría de los mass-media españoles. Y uno de los más importantes fue el cine. Tras las elecciones legislativas del 15 de junio de 1977 -la Constitución democrática se aprobó en referéndum a finales de 1978- y las elecciones generales y municipales de 1979, la reconstrucción del país se centró más en la instauración y consolidación del nuevo sistema político, que en los sectores industriales y culturales del cine español.

Aun así, el panorama de nuestro cine presentó durante esta etapa de transición nuevos caracteres. Las razones hay que buscarlas en la nueva coyuntura política. Con la «apertura» ideológica -no «cambio», sino reforma- las cortapisas de la dictadura se vinieron abajo con la liquidación del franquismo que brindó enseguida el nuevo partido gubernamental (UCD) apoyado por la Monarquía. Y el primer presidente de la democracia, Adolfo Suárez, desmontó el Movimiento Nacional, llevando a cabo la transición sin ruptura, pacíficamente. Asimismo, el cine español cogió por primera vez el tren de la «modernidad», que no se concretó sólo en temas de libertad política sino que las salas comerciales fueron invadidas por la moda del cine erótico. La censura también desapareció por esas fechas, con el Real Decreto del 11 de noviembre de 1977.

CRISIS ECONÓMICA.- Durante el período del Gobierno de Unión de Centro Democrático, el cine español fue afectado por la crisis de nuestra economía. La industria cinematográfica nacional, compuesta por pequeños empresarios, se descapitalizó. Además, el Fondo de Protección del Estado aún adeudaba a los productores cantidades considerables y, ante tal situación, algunas multinacionales norteamericanas suspendieron las inversiones en el cine español que, a fines de 1978, sufría un desempleo del 80 por ciento. Con todo, la producción aumentó progresivamente durante estos primeros años: en 1976 se realizaron 108 largometrajes y en 1977, 113; descendió en 1978, que alcanzó la cifra global de 105, y entró en picado en 1979, con 72 películas, aumentando al final de la década, con 98 cintas en 1980.

Entre los filmes que ponían en tela de juicio a la España reciente, destacan El desencanto (1976), de Jaime Chávarri, y Asignatura pendiente (1977), de José Luis Garci. Pero enseguida Franco y la revisión histórica de la Guerra Civil fueron vapuleados por los cineastas de la transición: desde Basilio Martín Patino, con Caudillo (1977) hasta Raza, el espíritu de Franco, de Gonzalo Herralde, y Camada negra, de Manuel Gutiérrez Aragón (ambas del 77); mientras la contienda bélica mostraba la perspectiva de los perdedores en Las largas vacaciones del 36 (1976) y La vieja memoria (1977), de Jaime Camino. Las autonomías se despertaron con filmes en lengua vernácula. Cataluña con La ciudad quemada (1976), de Antoni Ribas, o Companys, proceso a Cataluña (1979), de Josep Maria Forn. El País Vasco saltó a las pantallas con dos títulos de 1979 prácticamente al servicio de ETA: El proceso de Burgos, de Imanol Uribe; y Operación Ogro, del italiano Gillo Pontecorvo.

Por otra parte, dos veteranos resurgieron con filmes «comprometidos»: El puente (1977) y Siete días de enero (1979), de Juan Antonio Bardem, y La escopeta nacional (1978), de Luis G. Berlanga, que encabezó una trilogía; y Carlos Saura abandonaba su subrepticia denuncia al régimen dictatorial en cintas no directamente políticas, como Elisa, vida mía (1976). En esta etapa de afirmación democrática aparecieron nuevos nombres: Pilar Miró, con El crimen de Cuenca (1979); Fernando Colomo, con Tigres de papel (1977); Fernando Trueba, con Ópera prima (1979) y Pedro Almodóvar, con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), máximos representantes de la «movida» madrileña.

A pesar de los diversos enfoques, es posible destacar ciertas líneas comunes en el cine español de la transición. En cuanto a la voluntad de expresión, se advirtió un deseo de revisar y desmitificar la Dictadura franquista; pero su crítica no se limitaba a la política, sino que se extendía a la religión, la moral, la familia... que aparecieron como estructuras ligadas a un tiempo pasado y ya superado. En el plano estético, la mayoría acusaría cierto desequilibrio por incoherencia entre lo que quería decir y la forma de contarlo; mientras que la madurez creadora de otros resultó pretenciosa o se empañaba con fáciles concesiones eróticas o violentas de claro signo comercial.

SÍMBOLOS Y CLAVES.- Por último, junto a esa falta de coherencia estético-expresiva, la dificultad de comunicación entre cineastas y espectadores se complicaría con un exceso de símbolos y claves críticas, que a veces se agravaba por una cerrazón ideológica agobiante. De ahí que el público no respondiera la mayoría de las veces y, cuando lo hacía, se inclinaba por los filmes de más bajo nivel intelectual aderezados con los reclamos al uso.

Con el frustrado golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 se cierra un período histórico en España, que aún tuvo su culmen con el primer Oscar de Hollywood para el cine español: Volver a empezar (1982), de José Luis Garci. Comenzaba entonces la primera época socialista y acababa la difícil transición a la democracia.


(Publicado en ABCD las Artes y las Letras, 21-IV-2007).

jueves, marzo 01, 2007

GLOSA A LOS OSCARS

La 79 edición de los preciados galardones de la Academia de Hollywood ha optado más por lo “políticamente correcto”


El triunfo de Martin Scorsese, uno de los más discutidos maestros del cine americano, ha confirmado que los miembros de la Meca del Cine continúan premiándose a sí mismos. Con 19 candidaturas latinas –un récord en la historia de los Oscar–, Hollywood no se ha atrevido a decantarse del todo por las películas ni los cineastas hispanos

La nominada Babel, del mexicano Alejandro González Iñárritu, ha sido la gran derrotada: sólo una estatuilla dorada –a la Mejor música original (Gustavo Santaolalla)–, mientras que la menos innovadora Infiltrados de Scorsese –una pieza menor en su filmografía, aunque se nota que sabe hacer cine de veras– se ha llevado los principales galardones.

En el apartado a la Mejor película de habla no inglesa tampoco ha triunfado la más lograda El laberinto del fauno, del también mexicano Guillermo del Toro –aunque es una coproducción con España–; en cambio, esta película ha ganado merecidamente tres Oscars: Mejores fotografía (Guillermo Navarro), Dirección artística (Eugenio Caballero y Pilar Revuelta) y Maquillaje (a los catalanes David Martí y Montse Ribé, segundos premiados de esta nacionalidad; pues el primero fue el cameraman barcelonés Néstor Almendros, por Días del cielo, en 1978). Sin embargo, los académicos se han decantado por la ópera prima del alemán Florian Henckel von Donnersmarck, La vida de los otros, una contundente denuncia a la stasi, la policía secreta de la RDA, de triste memoria.

Pero en el más preciado apartado de las estrellas, un veterano actor de afronorteamericano, Forest Whitaker, se impondría a los galanes de Hollywood por su papel como el dictador Idi Amin Dada en El último rey de Escocia; mientras que nuestra compatriota Penélope Cruz sería derrotada –como era de esperar– por la también veterana Helen Mirren, por su magistral interpretación de la reina de Inglaterra en The Queen (a quien rindió un sentido homenaje en la ceremonia). Francamente, la última “chica Almodóvar” de Volver tuvo que conformarse con lucir su figura y el esplendoroso vestido.

La gala fue larga pero brillante –más profesional y menos pesada que la de los Goya de la Academia Española–, y el maestro italiano Ennio Morricone –injustamente olvidado por la vieja Meca del Cine– al final sería reconocido como compositor de antológicas bandas sonoras.

Con todo, este año triunfó lo “políticamente correcto” –como se evidenciaría en el referido discurso de la Mirren, con su homenaje a Isabel de Inglaterra (quien ya le ha invitado a tomar el té en el palacio de Buckinham), o en el discreto premio a Cartas desde Iwo Jima, del gran Clint Eastwood (Mejor montaje de sonido); a la vez que la magistral tríada de la penúltima hornada de Hollywood –Francis Coppola, Steven Spielberg y George Lucas–, junto a Jack Nicholson, arropó a su amigo Martin Scorsese en su doble galardón. El autor de Toro salvaje y El aviador –otras seis veces nominado– no se podía jubilar sin la preciada estatuilla.
(Publicado en www.cinemanet.info, 4-III-2007).

jueves, febrero 01, 2007

PELÍCULAS RECOMENDADAS (6)



Otra nueva relación de filmes, que recomiendo para un público amplio. Como en las cinco anteriores listas, las películas señaladas con un asterisco (*) pueden gustar más especialmente a espectadores de Tercera edad.

Entre paréntesis, sigo indicando los títulos que gustarán primordialmente a los cinéfilos. Los clásicos pertenecen esta vez a los géneros de ciencia-ficción y fantástico-terror.



Estrenos:

- Apocalypto (cinéfilos)
- Banderas de nuestros padres*
- Bobby (cinéfilos)
- Cartas desde Iwo Jima*
- El coronel Macià*
- Days of Glory (cinéfilos)
- Diamante de sangre
- Disparando a perros*
- En busca de la felicidad*
- El gran silencio*
- Luces al atardecer (cinéfilos)
- Mía Sarah
- Natividad*
- Rocky Balboa
- El último show (cinéfilos)
- El truco final (cinéfilos)
- Zodiac

Clásicos:

- A.I. Inteligencia Artificial (cinéfilos)
- Alien, el octavo pasajero
- Blade Runner (cinéfilos)
- El doctor Frankenstein*
- 2001: Una odisea del espacio
- Drácula*
- Encuentros en la Tercera Fase
- Fahrenheit 451*
- La guerra de las galaxias
- La guerra de los mundos
- Harry Potter y la piedra filosofal
- La invasión de los ultracuerpos (cinéfilos)
- King Kong
- Mars Attacks! (cinéfilos)
- Matrix
- La mujer pantera (cinéfilos)
- Los Otros*
- Los pájaros*
- El planeta de los simios*
- La profecía*
- Psicosis
- El sexto sentido
- Star Trek. La conquista del espacio
- Superman
- Terminator 2. El juicio final
- Tiburón*

Nota: Para el Día del Libro 2007 se publica mi anunciada Guía del espectador del cine (Madrid: Alianza, 2007, 314 págs., 7,50 €), donde aparecen comentadas todas estas películas y otros títulos -hasta 250- por géneros.

martes, diciembre 19, 2006

"MÍA SARAH", UN COMEDIA ROMÁNTICA CON GENIO



Su joven autor, Gustavo Ron, posee un estilo propio que bebe en las fuentes de los grandes clásicos

Sí, de original cabría calificar a Mía Sarah (2006), la insólita ópera prima de este nuevo realizador, que debuta en el largometraje con una propuesta audaz, contracorriente en el cine español actual. Es más, este primer largometraje destila poesía, surrealismo y magia, valores ausentes en las pantallas de la generación fílmica del nuevo siglo.

Nacido en Madrid (1972), pero formado en Barcelona, Gustavo Ron se licenció en Producción, Guión y Dirección en la famosa London International Film School hace una década. Allí aprendió el oficio –pues llevaba celuloide en la sangre– y comenzó a colaborar en tareas de producción y guión en películas españolas, francesas, alemanas y americanas. Al mismo tiempo, realizó tres cortometrajes: Confuso (1996), Mi tipo de chica (1997) y Por un beso (1998), que ya demostraron su valía como autor. Después, entre otros trabajos –pues también cultiva la composición musical y la poesía–, llegaría la dirección del documental Venancio Blanco, el Vihuelista de Navalcarnero (2004), hasta que consiguió la confianza de dos productores gallegos: Andrés Barbé (Formato) y Julio Fernández (Filmax). Y en el año 2005 se lanzaría finalmente al plató.

Me ha sorprendido muy positivamente este film. En primer lugar, por su tono optimista –el público sale de la sala feliz–, donde un sano pero no ingenuo sentido del humor preside todo el relato. Seguidamente, por su cuidada puesta en escena. Gustavo Ron sabe cine de veras; compone las escenas con sumo cuidado y gran sensibilidad artística, además de lograr secuencias de enorme emotividad sin caer en el sentimentalismo ni en la concesión a la galería. Sobrio pero estimulante, divertido y lírico a la vez, este joven cineasta ha escrito con Edmon Roch un guión donde no sobra ni falta un plano, con unos diálogos bien medidos –cosa nada habitual en el cine español–, con una banda sonora de excepción –poco habitual en el cine español– y un diseño de producción –la ambientación y el vestuario también son de primera–, que se concreta en una planificación en cinemascope donde el colorido asimismo tiene un sentido dramático y hasta simbólico.

Con todo, la película no se queda en la mera estética; va muchos más allá. Veamos, si no, cómo la valoraría el exigente crítico Jerónimo José Martín, presidente del Círculo de Escritores Cinematográficos y profesor de la ECAM:

"Cuesta un poco entrar en el audaz realismo mágico que propone Gustavo Ron. Pero, una vez dentro, se disfruta con pasión, tanto por su factura como por su fondo. Este último desarrolla un atractivo entramado de amores generosos, sutilmente abiertos a la trascendencia y cimentados en el respeto hacia la íntegra dignidad de los demás, sin reduccionismos hedonistas. Esto se articula en un guión abigarrado y en un riguroso trabajo de Ron como director de cámara y de actores. En la primera faceta, destaca su planificación esmerada y sustancial, en la que saca partido a la dirección artística, la fotografía y la música, todas ellas de alta calidad. Y, en cuanto a los actores, resultan especialmente chispeantes Diana Palazón, el joven Manuel Lozano y los inmensos Fernando Fernán Gómez y Phyllipa Law. Pero quizá el mérito mayor lo tiene Verónica Sánchez y Daniel Guzmán, que llenan de autenticidad su descarada trama romántica".

Rodada en Coruña, Betanzos y Londres, Mía Sarah posee reminiscencias de viejos maestros, como Ernst Lubitch, Frank Capra, Leo McCarey, Vittorio de Sica, Gene Kelly & Stanley Donen (Cantando bajo la lluvia), o de jóvenes como Alfonso Cuarón (La princesita), aunque con la personalidad propia de su autor. Un cineasta que está también genial –como ha quedado evidenciado por el comentario de mi colega– en la dirección de sus intérpretes, todos en “estado de gracia”; pues, desde la referida pareja protagonista, el simpático Daniel Guzmán y la encantadora Verónica Sánchez (muy a lo Amélie), hasta el magistral Fernán Gómez –me consta le gustó mucho el guión y por eso aceptó ese importante papel secundario–, nada chirría en el brillante reparto.

No obstante, constatemos la voluntad de expresión de su joven autor: "Mía Sarah es un homenaje a todos los que en algún momento de su vida han sentido la necesidad de contar sus historias, y lo han hecho; un homenaje al espíritu de los grandes abuelos que siempre tenían una historia original en su manga; un homenaje a los hombres y mujeres de espíritu burlón, aquellos que caminan por la vida de la mano del sentido del humor. Pero Mía Sarah es, sobre todo, una película dedicada a todos aquellos capaces de superar cualquier obstáculo para conseguir lo que aman".

De ahí que el giro narrativo y la sorpresa final –no entendida por algunos críticos, quienes la han tachado de “blanca” y que no presenta ningún “malo”– hagan de Mía Sarah una de las películas más innovadoras y atrevidas de ese Joven Cine Español del que tanto estamos necesitados para una renovación de nuestras pantallas comerciales. Ahora falta que el gran público –popular e intelectual– responda favorablemente a la genial propuesta de Gustavo Ron. De momento, apunten su nombre.

(Publicado en www.universitaties.net, 28-XII-2006; y en inglés, en www.us.imdb.com, 31-XII-2006).

sábado, octubre 14, 2006

"EL VIENTO QUE AGITA LA CEBADA"



La última película de Ken Loach habla de la Guerra Civil irlandesa


Pocos meses antes que una comisión independiente certificara que el IRA había abandonado el terrorismo y que el premier británico Tony Blair afirmara que se abría la puerta a un acuerdo de paz definitivo en el Ulster, Ken Loach ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes 2006 con su última película “comprometida”, derrotando allí a los favoritos Pedro Almodóvar (Volver) y Alejandro González Iñárritu (Babel).

El polémico Loach (1936) ha vuelto al tema del IRA (Agenda oculta, 1990) con una obra artística de gran valor histórico y rabiosa actualidad política. Si ayer trató con bastante tino sobre la Guerra Civil española (Tierra y libertad, 1995), hoy habla del eterno conflicto fratricida en Irlanda, acometiendo con menos parcialidad la Guerra Civil (1922-1923) que se dio en ese sufrido país tras la firma del Tratado de Autonomía (6 de diciembre de 1921).

Ambientada entre los años 1919 y 1923, recrea el drama personal de dos hermanos de origen campesino –miembros del llamado Ejército Republicano Irlandés–, que luchan primero unidos en la guerra de independencia contra Inglaterra, para después enfrentarse en un conflicto bélico entre facciones nacionalistas fraternas, que acabará con el fusilamiento del más intelectual –médico– por el otro hermano militante. El título del filme, The Wind that Shakes the Barley, alude a un verso de una canción del siglo XIX compuesta por Robert Dwyer Joyce, que cantaban en momentos especiales los activistas del IRA o sus simpatizantes.

Como ya ocurrió con la citada Hidden Agenda, en su estreno británico, El viento que agita la cebada fue también atacada por un sector de la crítica oficial: “¿Por qué Ken Loach odia tanto a su país?”, tituló el Daily Mail; mientras The Sun afirmaba que “era la película más pro-IRA jamás filmada”. Más contundente estuvo el crítico del Times de Londres, Tim Luckhurts, que la tachó como “una venenosa perversión antibritánica de la historia de la guerra de la independencia irlandesa”, comparando a sus autores con Leni Riefenstahl.

Ante tales desproporcionados juicios, Loach se defendería así en una entrevista concedida a El Mundo (15-IX-2006). Ésta es la respuesta al periodista Javier Estrada al preguntarle por la opinión de sus detractores: "Supongo que se refiere a los ataques lanzados por la derecha británica más radical, en los que me llegaron a comparar con el nazismo. ¡Si hasta dijeron que había disfrutado promocionando mi película sobre la alfombra roja de Cannes! En serio, si un amigo o conocido mío me dijera esas frases tan terribles, me dolería. Pero que tu enemigo abuse verbalmente de ti puede ser algo hasta positivo. Que tanto Paul Laverty (guionista en este filme) como yo cuestionemos dos hechos fundamentales para ellos. Primero, que el Imperio Británico no fuese una institución de caridad que se paseaba por el globo ayudando a la gente pobre. Y lo segundo, que el problema de Irlanda se derive de la colonización británica, y no de dos bandos irreconciliables porque sí. Parece que si dices esas dos cosas muchos se molestan".

La verdad es que, al contrario del maniqueísmo habitual en otras películas, Ken Loach está aquí muy comedido en sus juicios. Incluso muestra por dentro la división del IRA; ese grupo paramilitar republicano –nacido como Irish Republican Army en 1916, tras la célebre sublevación de Pascua–, que fue evolucionando hacia acciones nacionalistas de carácter terrorista y que después se dividió en diversas facciones, y el cual (como se evidencia en una secuencia del filme) tuvo también planteamientos claramente socialistas.

Por eso, Loach no escatima los excesos de uno y otro bando, sin abusar en la violencia explícita, en un país donde política y familia se confunden, donde ideología y creencias religiosas marcan la vida de unos seres que son capaces de morir y matar por sus convicciones, respondiendo cada cual a su conciencia.

Según Paul Laverty, los personajes de Damien y Teddy se inspiran en buena parte en personas reales y en anécdotas auténticas, al igual que las situaciones de ficción se asemejan a famosos sucesos que ya pertenecen al legado histórico del conflicto angloirlandés.

Lástima, con todo, que los autores del filme –el familiar binomio Loach-Laverty– no ofrezcan un contexto histórico más amplio, reduciendo el conflicto a unas humillantes escenas de opresión por los soldados ingleses y a los antecedentes de la Guerra Civil irlandesa con un noticiario de la época; ya que el discutido Tratado de Autonomía que llevó a ese enfrentamiento entre hermanos (me refiero ahora a todo el país) tuvo unos orígenes que no se explica bien en la película y le restará enteros o una mejor comprensión entre un público no especializado. (Vid., en este sentido, los recientes libros de O’BIERNE RANELAGH, J. Historia de Irlanda, Madrid: Cambridge University Press, 1999; y CAPARRÓS LERA, J. M. La cuestión irlandesa y el IRA: una visión a través del cine, Valladolid: Fancy, 2003, donde incluso reproduzco el juramento de compromiso que sale en el filme, que arrancaría del movimiento de la Joven Irlanda, de aquellos que emigraron durante la Gran Hambruna del siglo XVIII).

Aun así, Ken Loach manifestaría en la referida entrevista, publicada tras su Gran Premio en Cannes: "Entender la Historia es algo esencial. Hay quien dice que quien controla el pasado tiene la llave del presente. (...) En realidad, hay mucha gente que, aun sin ser miembros del IRA, puede contar historias sobre dicha organización".

No estamos, pues, ante una película militante de partido, sino más bien ante una obra de reconstitución histórica, que puede molestar por su lucidez de enfoque a tirios y troyanos. Además, obliga a reflexionar al espectador sobre las consecuencias tanto del colonialismo opresor como del nacionalismo más radical. Y no sólo en Gran Bretaña e Irlanda, sino en otras latitudes mucho más cercanas.

El total desarme del IRA, que ha comenzado a desmantelar sus estructuras y dar de baja a sus miembros –tras la entrega de armas de los años 2001 y 2002–, afirmando que aceptan la vía democrática iniciada por su brazo político (el Sinn Fein y su denodado presidente, Gerry Adams), presenta un panorama bastante optimista que este importante filme de Ken Loach ayuda a rememorar. Y, además, es un ejemplo a seguir –insisto– por otros partidos, grupos nacionalistas o terroristas, autonomías, gobiernos y estados europeos.

(Publicado en FILMHISTORIA Online, vol. 3, núm. 3, 2006 y www.cinemanet.info, 8-XI-2006).

lunes, octubre 02, 2006

PELÍCULAS RECOMENDADAS (5)



Nueva relación de filmes, que recomiendo para un público amplio. Como en las dos anteriores listas, las películas señaladas con un asterisco (*) pueden gustar más especialmente a espectadores de Tercera edad.

He añadido, entre paréntesis y sólo en las cintas de estreno, los títulos que gustarán primordialmente a los cinéfilos.


Estrenos:

- Copying Beethoven*
- El diablo viste de Prada
- Hijos de los hombres
- La joven del agua (cinéfilos)
- El laberinto del fauno
- El perro mongol (cinéfilos)
- Scoop (cinéfilos)
- The Queen (La reina)*
- El tigre y la nieve*
- United 93
- El viento que agita la cebada
- World Trade Center*


Clásicos:

- El apartamento*
- Aquellos chalados en sus locos cacharros*
- Arsénico por compasión*
- ¡Bienvenido, Míster Marshall!*
- Bola de fuego*
- La carrera del siglo*
- Charada*
- La costilla de Adán*
- En el estanque dorado*
- La fiera de mi niña*
- Genoveva*
- Good Bye, Lenin!
- El gran dictador*
- La gran juerga*
- El guateque
- Los hermanos Marx en el Oeste*
- Historias de Filadelfia*
- El hombre tranquilo*
- Juan Nadie*
- Luna nueva*
- El maquinista de la General*
- Mi tío
- Misterioso asesinato en Manhattan
- Ninotchka*
- Una noche en la Ópera*
- La Pantera Rosa
- El profesor chiflado
- La quimera del oro*
- La rosa púrpura de El Cairo
- Ser o no ser*
- Sucedió una noche*
- ¿Teléfono rojo?: Volamos hacia Moscú
- Tiempos modernos*
- El verdugo